Gustavo Petro cambia el desaire de Washington por una despedida a su medida en La Habana

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El presidente colombiano llegó a Cuba envuelto en proclamas sobre la paz, las vacunas y la soberanía, pocos días antes de que su sucesor rompa relaciones con la Isla

La Habana ofrece a Petro una alfombra roja donde nadie va a discutirle su versión de la historia.
La Habana ofrece a Petro una alfombra roja donde nadie va a discutirle su versión de la historia. / Presidencia Cuba
14ymedio

01 de agosto 2026 - 09:38

La Habana/El último viaje internacional de Gustavo Petro como presidente de Colombia debía llevarlo a Estados Unidos, pero terminó en La Habana, donde Miguel Díaz-Canel podía ofrecerle algo que Washington parecía poco dispuesto a concederle: una despedida con honores, afinidad ideológica y ninguna pregunta incómoda.

Petro tenía previsto visitar Washington y Nueva York entre el 21 y el 23 de julio para participar en actividades relacionadas con la Organización de los Estados Americanos y Naciones Unidas. Sin embargo, no figuraba en su agenda ninguna reunión con Donald Trump ni con altos funcionarios de su Administración. El viaje fue cancelado a última hora y, días después, el mandatario presentó Cuba como una elección deliberada, “vital” para la soberanía colombiana y la paz en el Caribe.

Durante una visita a Nueva York en junio, Petro había planeado reunirse con el alcalde Zohran Mamdani, pero funcionarios del Departamento de Estado consideraron que ese encuentro excedía las actividades permitidas por el visado temporal concedido al mandatario colombiano. canceló la cita y recortó el viaje, adelantando el regreso del presidente. Petro seguía sancionado por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (Ofac) –que lo incluyó en su lista bajo autoridades vinculadas al narcotráfico, al acusarlo de permitir que la producción de cocaína alcanzara niveles récord y de favorecer con sus políticas a organizaciones criminales– y ya sabía que su margen de movimiento en EE UU era estrecho. En cambio, La Habana ofrecía alfombra roja y nadie iba a discutirle su versión de la historia.

Petro cultiva desde hace años una imagen de “intelectual latinoamericano”, construida con discursos interminables, metáforas cósmicas y referencias constantes a la historia, la literatura y la filosofía

La visita, iniciada este viernes, tiene además el valor de una provocación dirigida al próximo Gobierno colombiano. El presidente electo, Abelardo de la Espriella, ha anunciado que romperá relaciones con Cuba y Nicaragua después de asumir el cargo el 7 de agosto, y cerrará las embajadas en ambos países por considerarlos dictaduras. 

El mandatario saliente ha elevado el viaje a una misión casi providencial. Aseguró que buscaba evitar una guerra en el Caribe, rechazó “los misiles”, “la invasión” y “el bloqueo” y se presentó como defensor de la soberanía regional. Para reforzar la solemnidad, afirmó que Colombia presidía el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, aunque la presidencia rotatoria colombiana había terminado en junio.

Petro cultiva desde hace años una imagen de “intelectual latinoamericano”, construida con discursos interminables, metáforas cósmicas y referencias constantes a la historia, la literatura y la filosofía. El problema aparece cuando las referencias abandonan la niebla retórica y pueden comprobarse. Durante una visita a Chile publicó una fotografía con Isabel Allende Bussi, hija de Salvador Allende, y la presentó como “una de las mejores escritoras de Latinoamérica”, confundiéndola con la novelista Isabel Allende Llona. En otra intervención confundió el Armagedón bíblico con Agamenón, el rey griego, al advertir que la codicia humana estaba creando “las condiciones de un agamenón”.

La tasa bruta de mortalidad cubana se acercó a 15 fallecidos por cada 1.000 habitantes en 2021, una de las peores de la región durante la pandemia de covid-19

En La Habana volvió a emplear ese método, una mezcla de tono doctoral, cultura de sobremesa y datos sin verificar, para atribuir a las vacunas cubanas "centenares de miles de vidas salvadas en el mundo”. Su elogio omite que 2021 fue uno de los años más mortíferos de la historia reciente de la Isla. La tasa bruta de mortalidad cubana se acercó a 15 fallecidos por cada 1.000 habitantes, una de las peores de la región. La vacunación masiva llegó cuando la variante delta ya había desbordado hospitales, agravado la escasez de oxígeno y medicamentos y expuesto el deterioro del sistema sanitario.

Tampoco la relación económica entre los dos países alcanza la dimensión estratégica que su discurso sugiere. Las exportaciones colombianas a Cuba crecieron durante su mandato, principalmente por las ventas de alimentos, aceites, harina, huevos y productos básicos. Sin embargo, el comercio siguió siendo marginal para Colombia y casi completamente unilateral. La Isla apenas exportó uno o dos millones de dólares anuales al mercado colombiano y no generó inversiones significativas.

Uno de los negocios presentados como prueba de la nueva relación terminó ilustrando mejor sus opacidades. En julio de 2025, la Agencia de Desarrollo Rural anunció un “acuerdo comercial histórico” para vender a Cuba 1.404 toneladas de arroz producidas por pequeños agricultores del Tolima. El comprador cubano pagaría supuestamente por anticipado. Una investigación dirigida por Sergio Ángel, del Programa Cuba de la Universidad Sergio Arboleda, en Cali, obtuvo meses después una respuesta oficial en la que la propia agencia admitía que el importador cubano no había completado su habilitación, el pago no se había producido y la exportación seguía sin realizarse. El informe planteó la posibilidad de que la operación acabara financiada con recursos colombianos y convertida en una donación no declarada.

Petro obtiene el escenario para una última representación internacional, desafía a su sucesor y preserva su aspiración de seguir actuando como “referente de la izquierda regional” después de abandonar la Casa de Nariño

Cuba sí ha desempeñado un papel importante para Colombia como sede y garante de las negociaciones con los guerrilleros de las Farc y del Ejército de Liberación Nacional. También ha ofrecido becas médicas y cooperación técnica, deportiva y cultural. Pero la “paz total” de Petro no llegó a consolidarse y el proceso con el ELN terminó suspendido entre secuestros, ataques y una nueva crisis de violencia.

La visita beneficia sobre todo a ambos mandatarios en el terreno simbólico. Díaz-Canel recibe el respaldo de un presidente latinoamericano cuando la economía cubana atraviesa una crisis extrema y el Gobierno de Estados Unidos incrementa la presión sobre La Habana. Petro obtiene el escenario para una última representación internacional, desafía a su sucesor y preserva su aspiración de seguir actuando como “referente de la izquierda regional” después de abandonar la Casa de Nariño.

El presidente colombiano quería cerrar su mandato en Estados Unidos y acabó despidiéndose en el Palacio de la Revolución. No llegó a Cuba con inversiones, una paz nueva ni una propuesta capaz de aliviar la ruina de la Isla. Llegó con algo más representativo de su legado: hipérboles, cifras imprecisas y un aliado dispuesto no solo a celebrarlas, sino también a competir con él en grandilocuencia.

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