En Sancti Spíritus las autoridades garantizan los ataúdes para todos los municipios
Escasez
“Hoy disponemos de unos 30 sarcófagos de reserva”, asegura la empresa estatal para tranquilizar a la población, traumatizada por las deficiencias de ese sector durante la pandemia de covid y el brote de arbovirosis
Madrid/El fantasma de la escasez ante la muerte vuelve a la Isla. Como ya ocurrió en la crisis del covid-19, por el repentino aumento de fallecimientos, la emergencia energética que vive Cuba pone en jaque un elemento tan sensible como la fabricación y distribución de ataúdes. Ante esta situación, la Empresa de Producciones Varias (Emprova) en Sancti Spíritus ha optado por descentralizar la fabricación para que los municipios no dependan de la escasez de combustible
“En estos momentos, Fomento elabora los suyos y los de Cabaiguán; Trinidad y Yaguajay, los suyos; Jatibonico, los propios y los de La Sierpe; Sancti Spíritus hace los que se necesitan en sus predios y los de Taguasco”, señala una nota publicada este lunes en el medio oficial Escambray. La experiencia inicial se basa en lo aprendido en la pandemia, cuando se empezaron a hacer féretros en Trinidad y en la carpintería de Sancti Spíritus.
En estos momentos, Fomento elabora los suyos y los de Cabaiguán; Trinidad y Yaguajay, los suyos; Jatibonico, los propios y los de La Sierpe; Sancti Spíritus hace los que se necesitan en sus predios y los de Taguasco”
El director de la empresa estatal, Alberto Rodríguez, dijo al diario que la mera fabricación también sufre problemas graves que están pudiendo resolverse gracias a los privados. “Antes todo entraba por asignación nacional para la fabricación de los ataúdes y hoy solo llega el tejido y la madera, lo demás tenemos que buscarlo con proveedores particulares, por ejemplo, las puntillas de diferentes medidas”, dijo.
No es el único inconveniente, porque la empresa forestal necesita energía para aserrar madera, lo que provoca demoras. “Pero se ha asumido este tema con bastante responsabilidad –dice, sin más aclaración–. Hoy disponemos de unos 30 sarcófagos de reserva, sin contar las producciones diarias que van saliendo”, tranquiliza.
Durante la pandemia, la escasez de materiales llevó a diversificar la producción de muy distintas formas. Una de las más llamativas fue la proliferación de féretros blancos, por la falta de tela negra, como aseguraron varios empleados de funerarias en distintos puntos de la Isla a este diario.
La empresa estatal de Servicios Comunales tuvo que buscar todo tipo de productos, incluyendo la madera y el cartón o el vestido de tela, provocando el disgusto entre los familiares en un momento tan delicado. "Era una armadura de mala madera, forrada en tela y el fondo de un cartón muy fino, teníamos miedo de que se nos cayera el cadáver", contó la hermana de un fallecido entonces. “En cuanto lo bajaron a la fosa se abrió por una esquina, fue una imagen terrible".
La situación llevó a buscar soluciones como la de negociar con una empresa mexicana, Industrias VEQ, la compra de ecoataúdes, que se producen a un precio muy inferior al tradicional de madera. "Con inversión nacional y materia prima derivada de productos Tetra Pak de leche, jugos y puré, el EcoAtaúd ya está en el mercado a nivel nacional y los empresarios han iniciado conversaciones con empresarios funerarios de Cuba, Honduras y Guatemala para su exportación en los próximos meses", contó su directivo a la prensa local.
El pasado año, con el repunte de infecciones por arbovirosis también la escasez hizo de las suyas con la muerte. La falta de carros fúnebres –un bien ya de por sí muy escaso en la Isla– hizo que hubiera que recurrir a transportes de empresas estatales para trasladar a fallecidos, dejando ver a los familiares llorosos tras vehículos de Etecsa, una imagen tan chocante como dolorosa.
El pasado diciembre, el presidente Miguel Díaz-Canel presentó los nuevos vehículos eléctricos para los servicios necrológicos, anunciados el pasado julio por el ministro del Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila, que precisó que el Gobierno tenía previsto adquirir al menos 120 unidades. De ellas, 50 debían ser para La Habana y 50 para otras cinco provincias: 20 a Santiago de Cuba, 10 a Holguín y fuera a Camagüey y cinco a Villa Clara y a Ciego de Ávila.