APOYO
Para ayudar a 14ymedio

El viaje más difícil de médicos y enfermeras comienza cuando termina la guardia

Cuba

La crisis del transporte y los apagones convierten el regreso a casa en otro turno de resistencia para el personal sanitario de Matanzas

La guagua destinada a trasladar al personal sanitario hasta diferentes municipios de la provincia debería haber recogido ya a los trabajadores de los hospitales Materno, Pediátrico y Faustino Pérez. Sin embargo, nadie sabe cuándo llegará. / 14ymedio
Julio César Contreras

18 de julio 2026 - 07:04

Matanzas/A las 10:30 de la mañana, el sol ya aprieta sobre el barrio de Versalles y la sombra de un frondoso árbol se convierte en la sala de espera más concurrida del sistema de Salud Pública en Matanzas. Allí, sobre un muro de concreto, médicos, enfermeras y técnicos descansan con la misma postura de quien lleva demasiado tiempo despierto. Algunos se han quitado los zapatos para aliviar los pies hinchados después de 24 horas de guardia. Otros sostienen el teléfono móvil con la esperanza de recibir noticias sobre una guagua que debía haber salido hace rato y que, una vez más, no aparece.

Las batas blancas siguen puestas, pero ya no son símbolo de autoridad médica sino de agotamiento.

La guagua destinada a trasladar al personal sanitario hasta diferentes municipios de la provincia debería haber recogido ya a los trabajadores de los hospitales Materno, Pediátrico y Faustino Pérez. Sin embargo, nadie sabe cuándo llegará. La escena se repite con tanta frecuencia que pocos se sorprenden. Solo cambia el nivel de cansancio acumulado.

El retraso es “un relajo” que ocurre prácticamente todas las semanas y del que las autoridades parecen haberse acostumbrado a desentenderse

Maricela, enfermera con 31 años de experiencia, observa el reloj con una mezcla de resignación e indignación. Dice que el retraso es “un relajo” que ocurre prácticamente todas las semanas y del que las autoridades parecen haberse acostumbrado a desentenderse.

“Con la situación tan crítica que tiene el transporte, esta es la única manera de resolver para quienes dependemos de un salario. Estoy al pedir el traslado para el Policlínico de Jovellanos, porque con esta incertidumbre de si pasa o no pasa la guagua es imposible trabajar”, comenta a 14ymedio. En su rostro todavía se adivinan las horas sin dormir.

A su alrededor, las conversaciones giran sobre el mismo tema. No hablan de diagnósticos ni de pacientes, sino de horarios incumplidos, recorridos interminables y promesas rotas. Una enfermera revisa distraídamente una mochila llena de pertenencias; otra se abanica con una carpeta amarilla mientras calcula cuánto tardará en llegar a casa.

“Los trabajadores del Materno nunca sabemos en qué momento de la mañana saldremos de aquí. Esto es a cuenta y riesgo”, resume Maricela. Para muchos, el problema no termina cuando finalmente aparece el ómnibus. Un médico que realiza dos veces por semana el recorrido hasta Limonar asegura que la travesía se ha convertido en un auténtico viacrucis.

"Hoy mismo, si la guagua no viene dentro de un rato, tendré que ir para la piquera de las máquinas en la terminal. Son 2.000 pesos hasta Jagüey Grande, una cifra que no puedo pagar varias veces con mi sueldo". / 14ymedio

“En los propios hospitales ya hay personas de la calle que, sin ningún pudor, hacen el recorrido cómodamente sentadas, mientras los supuestos beneficiarios del servicio tenemos que ir de pie, apretados como sardinas”, relata. Según explica, el vehículo hace paradas durante todo el camino para recoger pasajeros particulares que pagan directamente a los conductores.

“Va recogiendo a todo el que encuentra, con mochila, con sacos o con mercancía. Lo suyo es echarse el dinero en el bolsillo, sin importarle que la contratación entre Salud Pública y Ómnibus Transmetro fue para resolvernos una necesidad, no para crear más problemas”, denuncia.

Cuando logra subir, sabe que probablemente hará buena parte del viaje junto a la puerta, rodeado de jabas y bultos que otros pasajeros transportan para vender en comunidades rurales.

Las roturas, la escasez de combustible y los apagones afectan el funcionamiento del transporte estatal y terminan extendiendo la jornada laboral mucho más allá del horario oficial. Después de una noche atendiendo partos, emergencias pediátricas o pacientes graves, muchos sanitarios deben invertir varias horas adicionales simplemente en regresar a sus hogares o estar dispuestos a pagar a un particular que los traslade.

Ni siquiera Elena, reconocida enfermera que acumula tres misiones internacionalistas, consigue ocultar el desánimo y la indignación que le causa la crisis del transporte.

“Después de una jornada llena de carencias, tampoco tenemos un transporte seguro para volver a nuestros pueblos. Eso es lo mínimo que debería garantizar el Gobierno”

“Voy a hacer todo lo posible por quedarme con una sola guardia al mes cuya salida no sea ni lunes ni viernes, porque son los días más complicados para que nos pongan el transporte”, asegura. Explica que muchos profesionales de municipios alejados ya no quieren trabajar en los hospitales provinciales precisamente por la incertidumbre del regreso.

“Después de una jornada llena de carencias, tampoco tenemos un transporte seguro para volver a nuestros pueblos. Eso es lo mínimo que debería garantizar el Gobierno”.

Su vocación, admite, se ha ido desgastando a fuerza de esperar.

Más de una vez ha pensado en pedir la baja y buscar cualquier otra ocupación que le permita ganar más dinero y vivir con menos frustraciones.

Siempre lleva efectivo en la cartera por si debe recurrir a un transporte privado. “Gracias a mi esposo, que es cuentapropista”, aclara.

“Hoy mismo, si la guagua no viene dentro de un rato, tendré que ir para la piquera de las máquinas en la terminal. Son 2.000 pesos hasta Jagüey Grande, una cifra que no puedo pagar varias veces con mi sueldo. Si lo hago, ¿cómo llego al final del mes?”.

La pregunta queda suspendida bajo los árboles de Versalles. Nadie responde. Quizás porque todos conocen la respuesta. Es la misma que ha llevado a tantos médicos y enfermeros a guardar definitivamente la bata blanca, cansados no solo de las carencias dentro de los hospitales, sino también de seguir esperando, semana tras semana, una guagua que casi nunca llega a tiempo.

No hay comentarios
Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último