"El sector turístico cubano necesita un renacimiento con cambios profundos"
Entrevista
Según una estimación oficial, el resultado neto de esa industria para el país representa apenas un 20% de los ingresos anuales brutos
Madrid/Paolo Spadoni es uno de los mayores expertos en turismo cubano a nivel internacional. Profesor asociado en el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Augusta, Georgia, es coautor –junto con el cubano José Luis Perelló Cabrera– de The Cuban Tourism Industry: Evolution, Challenges, and Prospects (Bloomsbury Academic, 2025). Especialista en uno de los escasos sectores en los que Cuba sigue estando a la vanguardia –aunque solo sea en el imaginario colectivo–, pocas personas mejor que él para hablar del principal activo (y atractivo) de la Isla. El profesor señala las debilidades y márgenes de mejora del sector y no le teme a la polémica cuando afirma que difiere de quienes han considerado que las inversiones en esa industria han sido desproporcionadas. Invita a mirarlo con otra perspectiva: dejarlo todo listo para un cambio de escenario que hoy considera cercano.
Pregunta. Usted ha considerado, en un artículo publicado recientemente, que el turismo podría ser clave para un acuerdo negociado con la Administración estadounidense, ¿hasta qué punto considera que es factible? ¿De qué manera se podría materializar un acuerdo conforme a la legislación de cada país?
Respuesta. Si medidas extremas por parte de Estados Unidos, como una acción militar, pasan a un segundo plano frente al pragmatismo y consideraciones éticas (es realmente cruel que la Administración de Trump utilice el sufrimiento humano como herramienta para fomentar un cambio político en Cuba), un acuerdo negociado con Cuba que involucre al turismo podría ser viable.
La legislación cubana como tal no constituye un gran obstáculo porque permite la inversión extranjera en casi todos los sectores de la economía cubana y ahora también en los negocios privados, aunque un posible problema podría ser la implementación efectiva de las normas existentes, como ya ocurrió en el pasado.
Los beneficios económicos para las empresas estadounidenses serían significativos e inmediatos
Desde la perspectiva estadounidense, tal como hizo Obama con las telecomunicaciones durante el acercamiento con La Habana, Trump podría flexibilizar las restricciones a los viajes desde Estados Unidos hacia la Isla y eximir al sector turismo de la prohibición codificada sobre las inversiones directas estadounidenses en Cuba, permitiendo que empresas estadounidenses asuman contratos de administración de hoteles cubanos (especialmente los de la corporación Gaviota, perteneciente al conglomerado empresarial militar Gaesa), los arrienden o adquieran participaciones accionarias de control.
Los beneficios económicos para las empresas estadounidenses, en particular las cadenas hoteleras, las aerolíneas, las plataformas de alquiler de viviendas y reservas hoteleras, y eventualmente las líneas de cruceros, serían significativos e inmediatos. En 2017, históricamente el mejor año para el turismo cubano, con casi 4,7 millones de visitantes internacionales y 3.300 millones de dólares en ingresos, más de un millón de estadounidenses (incluidos los cubanoamericanos) visitaron la Isla a pesar de la prohibición de las actividades turísticas, que hasta el día de hoy sigue codificada en la legislación estadounidense.
Cabe señalar que Gaviota, que ha dominado el mercado turístico cubano durante los últimos 21 años, prácticamente no tiene empresas mixtas hoteleras y, bajo presión de la Administración de Trump, podría terminar reemplazando a las cadenas hoteleras españolas, canadienses, y de otros países por estadounidenses en varios de sus contratos de administración. Por supuesto, cadenas líderes como Meliá, Royalton, Iberostar, Barceló y otras aún podrían competir en Cuba, como lo hacen en otros países del Caribe, pero el hecho de que, salvo en unos pocos casos, no tengan participaciones accionarias en los hoteles cubanos las hace vulnerables a la terminación de contratos.
Las corporaciones turísticas estatales, principalmente Cubanacán y Gran Caribe, tenían alrededor de 5.000 habitaciones hoteleras bajo empresas mixtas con firmas extranjeras a comienzos de los años 2000, pero esa cifra ha permanecido casi sin cambios desde entonces, a medida que Gaviota asumió el control de los proyectos hoteleros en la Isla.
P. Los cubanos tienen la percepción de que el Gobierno ha invertido excesivas cantidades de dinero en turismo y, de hecho, son muchos los economistas que consideran que ese porcentaje –que ha rozado incluso el 40% en algunos de los últimos años– estaba injustificado. ¿Usted lo ve de la misma manera? ¿Cómo podría “reciclarse” el sector turístico en el futuro, dado que ya está muy desarrollada la infraestructura hotelera?
R. Aunque las críticas son justificadas, quienes denuncian las inversiones excesivas y desproporcionadas de Cuba en la construcción de hoteles en medio de una aguda crisis económica no logran comprender la verdadera naturaleza de esas inversiones. La ola de construcción hotelera impulsada por Gaviota, especialmente la edificación de varios hoteles de lujo emblemáticos, puede entenderse como parte de la estrategia del Ejército cubano de realizar inversiones inmobiliarias en las mejores ubicaciones de La Habana y del resto de Cuba para acumular riqueza propia y obtener ganancias en caso de que se produzcan cambios políticos (y económicos) importantes e inesperados, un escenario que ahora parece estar acercándose.
Debe subrayarse que tiene una gran cantidad de habitaciones fuera de servicio o en muy malas condiciones
En cuanto a la capacidad hotelera de Cuba, que parece bastante desarrollada en términos del número de habitaciones existentes, debe subrayarse que tiene una gran cantidad de habitaciones fuera de servicio o en muy malas condiciones y que ha dedicado muchos más esfuerzos a construir nuevos hoteles que a reparar las instalaciones ya existentes.
Solo para dar una idea de la magnitud del problema, a finales de 2018 más de 12.000 de las habitaciones hoteleras existentes en Cuba (unas 70.000) no estaban disponibles para su uso, siendo La Habana la ciudad con el mayor número de ellas, y es razonable asumir que la situación no ha mejorado mucho desde entonces. Además, las cadenas hoteleras extranjeras tienen pocos incentivos para utilizar su capital en modernizar los hoteles que administran en Cuba, porque no son de su propiedad. Como resultado, muchos hoteles cubanos no han podido mantenerse al día con las labores de mantenimiento y se han deteriorado rápidamente.
Aunque el turismo internacional en Cuba ha sido, en términos generales, una historia de éxito hasta el estallido mundial del covid-19, debe decirse que el sector turístico cubano no necesita ser “reciclado”, ya que eso traería de vuelta todos los problemas que han aquejado al sector durante décadas, a saber: bajas tasas de ocupación hotelera, escasa repetición de visitas por parte de turistas extranjeros, ineficiencias generalizadas y baja rentabilidad hotelera, baja calidad de todo tipo de servicios, escasez de recursos materiales y financieros, e infraestructura obsoleta.
El sector turístico cubano necesita un renacimiento con cambios profundos, entre ellos la promoción de programas multidestino con otros países del Caribe, la especialización en productos turísticos distintos del todo-incluido sol y playa, aunque este último sigue siendo fundamental junto con avances en marketing y calidad, una mejoría de las infraestructuras y de los servicios complementarios, una integración efectiva en las organizaciones turísticas regionales, un mayor papel de la inversión extranjera y del sector privado (debe enfatizarse que la mayor parte de los ingresos en divisas del sector turístico cubano proviene de los servicios gastronómicos, ofrecidos en una medida significativa por emprendedores privados), la expansión de los programas de capacitación para los trabajadores, el estímulo de los encadenamientos productivos y la transformación del sistema económico del país.
La mayor parte de los ingresos en divisas del sector turístico cubano proviene de los servicios gastronómicos, ofrecidos en una medida significativa por emprendedores privados
P. ¿Qué potencialidades cree que tiene el turismo doméstico en una Cuba distinta? Ahora mismo se hace referencia a él de manera muy marginal, sin pensar en su público. ¿Cómo puede cambiar esto?
R. El turismo nacional no fue una prioridad en los planes de desarrollo de Cuba durante la década de 1990 y gran parte de los años 2000. Sin embargo, se expandió bastante después de la decisión de Raúl Castro, a finales de marzo de 2008, de permitir que los cubanos se hospedaran en hoteles hasta entonces destinados únicamente a extranjeros, alquilaran autos y utilizaran instalaciones que antes les estaban vedadas, incluidas las mejores playas frecuentadas por turistas extranjeros en Varadero.
Esto condujo a un aumento considerable de las estadías hoteleras de cubanos y de los ingresos en divisas generados por el turismo nacional, aunque todavía muy inferiores a los generados por el turismo internacional. Con una importancia acentuada durante la temporada baja de verano, cuando los operadores hoteleros de playa recurren a los turistas cubanos para aumentar las tasas de ocupación, el turismo nacional se convirtió de alguna forma en un segmento significativo del sector turístico cubano.
En cualquier caso, en las condiciones actuales, el turismo nacional no puede ser una alternativa real al turismo internacional como motor de crecimiento. Los perfiles muy distintos de los turistas nacionales y extranjeros, sobre todo en términos de poder adquisitivo, dificultan orientar a los primeros hacia hoteles de alta categoría y lujo que fueron concebidos para los segundos.
Dado que la demanda del turismo interno carece de suficiente escala, se ve limitada por precios y estándares que, en su mayor parte, no responden al perfil promedio del turista nacional, y depende en buena medida de ingresos externos sostenidos por vínculos familiares. Una estrategia eficaz sería aprovechar esos vínculos elevando a los cubanos residentes en el exterior como actores clave del sector turístico cubano.
De hecho, una de las señales más claras de la actual crisis del turismo en Cuba es que un número creciente de cubanoamericanos prefiere invitar a sus familiares en la Isla a pasar sus vacaciones no en Cuba, sino en hoteles de Punta Cana (República Dominicana) y Cancún (México). En 2025, más de 100.000 ciudadanos cubanos viajaron a la República Dominicana, en comparación con solo 34.000 en 2019, cuando un número récord de cubanoamericanos visitó Cuba.
Los bajos niveles de eficiencia siguen siendo una debilidad crítica del turismo cubano
P. ¿Cuál fue el beneficio neto del turismo en los últimos 20 años en Cuba, sabiendo que deben importar todo para amueblar los hoteles y alimentar a los turistas? ¿Estos gastos han sido mucho más altos que en otros lugares del Caribe, como la República Dominicana o Cancún?
R. Un defecto clave de la industria turística cubana consiste en sus excesivos costos operativos. Aunque no existen cifras oficiales ni series estadísticas sobre los beneficios netos del turismo en Cuba, a principios de los años 2000 las autoridades cubanas estimaban el costo por cada dólar de ingreso bruto generado por las actividades turísticas en alrededor de 0,80 dólares, lo que significaba para el país un resultado neto de apenas 0,20 dólares por cada dólar de ingreso bruto procedente del turismo. Dada la continua dependencia del sector turístico de productos importados, como resultado de los problemas estructurales de la economía cubana que afectan negativamente la oferta y la calidad de los bienes y servicios producidos internamente, es razonable asumir que los bajos niveles de eficiencia siguen siendo una debilidad crítica del turismo cubano.
Es difícil comparar los costos operativos del sector turístico de Cuba con los de destinos competidores como República Dominicana o Cancún, donde el modelo de negocio predominante de todo incluido también conlleva compras sustanciales en el exterior de productos para hoteles y resorts, que limitan parcialmente los importantes ingresos en divisas generados por el turismo.
Sin embargo, en comparación con Cuba, estos destinos presentan una integración más profunda del turismo con el resto de la economía. También obtienen niveles mucho más altos de ingresos brutos por turismo e ingresos brutos por turista, y recientemente están superando sus récords históricos de llegadas de visitantes internacionales. En contraste, Cuba tuvo el peor desempeño de recuperación turística en el período post-covid en la región del Caribe, y sus ingresos brutos por turista eran los más bajos de la región incluso antes de la pandemia.
P. El turismo es un sector que ofrece resultados inmediatos y es complicado resistirse a la tentación de depender excesivamente de él. Cuba es un país con necesidades de inversión en muchísimos sectores, pero con resultados a más largo plazo, incluyendo el alimentario o la industria pesada. ¿Qué propuesta de reconstrucción económica haría usted para equilibrar ambas necesidades?
R. A diferencia de muchas islas pequeñas del Caribe, Cuba tiene una economía con una mezcla sectorial algo más profunda, que incluye la agricultura, la manufactura y diversos servicios. De hecho, el verdadero problema de Cuba no es su excesiva dependencia del turismo, aunque este, pese a su considerable margen de mejora, sigue siendo una fuente clave de ingresos y un agente de dinamismo económico, y potencialmente una fuerza impulsora de cadenas de producción.
Está claro que el sector turístico cubano necesita un nuevo modelo, al igual que la economía cubana en su conjunto
Además de todos los problemas no resueltos relacionados con el modelo turístico obsoleto del país, el sector turístico cubano está insertado en una economía centralizada y dominada por el Estado, con importantes fallas sistémicas que limitan la productividad, la eficiencia y la competitividad comercial, generan escasez crónica de divisas y, sobre todo, obstaculizan los encadenamientos productivos hacia atrás, en particular con los sectores agrícola e industrial. En pocas palabras, el turismo no puede desempeñar el papel de motor del crecimiento y desarrollo económico que cumple, con distintos grados de éxito, en destinos turísticos competidores del Caribe y de otras regiones, que tienen sistemas económicos diferentes al de Cuba.
De hecho, las producciones agrícola e industrial de Cuba muestran un panorama sombrío que subraya los enormes desafíos de aumentar el abastecimiento local para el turismo. La masiva redistribución de tierras estatales ociosas en usufructo a agricultores privados y cooperativas, impulsada por Raúl Castro hace años, así como la implementación de reformas adicionales en el sector, han hecho poco para reactivar la producción y resolver los persistentes problemas agrícolas de Cuba.
En cuanto al sector industrial de Cuba, también presenta serios problemas y aún no se ha recuperado plenamente de su colapso a principios de la década de 1990. La producción física de bienes de consumo, especialmente de alimentos procesados, ha disminuido notablemente en los últimos años. Los equipos de producción nacional prácticamente han desaparecido, y el volumen de bienes intermedios se mantiene deprimido. Esto explica por qué Cuba debe adquirir una gran cantidad de maquinaria y equipos en el exterior y por qué los productos intermedios representan la mayor parte de las importaciones de bienes del país. En estas condiciones, resulta muy difícil imaginar un escenario en el que la demanda de productos y servicios de un sector turístico cubano próspero (con volúmenes de visitantes mucho mayores que los actuales) pueda ser atendida en gran medida por proveedores nacionales.
En resumen, está claro que el turismo por sí solo no desarrolla ningún país. También está claro que el sector turístico cubano necesita un nuevo modelo, al igual que la economía cubana en su conjunto.
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Nota de la Redacción: Este texto se ha hecho en colaboración con Cuba Siglo 21 como parte del proyecto “Cuba: estabilizar y desarrollar”.