Los Supertanqueros están de nuevo en el horizonte de Matanzas, aunque sin funcionar
Cuba
Cuatro años después del incendio, las autoridades siguen sin dar explicaciones sobre las circunstancias de la muerte de 17 bomberos y jóvenes reclutas
Matanzas/Este 6 de agosto se cumplen cuatro años de la explosión que sorprendió a bomberos, trabajadores y jóvenes reclutas en la Base de Supertanqueros, mientras el Gobierno todavía no ha explicado quién los mantuvo tan cerca del fuego ni ha logrado devolver completamente a la instalación la capacidad que tenía antes del desastre.
Las nuevas estructuras metálicas ya dominan otra vez el paisaje industrial de la bahía, pero no hay constancia pública de que los cuatro depósitos estén conectados, certificados y en explotación. Tampoco está claro con qué combustible podrían llenarse. Cuba reconstruye espacio para almacenar unos 200.000 metros cúbicos de hidrocarburos en el momento en que ha perdido todos sus suministros y ni los rusos se aventuran a concretar nuevos envíos.
El siniestro comenzó en la tarde del 5 de agosto de 2022, cuando un rayo alcanzó el tanque 52, que contenía unos 26.000 metros cúbicos de crudo nacional. Durante la madrugada, las llamas se propagaron hasta un segundo depósito. Cerca de las cinco de la mañana del día 6, una violenta explosión alcanzó a los equipos que trabajaban en las inmediaciones.
La columna de humo negro pudo verse desde decenas de kilómetros y llegó hasta La Habana. Durante cinco días, las explosiones y el fuego consumieron cuatro de los ocho grandes tanques de la terminal, cada uno con capacidad para 50.000 metros cúbicos. Estados Unidos dio asesoría técnica, mientras México y Venezuela enviaron especialistas, bomberos, espuma y equipamiento para ayudar a controlar el que las propias autoridades calificaron como el mayor incendio industrial de la historia cubana.
Medicina Legal recuperó cientos de pequeños fragmentos óseos, pero el deterioro provocado por las temperaturas impidió identificar individualmente los restos
El balance oficial quedó fijado en 17 fallecidos y 129 lesionados que sobrevivieron y fueron dados de alta. Entre los muertos había bomberos profesionales, trabajadores civiles y varios jóvenes que cumplían el Servicio Militar Obligatorio en unidades de prevención y extinción de incendios. La presencia de reclutas sin experiencia suficiente en una zona de extremo peligro provocó fuertes críticas de sus familiares y de la sociedad civil.
Catorce de las víctimas desaparecieron durante la explosión del segundo tanque. Medicina Legal recuperó cientos de pequeños fragmentos óseos, pero el deterioro provocado por las temperaturas impidió identificar individualmente los restos. Sus nombres se establecieron a partir de las dotaciones presentes, los testimonios y los registros de quienes habían sido enviados al lugar.
El Gobierno ha dedicado desde entonces actos, monumentos y discursos a los “caídos en el cumplimiento del deber”, pero no ha publicado una investigación integral sobre la cadena de decisiones de aquella madrugada. Tampoco se conoce quién ordenó mantener a los jóvenes cerca de los depósitos, si existía un protocolo de evacuación ante el riesgo de explosión o si algún responsable fue sancionado.
Las autoridades atribuyeron el origen del fuego a una descarga eléctrica, pero nunca difundieron un peritaje completo que explicara por qué el sistema de protección no logró impedir el impacto, qué estado técnico tenía el tanque o si funcionaban correctamente las redes contra incendios.
Venezuela había tenido un papel central en el desarrollo original de la terminal, pero desapareció de los reportes oficiales sobre las nuevas obras
Tras retirar los escombros, la Base siguió recibiendo y distribuyendo combustibles mediante otros cuatro tanques de tamaño inferior que no fueron afectados. La terminal, por tanto, no ha permanecido cerrada durante estos años. Sin embargo, su capacidad quedó reducida a la mitad en medio de la peor crisis energética que ha padecido el país desde los años 90.
La reposición de los depósitos ha avanzado con retrasos y poca transparencia. El primero, identificado como tanque 88, comenzó a levantarse con fuerzas cubanas. En julio de 2025 se encontraba al 60% y, dos meses después, la prensa oficial reconoció que la obra arrastraba demoras debido a problemas con la soldadura.
Los otros tres depósitos –el 49-1, el 86 y el 87– quedaron en manos de trabajadores chinos. Una empresa del país asiático, cuyo nombre no ha sido revelado, comenzó las labores el 18 de marzo de 2025 y aportó materiales, operarios y tecnología. En septiembre de ese año, los trabajos se encontraban al 41%, 35% y 32%, respectivamente. Wang Zhitao, presentado únicamente como gerente del proyecto por la parte china, aseguró entonces que su equipo había preparado los materiales antes de viajar a la Isla.
La participación de Pekín desplazó en la práctica a Venezuela, cuyo mandatario, Nicolás Maduro, había prometido inmediatamente después del incendio apoyo técnico, científico y de ingeniería para reconstruir la instalación. Caracas había tenido un papel central en el desarrollo original de la terminal, pero desapareció de los reportes oficiales sobre las nuevas obras.
¿De dónde saldrá el combustible necesario para aprovechar una capacidad de almacenamiento que ronda los 200.000 metros cúbicos?
El contrato con la empresa china permanece rodeado de incógnitas. No se sabe cuánto cuesta la inversión, quién la financia ni si se trata de un crédito, una donación o un acuerdo comercial con la estatal Unión Cuba-Petróleo (Cupet). Tampoco se ha especificado si los chinos son responsables únicamente del montaje de los depósitos o también de las tuberías, la automatización y los sistemas de seguridad.
En septiembre de 2025, los responsables del proyecto prometieron terminar el montaje de los cuatro tanques durante el primer semestre de 2026. No obstante, en abril de este año la prensa oficial todavía describía la reconstrucción como en su “fase final” y Cupet informaba de trabajos de soldadura y pintura en uno de los depósitos. La inversión incluía, además, 14 objetos de obra: interconexiones, viales, cercas, redes eléctricas, automatización y sistemas contra incendios.
Antes de recibir combustible, los tanques deben superar pruebas hidráulicas y de hermeticidad, comprobar el funcionamiento de sus membranas flotantes, recibir tratamiento anticorrosivo y conectarse a las redes de trasiego, electricidad y extinción de incendios. Las autoridades no han anunciado públicamente la conclusión de esos procesos ni la entrada en servicio de los cuatro depósitos.
Este miércoles, durante el homenaje celebrado en la Base, la prensa provincial volvió a recordar a los fallecidos, pero no ofreció un balance de las obras ni informó si alguno de los nuevos tanques ya almacena combustible. El silencio resulta especialmente llamativo en el cuarto aniversario, una ocasión que las autoridades habrían aprovechado para exhibir la recuperación definitiva del complejo.
Cuba podría incluso reconstruir los tanques, ampliar los diques y modernizar los sistemas contra incendios, pero ¿de dónde saldrá el combustible necesario para aprovechar una capacidad de almacenamiento que ronda los 200.000 metros cúbicos? Lo que ya no puede recuperarse son las 17 vidas de quienes nunca debieron ser obligados a permanecer allí.