"La necesidad básica de ser feliz en Cuba es un lujo"
Entrevista
Abraham Echevarría reparte por todos los rincones de La Habana la frase “Necesitas ser feliz”, la más reciente, en las ruinas del ISDi
La Habana/Madrid/En paredes desconchadas aquí y allí, en una columna de la calle Reina y Galiano, en los puntales de un edificio a punto de caerse, a la entrada de una librería, en un cesto de basura en el boulevard San Rafael, en la calle San Lázaro, en la puerta de unos almacenes abandonados de la calle Infanta, en unos multicines cerrados, en un kiosco de Metrotaxi, en el hueco de unos cajeros automáticos destruidos en la calle Obispo que sirven de dormitorio a los mendigos, en el cristal de una Oficoda en Carlos III, y más allá del centro de la ciudad, en El Vedado, en un viejo comercio en ruinas en la calle 19, a lo largo de 23, en un poste de luz junto a una venduta ilegal frente a la fantasmal Torre K, en la pared de una escuela esquina G, en la esquina con J, en las escaleras de la cafetería El Carmelo. En todos estos lugares, y en muchos otros “incontables” –ni siquiera recuerda el número–, incluido Matanzas, Pinar del Río, Sancti Spíritus, Villa Clara, Camagüey e incluso Panamá– ha dejado el grafitero Abraham Echevarría su huella a lo largo de los últimos años. Tres sencillas palabras, escritas normalmente en negro, pero a veces también en otro color, con una cuidada caligrafía, que sale al paso del transeúnte cuando menos lo espera y le devuelve la sonrisa: “Necesitas ser feliz”.
La más reciente puede verse en el resto de un muro que formó parte del Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDi), reducido a escombros el mes pasado y convertido, enseguida, en una suerte de cantera ilegal de materiales de construcción. ¿Por qué esa frase? ¿Por qué esos lugares? ¿Qué movió a este artista y fotógrafo de 28 años, nacido en Bauta (La Habana) y licenciado en Historia, para llevar a cabo esta iniciativa? Vía mensajes de audio, Echevarría responde a 14ymedio.
Pregunta. ¿Por qué escogió el ISDi?
Respuesta. Porque es un lugar seguro, a nadie le molesta, no me van a ir a buscar por haber pintado ahí. Más allá de eso, también me interesa porque es un lugar que va desapareciendo poco a poco y la Escuela de Diseño derrumbada es un símbolo. Un símbolo de derrumbe, de caída, de descomposición, de carroña. En ese sentido, poner la frase ahí hace que de pronto si desaparece, se va a convertir en polvo de piedra para la casa de alguien. Hay una frase de Carlos Marx que hace rato estoy pensando: “el pueblo siente el castigo, pero no ve el crimen”... Mi frase se ha convertido poco a poco en un plumón de estos amarillos para resaltar en los libros. La idea es ir destacando los obstáculos que puede haber para la felicidad. Para mí el ISDi se ha convertido en eso, en cierta manera. La Universidad de La Habana está parada. Supuestamente están trabajando fuera de ella, pero eso es mentira. La universidad está parada y eso es una locura en la historia de Cuba, y nadie se acuerda de eso. Yo he vivido de cerca el ISDi porque vivo por aquí y paso bastante por delante, y he visto todo el proceso, desde que lo declararon inhabitable hasta que empezó a entrar la gente, hasta que se llevaron los marcos, se llevaron las vigas cuando se cayó. Es un símbolo importante de la caída, algo se está cayendo aquí, ya incluso literalmente. [Hace una mínima pausa, y sigue sin que se le interrumpa] No sé si el Gobierno se va a caer realmente, no lo creo. Creo que van a encontrar sus formas de negociar como pasó en Venezuela, como pasa en todos lados. Aquí ya nadie se cae, todo el mundo negocia, esos ideales de antes, hasta la última gota de sangre, eso es mentira, aquí todo el mundo va a negociar y va a armar su película.
P. ¿Lo pintó de día o de noche?
R. De día, pintar de noche es un riesgo, porque entonces me estaría escondiendo de algo. Yo siempre pinto de día, y casi todo el mundo pinta de día. Yo no estoy escondiéndome de nada, ni estoy escribiendo nada para lo que tenga que ocultarme. Todo el mundo entiende que estoy hablando de otras cosas, ni siquiera estoy hablando de política. Claramente también hablo de política, porque “necesitas ser feliz” por supuesto se refiere a la felicidad humana y todo lo que le afecte o influya en ella entra dentro de ese discurso –es un discurso infinito–, pero la política en sí no es mi tema. “Necesitas ser feliz” no habla de una cosa concreta, es un espejo donde la gente se ve, donde la gente puede ver cuáles son los obstáculos que en su vida le están impidiendo ser feliz.
P. ¿Ha recibido comentarios de la gente?
R. Sí, claro, la gente me contacta, me cuenta su vida, me agradece. Me he encontrado desde profesores de la universidad que están deprimidos porque su vida no tiene sentido y de pronto se sienten animados, hasta personas que estaban yendo a su cita con la Seguridad del Estado y vieron el cartel por el camino y eso les dio fuerza. Personas que me han hablado de intentos de suicidio y que han visto la frase y han decidido no hacerlo, que han recuperado las ganas de vivir después de ver la frase. Personas que me han hablado que han salido del clóset, que se han reconciliado con su mamá… Cuando la gente me conoce en persona, me agradece. Pero no todo el mundo conoce o ve la frase. La gente también está con sus anteojeras puestas, y a pesar de que está en muchos lugares no todo el mundo la ve, no todo el mundo le dedica su tiempo. Porque lleva un tiempo mínimo. La mayoría de los que no la ven andan en carro; yo escribo en la calle, para la gente que está sudando abajo del perro sol. Escribo para todo el mundo, pero más para esa gente.
P. Además de este grafiti, ¿ha hecho otros tipos de grafitis, con mensajes diferentes?
R. Empecé haciendo otro tipo de grafiti, en los que escogía una frase de la jerga popular, le concedía un objeto y lo representaba como si fuera propaganda de los años 20. Yo estudié historia en la universidad, y mi conclusión de estudiante fue que en Cuba hay una crisis de identidad central, de siempre, y ese es uno de los problemas más grandes que hay. Mi objetivo en aquel momento fue intentar aportar un poco al fortalecimiento de esa identidad a través del arte y del trabajo en las calles, y escogí la jerga como elemento genuino de la cubanía, y objetos muy propios de la Isla, para intentar revitalizar esa identidad que yo veía en crisis. En principio mi proyecto también era hacer pulóveres y gorras y cosas que la gente pudiera utilizar en su vida cotidiana, pero esa parte nunca llegó, por tema de dinero.
Después de un proceso de crisis con Cuba, con la sociedad, con la gente, con el Gobierno, con los propios círculos culturales de La Habana, decidí quedarme solo con esta frase, limitarme a tener una función social y espiritual en la ciudad. Al otro proyecto dejé de verle sentido y me parecía que era un sobreesfuerzo sin resultados. Como mismo hay gente que no ve el “necesitas ser feliz”, imagínate otra frase más complicada con un dibujo. Me quedé con esas tres palabras, además con una tipografía escogida como para ser reconocida de lejos y también activar ahí el inconsciente, porque es la caligrafía que nos enseñan en las escuelas. Yo no escribo así. Está escogido con una estética que resalte, que sea inevitable, para que quien pasee la vista por ahí lo reconozca al momento y llame mucho la atención.
P. ¿Cuándo empezó a escribir este mensaje?
R. Las primeras las hice como en 2018 o 2019, era una de las tantas frases. Me quedé solo con ello hace como cuatro o cinco años. Ocupar el espacio público es una responsabilidad importante, y más con el riesgo político que eso supone en Cuba, que te pueden catalogar de estar haciendo propaganda contrarrevolucionaria y no sé qué. Si lo voy a hacer, tengo que hacerlo porque realmente vaya a valer la pena, y para mí esta frase lo vale, más allá de cualquier necesidad estética. No es solamente un dibujo, “ay, qué bonito”, sino que la gente puede sacar un fruto de ahí. También me permite mi rango de defensa frente a cualquier situación con la Seguridad del Estado, que por supuesto las he tenido, y por eso es importante que quede claro esto: yo no estoy hablando del Gobierno cubano, no estoy hablando de los dirigentes cubanos, no estoy hablando del bloqueo ni de Estados Unidos, sino de una necesidad humana básica. La necesidad humana básica esa, que es la felicidad, en Cuba está en riesgo constante, incluso puede parecer un lujo. Los cubanos que leen esta frase, claro, piensan cómo voy a ser feliz hoy, pero es una frase que igualmente impacta a gente de todos los países del mundo. Si yo saliera de Cuba, seguiría pintándola. Tal vez haría otras frases también, pero yo seguiría escribiendo eso, porque creo que habla de la humanidad, de la necesidades básica humana, y es como el principio de la realización, buscar esa felicidad, que no estamos hablando por supuesto de ir a Disneylandia ni de tener un carro, sino otra cosa. Pero eso es otra entrevista, es una pregunta que no está aquí.