Leñadores al trono de la Serie Nacional de Béisbol

Con cuatro victorias y una derrota en la final, el equipo de Las Tunas acaba de debutar en la cumbre de la pelota cubana 

Los campeones de Las Tunas ya tienen que empezar a prepararse para ir a pelear la Serie del Caribe en Barquisimeto. (Granma/Ricardo López Hevia)
Los campeones de Las Tunas ya tienen que empezar a prepararse para ir a pelear la Serie del Caribe en Barquisimeto. (Granma/Ricardo López Hevia)

Con cuatro victorias y una derrota en la final, el equipo de Las Tunas acaba de debutar en la cumbre de la pelota cubana ante unos Leopardos anaranjados que ni dieron ni pidieron tregua, que ganaron 9-4 el tercer choque y perdieron 13-6 el primero, 8-4 el segundo, 7-5 el cuarto y 8-4 el quinto y último.

Después de imponerse en su estadio Mella, los Leñadores llegaron a un Sandino donde el público pesó en la derrota. Tras el comienzo del duelo, Freddy Asiel Álvarez-Yoanni Yera y una entrada en la que los tuneros le hicieron cuatro carreras al abridor naranja, este supo auto relevarse y los suyos hicieron una remontada para la historia. Luego el remate de Pablo Guillén, ponchando a seis de los diez hombres que enfrentó, selló el triunfo.

El segundo partido en Santa Clara fue eminentemente táctico, de muchas emociones y de decisiones polémicas

El segundo partido en Santa Clara fue eminentemente táctico, de muchas emociones y de decisiones polémicas. Abrieron Alaín Sánchez y Leandro Martínez y de nuevo los Leopardos se batieron duro, pero el candado de Yudier Rodríguez y Yoelkis Cruz -estos grandes abridores convertidos por sabia decisión en grandes cerradores- permitió el éxito que puso a los de casa a punto de mate.

Ese último duelo en el Sandino fue digno de la gran final. Si los Leopardos abrieron mordiendo rápido, los Leñadores usaron ese método letal que se ha convertido en su sello: las remontadas épicas cada vez que el rival se va encima. El héroe del juego, Jorge Johnson, definió el triunfo impulsando en el séptimo para marcador 5-4, pero, por si acaso, en el noveno dio el batazo del campeonato, jonrón de tres rayas. Aunque amenazó con bases llenas y un out, Villa Clara no pudo más.

De nuevo brilló en el cierre el veterano de 39 años Yoelkis Cruz -que participó en cinco éxitos y salvó cuatro partidos- y la victoria fue para Yadián Martínez, que se anotó los dos últimos triunfos tuneros.

Aunque con su oro Las Tunas cumplió el pronóstico de muchísimos a lo largo de la temporada, también rompió la supuesta maldición de que el puntero en la clasificatoria nunca gana por fin el campeonato. De cualquier manera, esta corona es el mayor éxito deportivo colectivo en los 42 años de historia de la provincia.

A eso apuntaba el equipo-familia del maestro Pablo Civil desde que salió al terreno el 9 de agosto a luchar cada juego como si fuera el decisivo, cohesionado y funcional en todo, veloz y potente, donde hasta el último hombre podía ser el primero, sin improvisación, con un corazón llamado Danel Castro ("¡Sin Danel no hay campeonato!", coreaba desde el principio la afición tunera) y un capitán como Yosvani Alarcón.

El bateador designado, con tantos años como su provincia, estaba gozoso: "Esto es grande, grande. Fui campeón con Villa Cara, pero con Las Tunas es otra cosa. Era lo que estaba soñando para mi carrera deportiva. Ahora a disfrutar, y ya veremos el año que viene qué sucede. Pensaré en si me retiro o no".

Por su parte, los Azucareros regresaron con su mascota leopardo a la élite de la pelota cubana, mejorando con medalla de plata el octavo lugar que alcanzaron en la serie anterior

Por su parte, los Azucareros regresaron con su mascota leopardo a la élite de la pelota cubana, mejorando con medalla de plata el octavo lugar que alcanzaron en la serie anterior y consiguiendo así su décimo subtítulo en el clásico nacional. Eduardo Paret no pudo hacer mejor debut. Sancti Spíritus, bronce, merece los más repetidos elogios.

Si bien las estadísticas hablan, no explican suficientemente esta corona de Las Tunas. Aunque el éxito se veía venir quizás desde 2017, está basado en un trabajo muy largo, paciente y concentrado, que comenzó desde antes de Pablo Civil y su excelente cuerpo de preparadores físicos. Baste solo recordar a Ermidelio Urrutia, que jugó con ellos, los dirigió luego y hoy también se siente feliz con este laurel.

A lo largo del camino de regreso a su tierra, los Leñadores han sido vitoreados por multitudes admiradas, incluso por sus recién derrotados rivales villaclareños y avileños. En Camagüey, por supuesto, fue grande la celebración, pues de allí son Dariel Góngora y Alexander Ayala, dos de los artífices del triunfo. En Las Tunas, por supuesto, quién sabe hasta cuándo va a durar el jolgorio y la locura.

Pero los atletas no pueden gozar mucho, pues, tras un breve descanso, tienen que empezar a prepararse para ir a pelear la Serie del Caribe en Barquisimeto, Venezuela, entre el 2 y el 8 de febrero, ante Puerto Rico, México, República Dominicana y los anfitriones. Algunos tienen esperanzas de que Las Tunas, reforzada con otros buenos jugadores del campeonato, ayude en esta ocasión a elevar la autoestima del deprimido béisbol nacional.

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