Bobby Fischer y Mijaíl Tal, dos rivales por encima de ideologías

Ajedrez

El estadounidense y el soviético compartían un lenguaje común, el ajedrez, y se reconocieron como iguales en talento y pasión por el juego

Tal recordaría siempre que Fischer era un hombre capaz de gestos nobles y sensibilidad sincera
Tal recordaría siempre que Fischer era un hombre capaz de gestos nobles y sensibilidad sincera / CC
Jorge L. León

29 de noviembre 2025 - 14:19

Houston/El Torneo de Candidatos de Curazao 1962 es recordado como uno de los certámenes más tensos y polémicos del ajedrez del siglo XX. Reunía a ocho de los mejores jugadores del mundo en un cuadrangular cuádruple de 28 rondas, un formato extenuante en el que la fatiga física y nerviosa se acumulaba de forma brutal.

Bobby Fischer, con solo 19 años, entró en el torneo con aspiraciones legítimas. Su fuerza era ya evidente: cálculo profundo, precisión quirúrgica y un instinto competitivo incomparable. Pero el ambiente no era sencillo. Fischer detectó —y luego denunció públicamente— un comportamiento coordinado entre los jugadores soviéticos, quienes acostumbraban a pactar tablas rápidas entre ellos, reservando energía para combatir a los no soviéticos. Este señalamiento sería más tarde corroborado por figuras como Korchnoi y Bronstein.

Sin embargo, más allá de polémicas, lo que era visible para todos era el nivel de talento reunido. Uno de esos colosos era Mijaíl Tal, campeón mundial en 1960, considerado uno de los jugadores más creativos y brillantes de la historia. Su salud, no obstante, era frágil: Tal sufría de problemas renales crónicos que en ocasiones se agudizaban de forma súbita. Durante el torneo, su condición se deterioró. Tuvo que retirarse antes de completar las rondas programadas y ser hospitalizado en Curazao, hecho recogido por múltiples fuentes soviéticas y occidentales.

Lo que era visible para todos era el nivel de talento reunido

En ese contexto de competencia feroz, tensiones políticas y presiones psicológicas extremas, ocurrió un hecho que aún hoy es citado como uno de los gestos más genuinamente nobles en la historia del ajedrez moderno.

Bobby Fischer fue el único jugador que visitó a Mijaíl Tal en el hospital.

Este episodio está documentado en declaraciones del propio Tal, testimonios de su entonces esposa Sally Landau, memorias de jugadores presentes como Pal Benko y biografías de Fischer basadas en fuentes primarias.

Fischer llegó al hospital con un pequeño tablero portátil. Se sentó junto a Tal y comenzaron a analizar posiciones. No hablaban de política, ni de disputas por el título, ni de las controversias del torneo. Hablaban de ajedrez, como dos genios que compartían un lenguaje común.

Las versiones coinciden en que Tal, aun enfermo, mostró su característica sonrisa y se entusiasmó al analizar líneas tácticas con Fischer. Fischer, por su parte, mostró una humanidad pocas veces resaltada frente a la figura pública polémica que el tiempo se encargó de amplificar.

La escena era simple: Tal en cama, debilitado; Fischer a su lado, serio y concentrado; entre ambos, un tablero y una amistad nacida del respeto mutuo, este gesto destaca aún más si se toma en cuenta el clima político de la época. Fischer era conocido por su creciente desconfianza hacia el bloque soviético, al que acusaba —con argumentos que serían confirmados después— de actuar como un equipo. Pero esa crítica jamás la dirigió hacia Tal. Con Tal, Fischer mantuvo siempre una relación de respeto, camaradería y admiración. Lo mismo ocurriría después con Spassky.

Tal, aun enfermo, mostró su característica sonrisa y se entusiasmó al analizar líneas tácticas con Fischer

La relación entre Fischer y Tal no fue constante ni estrecha, pero sí auténtica. Se respetaban profundamente. Tal admiraba el talento prodigioso y la honestidad brutal de Fischer. Fischer admiraba la creatividad táctica y la genialidad espontánea de Tal.

En Curazao 1962, mientras el torneo se hundía en controversias, ambos protagonizaron el capítulo más humano del evento: dos rivales que, por encima de ideologías, sistemas políticos y tensiones profesionales, se reconocieron como iguales en talento y pasión por el juego.

Años después, Tal recordaría ese episodio con afecto, destacando siempre que Fischer, más allá de su carácter difícil, era un hombre capaz de gestos nobles y sensibilidad sincera.

Curazao 1962 es recordado por su dureza, sus polémicas y su importancia en la carrera de varios gigantes del tablero. Pero también es recordado por un instante luminoso: la visita de Fischer a Tal, el día en que la genialidad se encontró con la humanidad.

Ese gesto, tan simple en apariencia, es uno de los más citados en la historia moderna del ajedrez, no porque cambiara el resultado del torneo, sino porque reveló el corazón detrás de dos de los mayores talentos que el ajedrez haya conocido.

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