Los repasadores privados rescatan a la escuela pública en Cuba

"Pensé que ya íbamos a tener que cerrar la escuelita pero los alumnos empezaron a preguntar si no podía ocuparme de los repasos y así lo he hecho"

Por un costo de 300 pesos al mes, el estudiante tiene al menos cuatro clases grupales y una hora extra de atención personalizada. (Ministerio de Educación)
Por un costo de 300 pesos al mes, el estudiante tiene al menos cuatro clases grupales y una hora extra de atención personalizada. (Ministerio de Educación)

Aunque Liván estudió en la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona en La Habana, su labor como repasador se la debe a su padre. "Terminé mi servicio social hace unos años y me di cuenta de que no quería seguir vinculado a una escuela estatal", relata a 14ymedio. "Mi padre llevaba más de 20 años repasando para las pruebas de ingreso y empecé ayudándolo".

Liván, que cuenta con licencia de repasador, comenzó colaborando con su padre en imprimir la bibliografía, revisar algunas tareas de los estudiantes y cobrar el pago. Pero a mediados de 2021, el viejo repasador murió víctima de covid-19. "Pensé que ya íbamos a tener que cerrar la escuelita pero los alumnos empezaron a preguntar si no podía ocuparme de los repasos y así lo he hecho".

Con una vivienda cercana al preuniversitario Manolito Aguiar en Marianao, Liván tiene un grupo de diez alumnos que van una vez a la semana para preparar el examen de matemáticas de acceso a la enseñanza superior. "Acaban de pasar las pruebas, por eso ahora estoy en una pausa, pero estoy feliz porque todos mis estudiantes aprobaron con buenas calificaciones".

Liván heredó de su padre muchos contactos en el sistema educativo oficial y, además, prepara sus clases enfocadas en las pruebas de ingreso de años anteriores. "Repaso sobre la base del contenido que ha salido en estos exámenes pero también tengo que llenar muchas lagunas de conocimientos que traen. Las peores áreas con las que llegan hasta aquí son la geometría y el trabajo con fracciones".

"Repaso sobre la base del contenido que ha salido en estos exámenes pero también tengo que llenar muchas lagunas de conocimientos que traen"

Por un costo de 300 pesos al mes, el estudiante tiene al menos cuatro clases grupales y una hora extra de atención personalizada. "Aunque ahora todo está digitalizado, también brindo el servicio de imprimir parte del contenido y de exámenes de prueba para que el alumno se entrene. Es importante trabajar no solo las matemáticas, sino también la seguridad y la concentración. Simulo que están frente a la prueba de ingreso".

"Los propios profesores de los muchachos me mandan a decir en qué necesitan más ayuda. Tengo buenas relaciones con ellos y trato de no cuestionar lo que hacen, porque sé muy bien lo que es estar en un aula y cargar además con un montón de papeleo y un sueldo que no merece la pena", reconoce.

"Lo primero que le digo a los estudiantes que llegan nuevos es que aquí no es como en su escuela. Aquí sí hay que estudiar y yo no les voy a regalar ninguna nota. En sus manos está lograr, de una sola vez, una carrera universitaria que les guste o tener que prepararse un año más para las pruebas de ingreso". Liván ya tiene completa la matrícula para el próximo grupo que comienza en enero. "No doy abasto, he tenido que decir que no a los que me han llegado en los últimos días".

Su evaluación: "Estos últimos son los peores alumnos que he tenido en mucho tiempo. La pandemia hizo mucho daño, pero aquí hay problemas más profundos. Me llegan estudiantes que ni siquiera saben multiplicar, están en 12 grado del preuniversitario y tampoco saben dividir. Muy lamentable".

"Los propios profesores de los muchachos me mandan a decir en qué necesitan más ayuda"

La directora de la escuela donde Angélica trabaja como maestra fue categórica hace unos meses: "Todos los estudiantes tienen que pasar de grado estén como estén". Los argumentos esgrimidos por los funcionarios del Ministerio de Educación que visitaron unos días antes el centro escolar apuntaban a que "nadie tiene culpa de la pandemia y no podemos arrastrar tantos repitentes porque no aprendieron el contenido por el confinamiento de tantos meses".

Ángelica conversó con los padres de algunos estudiantes para repasarlos luego del horario escolar en su casa. "Por la mañana le daba clases en el aula y por la tarde les reafirmaba el contenido con ejercicios y preguntas", detalla a este diario. "Aunque al final tuve que aprobar a todos los alumnos, supieran o no supieran, al menos los que tenían repasadores aprendieron algo".

En su caso, no tiene planes de dejar su vínculo laboral en una escuela estatal. "No me lo he planteado pero me siento mucho más cómoda trabajando de forma particular porque voy a mi ritmo, puedo ser más exigente con los estudiantes y se portan mucho mejor. Cuando están pagando por un repaso no se les ocurre estar perdiendo el tiempo en risitas ni jueguitos".

Después de muchos años acusando a los repasadores particulares de ser una amenaza para la enseñanza "absolutamente gratuita" de Cuba y mantenerlos en la ilegalidad hasta que en 2013 permitieron que obtuvieran una licencia de trabajo por cuenta propia, ahora la prensa oficial admite que es casi imposible acceder a la universidad sin antes acudir a varias sesiones de repaso.

"Aunque al final tuve que aprobar a todos los alumnos, supieran o no supieran, al menos los que tenían repasadores aprendieron algo"

La reivindicación llega tarde para los que antes fueron "violadores de la ley", como reconoció este martes el diario Escambray, pero señala un hecho claro: la calidad del sistema educativo cubano es insuficiente, las lagunas de los estudiantes son cada vez mayores y un proceso docente satisfactorio depende, más que nunca, del dinero que pueda pagar la familia.

Antes de su salida de la "clandestinidad" en 2013, "no pocos se negaron de plano a gastar su dinero en estos 'aprovechados' e incluso algunos promovieron una cruzada o especie de cacería de brujas", señala Escambray.

Después de dar por sentada la necesidad de los repasadores, el periódico expone que su trabajo lleva, aunque de manera indirecta, a una "desigualdad entre los muchachos". El aprendizaje debería ser "una responsabilidad de la escuela", pero ante las deficiencias institucionales se recurre al repasador, cuya actividad –en la práctica– no se limita a apoyar los contenidos, sino que también hace tareas, facilita los trabajos extraclases y acomoda al alumno según sus necesidades.

Además, es necesario distinguir los repasadores de asignaturas habituales –generalmente Matemáticas, Español e Historia– y aquellos que preparan al estudiante para exámenes de aptitud, como los necesarios para matricular en las escuelas de arte, el Instituto Superior de Diseño Industrial o las carreras que exigen requerimientos especiales, como Periodismo o Relaciones Internacionales.

Desacreditar sistemáticamente al sector es difícil, pues, como admite Escambray, los repasadores son habitualmente los más " prestigiosos educadores del territorio". Maestros jubilados o profesores que necesitan una entrada adicional de dinero han encontrado en este trabajo el aliciente económico que el Ministerio de Educación, que siempre paga tarde y con bajos salarios, les niega.

Sin ambages, el diario enumera problemas ya antiguos: "claustros incompletos, algunos maestros y profesores sin los más elementales conocimientos sobre las materias que imparten, pérdida de tiempo en los planteles, falta de organización en los procesos, desinterés y desmotivación en no pocos docentes, dogmas en los exámenes y un largo etcétera que no excluye alguna que otra turbiedad fraudulenta y corrupta".

Uno de los comentaristas acusó al texto de ser "falta de respeto" al sistema educativo cubano, y espetó que los jóvenes espirituanos no necesitan el servicio de repaso

"Escurrir los bolsillos" parece ser la única solución, lamenta el texto, pero es evidente que, en la crisis económica que vive Cuba, muchas familias deben escoger "entre pagar a un repasador o los gastos elementales del hogar".

El reportaje publicado por el órgano del Partido Comunista en Sancti Spíritus levantó una áspera polémica entre los lectores. Uno de los comentaristas acusó al texto de ser "falta de respeto" al sistema educativo cubano, y espetó que los jóvenes espirituanos no necesitan el servicio de repaso. Los que lo han hecho, opina, "pierden su tiempo".

Un lector señaló que, después de la comida, la deficiente educación de los hijos es el "tema principal" de las conversaciones familiares en Cuba. Mientras que Gualterio Núñez, otro comentarista, expuso que hay muchos gastos educativos que el Estado "no contempla ni subvenciona".

Además de asegurar que en cualquier país el "apoyo de maestros privados a la enseñanza" es normal, lamentó que cuando Cuba se normalice los ciudadanos se percatarán de la importancia que hubiera tenido, para el desarrollo del país, el acceso a una educación completa y de calidad.

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