Una red rusa integrada por cubanos y venezolanos planeó asesinar al opositor Garry Kaspárov en EE UU
Justicia
Actuaron bajo las ordenes de un antiguo coronel vinculado a Vladimir Putin que intento también eliminar a un ex diputado opuesto a la invasión de Ucrania
La Habana/Los cubanos Oemis Romagoza Durruthy y Yaidel Delgado Suárez, ambos de 35 años, formaban parte de una red vinculada a los servicios de inteligencia rusos que planeaban asesinar en Estados Unidos al ajedrecista y dirigente opositor Garry Kaspárov. Un reportaje publicado este miércoles por El Mundo señala que este verano las autoridades estadounidenses comunicaron al fundador de Free Russia Forum que era “objetivo” de un plan del Gobierno ruso para eliminarlo y se le puso protección especial por primera vez desde que se exilió y se instaló en Nueva York en 2013.
El texto divulgado por el medio español amplía la información sobre el grupo, que fue puesto en el ojo público el pasado 16 de septiembre, luego de que la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York acusara a cinco de sus integrantes –entre ellos los dos cubanos, además de Yuri Jrameev, antiguo coronel de los servicios de inteligencia rusos que trabajó con el presidente Vladímir Putin en su juventud, y su hijo Kirill, oficial del Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB), así como el venezolano Ángel Eduardo Castro, de 22 años–, de conspirar para financiar actos de terrorismo (estos últimos tres con una acusación de conspiración para cometer un asesinato por encargo).
De acuerdo con el reportaje, Kaspárov, quien fue incluido por las autoridades rusas en registros oficiales como “agente extranjero” y posteriormente en una lista de personas consideradas “terroristas y extremistas”, no era el único objetivo en suelo estadounidense. Había planes más avanzados para eliminar a Ilyá Ponomarev, el único diputado de la Duma rusa que votó contra la anexión de Crimea en 2014 y que desde el exilio ha apoyado la defensa armada de Ucrania.
Expresiones como “medir un terreno y dar las medidas” supuestamente hacían referencia a labores de vigilancia, mientras que “construcción” era utilizada para hablar del ataque final
Ponomarev, quien vive entre Kiev y Washington, habría sido vigilado por una persona reclutada por la red. Según los documentos judiciales, la persona tomó fotografías y vídeos de lugares relacionados con la víctima a cambio de dinero, pero finalmente se negó a participar en el asesinato. Por la muerte del político, quien era identificado como “Víctima Número 1”, se pagaban 40.000 dólares.
Los investigadores describieron que los miembros de la red utilizaban términos en clave para sus actividades. Expresiones como “medir un terreno y dar las medidas” supuestamente hacían referencia a labores de vigilancia, mientras que “construcción” era utilizada para hablar del ataque final.
De acuerdo con las autoridades estadounidenses, el papel de los cubanos en la red es central en el reclutamiento. Romagoza Durruthy, un profesor de baile originario de Camagüey que trabaja para el espionaje ruso, ya era conocido por las autoridades lituanas por reclutar a personas para perpetrar ataques incendiarios y actos de sabotaje en al menos cuatro países de la Unión Europea.
Su papel ya había sido documentado por distintos medios europeos en días pasados. “Dios” era el nombre empleado por el cubano en redes sociales, donde ofrecía trabajo mediante distintos mensajes en Telegram, uno de ellos en un grupo de cubanos en Rusia: “A los interesados en solicitar, enviar currículum, número de teléfono y pasaporte”, decía. En otro, específico para latinos, prometía unos 1.300 euros por operación realizada: “Buscando personas con experiencia militar en monitoreo, inteligencia, logística y maniobras tácticas”. Aunque Romagoza no está acusado del cargo específico de asesinato por encargo, el expediente señala que almacenaba fotografías y vídeos de una de las direcciones de la llamada ‘Víctima 1’.
El objetivo final era “liquidar a uno o dos disidentes y de paso enviar un duro mensaje al resto”
En tanto, Delgado Suárez, de 35 años, actuó como reclutador para los atentados planeados en territorio estadounidense junto al venezolano Ángel Eduardo Castro. Según el relato, Castro contactó este verano a un compatriota en Brooklyn con una pregunta directa: “¿Tienes a alguien de confianza en Washington?”.
Las instrucciones que siguieron eran detalladas: borrar la conversación, acudir al barrio de la víctima con el teléfono en modo avión, grabar desde lejos con la mano izquierda y hacer una señal con el dedo para asegurar que el video era reciente. El objetivo final era “liquidar a uno o dos disidentes y de paso enviar un duro mensaje al resto”.
Otros posibles objetivos eran el también opositor Vladimir Kara-Murza, envenenado dos veces por Rusia y liberado en 2024 en un intercambio de presos, mientras que en Lituania, la red tenía en el punto de mira a Ivan Tyutrin, cofundador del Free Russia Forum junto a Kaspárov, por cuya muerte pagaban 25.000 dólares.
También está en la lista de posibles blancos Ruslan Gabbasov, un activista baskir exiliado en la capital de Lituania que reclama la independencia del Bashkortostán, una república que forma parte de la Federación Rusa. En 2025 descubrió un dispositivo de seguimiento en su coche y la Fiscalía lituana identificó después un plan para asesinarlo.
Según las autoridades estadounidenses, Rusia lleva tiempo usando a hispanohablantes para sabotajes en Europa, “entre otras cosas porque muchos tienen residencia española y pueden moverse sin visado tanto en Rusia como en la UE”. La acusación penal estadounidense no atribuye un papel al Estado cubano, y La Habana ha negado cualquier vínculo con ambos.