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Salvar nuestra ciudad

Detalles arquitectónicos de La Habana (Foto Silvia Corbelle)
Fernando Dámaso

16 de noviembre 2014 - 07:00

La Habana/Hoy se cumplen 495 años de que fuera fundada la villa de San Cristóbal de La Habana, después convertida en ciudad y capital de la República de Cuba. En estos casi cinco siglos, La Habana se desarrolló, amplió, modernizó y se convirtió en una de las ciudades más bellas de América Latina y, según algunos, del mundo.

Este proceso natural fue interrumpido durante los últimos cincuenta y seis años por una política errónea de las autoridades gubernamentales, donde se construyó muy poco, mayoritariamente de mala calidad y peor gusto estético, y no se dieron los mantenimientos necesarios ni se ejecutaron reparaciones, perdiéndose muchas edificaciones importantes, comercios y viviendas.

La celebración, como en años anteriores, se centrará en el casco histórico de la ciudad, la denominada Habana Vieja, la cual, sin restar importancia a lo que en ella han realizado el Historiador de la Ciudad y sus colaboradores, principalmente con las donaciones de gobiernos, organismos e instituciones extranjeras, no es toda la ciudad.

Desde hace algún tiempo recorro la Habana Vieja en busca de información sobre las edificaciones existentes en ella, así como sobre sus diferentes dueños y su utilización en las distintas épocas y he comprobado que de la misma sólo se ha podido rescatar un por ciento muy reducido.

la mayoría de las calles y aceras se encuentran en estado deplorable, con vertimiento de residuales, sucias e insalubres, y las edificaciones en ruinas o en estado de ruina

Si se exceptúan las pocas calles y edificaciones reconstruidas, así como algunas plazas, todas en función principalmente del turismo, la mayoría de las calles y aceras se encuentran en estado deplorable, con vertimiento de residuales, sucias e insalubres, y las edificaciones en ruinas o en estado de ruina, convertidas en ciudadelas o en espacios vacíos, donde antes existieron importantes comercios de todo tipo y viviendas.

Esta situación, que no es exclusiva de la Habana Vieja, se extiende a Centro Habana, El Cerro, Diez de Octubre y hasta El Vedado y otros lugares, lo cual ha hecho que también se multiplique el hacinamiento poblacional en condiciones infrahumanas, que ha influido en la generalización de las indisciplinas sociales y de la violencia callejera.

Lo poco que se ha rescatado y se continúa rescatando, si no se le da el mantenimiento adecuado ni se le hacen reparaciones a tiempo, volverá a perderse. Ya está sucediendo: edificaciones reconstruidas hace algunos años, han tenido que ser sometidas a nuevas reparaciones y algunas se encuentran cerradas esperando por ellas. El Historiador de la Ciudad carece de los recursos necesarios para ello y, cuando ha entregado edificaciones reconstruidas a organismos o instituciones estatales, como éstos tampoco cuentan con recursos, se ven imposibilitados de hacerlo.

En estos tiempos en que se apuesta por la inversión extranjera como tabla de salvación para la economía cubana, incapaz de resolver por sí misma sus agudos y acumulados problemas, considero que una forma viable de salvar a la Habana Vieja y a la ciudad, sería autorizar la inversión privada nacional y extranjera en los inmuebles que, por su valor histórico o patrimonial, lo merezcan, así como la construcción de nuevas edificaciones en los espacios vacíos o donde sólo existen ruinas.

No estoy planteando ningún tipo de entrega en usufructo sino en propiedad, con todos los deberes y derechos que ella conlleva. Está más que demostrado que la apropiación de todos los inmuebles realizada por el Estado fue un enorme error y ya va siendo hora de corregirlo, so pena de que se pierdan la Habana Vieja y la ciudad.

Cuando se entregue un inmueble en propiedad, mediante venta, aparte del cumplimiento de las regulaciones urbanísticas establecidas, deberán agregarse las exigencias de tipo arquitectónico, artísticas y otras, con el objetivo de, independientemente del uso al que se destine, mantener su valor patrimonial en caso de que lo posea.

Estas últimas exigencias se establecerán sólo para aquellos inmuebles que sea importante preservar, ya que no todos tienen la misma importancia ni tampoco todo puede ni debe ser preservado. Esta tal vez sea la forma de, en plazos relativamente cortos, salvar la Habana Vieja y otros lugares de la ciudad, así como ciudades y pueblos de otras provincias. La forma hasta ahora utilizada, sin dejar de reconocer lo realizado, no puede, ni desde el punto de vista económico ni de la fuerza de trabajo, revertir la pérdida acelerada de la riqueza arquitectónica del país, la cual se produce a ritmos más rápidos que los de las acciones emprendidas: es mucho más lo que se pierde cada día que lo que se rescata. Para comprobarlo, sólo basta con recorrer las calles de nuestras ciudades y puebles, dejando de lado las pocas reparadas con fines turísticos.

Sólo la iniciativa privada, materializada en la inversión nacional y extranjera, como está más que demostrado en todo el mundo, y se demuestra cada día en Cuba en los pequeños espacios en que se le ha permitido actuar, podrá resolver este problema. Sin ella es una tarea imposible.

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