“Si Cuba no implementa un cambio radical como Gorbachov en la URSS, entonces lo hará Washington”
Entrevista
El ex embajador de México en Cuba Ricardo Pascoe asegura que las reformas anunciadas en la Isla son un “intento desesperado” por ganar tiempo
Ciudad de México/“Cuba requiere abrir la economía de manera urgente y acelerada porque está en un estado cercano a la extinción”, dice a 14ymedio el que fue embajador de México en Cuba entre 2000 y 2002, Ricardo Pascoe Pierce. El ahora analista político conversa con este diario sobre las 176 reformas agrupadas en 23 ejes, anunciadas la pasada semana por el régimen en un “intento desesperado”, dice, por encauzar su economía.
Sin embargo, añade, “no están dadas las condiciones para que funcione lo que han propuesto y mucho menos va a ser suficiente para atender los problemas que tiene la Isla”.
El problema con el país, afirma Pascoe, es que “ya no tiene tiempo, ya sonó el campanazo ya se acabó la aventura, ya fracasó el modelo por las razones que sea”. El régimen está contra la pared: o “implementan la radical transformación interna, como lo hizo Mijaíl Gorbachov en la Unión Soviética, o lo va a hacer Washington”.
Pregunta. Se habla de cambios de mayor calado institucional y de la apertura a la inversión privada para intentar mitigar la crisis económica. ¿Se están dando las condiciones para seducir a los inversionistas extranjeros?
Respuesta. Lo que está tratando de hacer en este momento la dirección cubana es absolutamente tardío. Se intenta, en un momento en que está contra la pared y con el agua hasta el cuello, una perestroika (reforma económica emprendida por Gorbachov en la antigua URSS) tratando de evitar la reforma política. El problema de esto es que en realidad la propuesta cubana deja intacta toda la estructura de control del Ejército y del Estado cubano.
¿Quién se va a interesar en invertir como capitalista en una economía que tiene una rígida estructura monopólica?
En realidad nadie se va a interesar a menos que vean que sí hay una verdadera posibilidad de producir, por ejemplo, una renta adecuada a la inversión, o sea, rendimientos con la inversión. Pero eso tarda muchos años y Cuba no tiene años disponibles, Cuba tiene meses, en el mejor de los casos, posiblemente un año.
Nadie va a invertir en Cuba, mucho menos los cubanos de Miami, si no hay una reforma política y un cambio, especialmente en el tema de los presos políticos, que es una herida abierta. El 90% de los empresarios simplemente no lo van a hacer o, si lo hace algún ingenuo, es porque está dispuesto a perder su dinero.
Nadie va a invertir en Cuba, mucho menos los cubanos de Miami, si no hay una reforma política y un cambio, especialmente en el tema de los presos políticos, que es una herida abierta
P. Sin embargo, hay entusiasmo por parte de algunos. En México la presidenta Claudia Sheinbaum afirma que la apertura representa un “cambio importante”, incluso habla de incentivos para apostar por la Isla. ¿Cuáles sectores o empresas mexicanas estarían interesadas?
R. Como embajador en Cuba, yo traté con empresarios mexicanos desde 2001 a 2003. Los inversionistas ya no veían como particularmente apetecible invertir en la Isla porque no había seguridad de nada. El Gobierno cubano no pagaba sus deudas, incluso se apropiaba de sus actividades una vez que estaban instaladas y veían cómo funcionaban. Sheinbaum puede tener toda la fantasía que quiera, pero ni siquiera Carlos Slim (pese a ser el empresario más rico de México, apoya la política antiliberal de Sheinbaum) va a querer invertir en la Isla.
Carlos Slim acompañó al entonces presidente Vicente Fox cuando yo estuve en La Habana y me dijo: ‘No hay ninguna garantía de ninguna rentabilidad aquí”.
Entre otras cosas porque la práctica del Gobierno cubano siempre ha sido que, cuando ve que un negocio privado avanza y próspera, se lo apropia inmediatamente. Ese modelo va a seguir, porque con las reformas no están afectando la estructura política y eso pudo funcionar, insisto, en China y en Vietnam, que pasaron décadas desarrollando el modelo, pero Cuba no tiene décadas.
La propuesta de Sheinbaum con respecto a Cuba es simplemente porque ella no conoce la situación y está promoviendo cosas con base en las fantasías de sus asesores favorables al régimen cubano, pero eso no va a funcionar. No es real.
P. La relación de México con Cuba es más que estrecha, con Sheinbaum sobresalió el suministro de petróleo y ahora ha adelantado la reanudación de los envíos de crudo a través de “empresas particulares”. ¿Cómo sería esto de vender combustible vía privados? ¿Pemex podría ser el vendedor o tendrá que crear filiales como Gasolina Bienestar para evitar las sanciones de EE UU?
R. En primer lugar, lo que México hizo fue regalar el petróleo a Cuba. No era ninguna venta, aunque dijeran eso y que en algún lado de la República Mexicana están las facturas, pero nadie sabe dónde y ni qué monto. Obviamente sería inútil tratar de buscar esos pagos, porque no existen, y nunca se van a dar porque la Isla no tiene la capacidad de compra.
Esta idea de que van a reanudar el envío de petróleo a través de empresas privadas es simplemente que el Gobierno de México está buscando algún instrumento. Ahora bien, no lo van a hacer porque no hay una empresa privada en este momento en Cuba que pueda importar cantidades relevantes de crudo para su operación.
En realidad todo sería, en todo caso fingiendo que es una empresa privada vendiendo petróleo a otra privada cuando ninguna de las dos realmente existe. No creo que México vaya a poder hacer eso. Además, el escrutinio de Washington en este momento es tal que en realidad no hay condiciones para hacer una operación de ese orden.
En última instancia esto no va a resolver las necesidades urgentes que tiene la Isla y especialmente ahora que EE UU ha decidido realmente apretar en serio el asunto cubano y máxime a partir de lo que se votó en el Senado, que ya le prohibió al presidente Donald Trump reanudar la guerra en Irán, es decir, le están cerrando ya completamente ese espectáculo.
Lo que México hizo fue regalar el petróleo a Cuba. No era ninguna venta, aunque dijeran eso y que en algún lado de la República Mexicana están las facturas
P. Dice que una de las opciones para Cuba es una transformación interna como lo hizo Mijaíl Gorbachov en la Unión Soviética. ¿Puede detallarlo?
R. Hay que ver las experiencias históricas que han transformado este fenómeno peculiar. Karl Marx volvería a morir si viera lo que está sucediendo, que es que países que aplican el socialismo regresan al capitalismo o la economía de mercado. Esto es desde el punto de vista marxista una imposibilidad y sin embargo lo hemos visto. Lo vimos en el caso de la Unión Soviética que se transformó en Rusia. China, que es una combinación de un modelo económico de mercado en gran medida con fuerte presencia del Estado, pero con un sistema de partido único. Y, también, Vietnam.
Los procesos que se vieron en esos países, aunque fueron distintos, tardaron años en consolidarse y fue muy complejo el proceso. China, por ejemplo, comenzó una transformación durante la presidencia de Den Xiaoping que duró más de 20 años.
El tema del modelo Gorbachov fue algo que implicó su decapitación personal. En los últimos años de su vida fue repudiado por los nuevos líderes de Rusia, notoriamente por Vladimir Putin, quien se negó a asistir a su sepelio. Gorbachovl tuvo que pagar ese costo para hacer el cambio, romper el sistema.
Gorbachov dio paso a la creación de la Federación Rusa, así como a sus reformas económicas (perestroika) y las reformas políticas (glasnost).
La gran pregunta es si la dirección política cubana está dispuesta a ser decapitada para salvar a Cuba: es decir, hacer la reforma internamente, sin intervención de Washington, que implica la reforma económica y la política. Además, deben cambiar la Constitución ellos mismos para crear una república democrática con libertades garantizadas.
Eso es lo que tiene que hacer la dirección política si no quiere que intervenga Washington. Están atrapados en ese dilema, insisto, no tienen los 20 años que tuvo Den Xiaoping.
Fidel Castro me explicó, en una conversación en La Habana en 2002, que Cuba ‘nunca cometerá el error de Gorbachov’. Ahí está el dilema existencial de la Isla. La decisión de un cambio tiene que ser de la dirección política, porque, al igual que en Rusia, en Cuba no hay una sociedad organizada que pueda levantarse y cambiar las cosas.
P. ¿Cuba está tratando de ganar tiempo?
R. Estas medidas que acaban de aprobar son un intento desesperado por ganar tiempo que no tienen. La dirección política tiene la misma fantasía que el Gobierno de México, pero es otra cosa, ambos fantasean con que en noviembre van a cambiar las cosas porque Trump va a sufrir una derrota electoral y, por lo tanto, cambiará su política. Están absolutamente equivocados, especialmente en el caso de Cuba.
Estados Unidos no va a dejar de apretar, entonces me parece que están apostando a algo iluso y que no va a funcionar.
El problema de las elecciones intermedias es que Washington no puede llegar a ningún acuerdo con La Habana que no satisfaga a Miami, que está exigiendo una reforma económica y política.