Los Joven Club de Computación están lejos de poder competir con SNet

El estado de las instalaciones estatales es lamentable y en los locales no ofrecen conexión a internet

El Palacio Central, amplio, climatizado y con decenas de computadoras contrasta con la situación que viven la mayoría de estos establecimientos en la capital. (14ymedio)
El Palacio Central, amplio, climatizado y con decenas de computadoras contrasta con la situación que viven la mayoría de estos establecimientos en la capital. (14ymedio)

El pulso entre la red inalámbrica SNet y el Ministerio de Comunicaciones ha estado acompañado por una avalancha de elogios a los estatales Joven Club de Computación y Electrónica (JCCE). En los reportajes oficiales se habla de 630 instalaciones en todo el país, de interconexión y fibra óptica, pero la realidad dista mucho de lo que anuncian las planas de los periódicos.

 A las afueras del Palacio Central de Computación, en La Habana, una decena de adolescentes aguardaba este martes para jugar. Alejandro, de 16 años, ha llegado con un grupo de amigos y ha comprado un ticket para acceder. "Es por turnos de dos horas, los que entraron a las 11 salen a la 1 y nos cobran 3 CUP por hora", cuenta a 14ymedio al filo del mediodía.

Los que esperan quieren entablar alguna partida de videojuego pero ninguno podrá navegar en internet, conectarse a algún servicio de la gran telaraña mundial ni buscar información en la web, porque en los JCCE funciona una intranet con contenido muy filtrado y acceso solo a los sitios digitales alojados en servidores nacionales.

Quienes aguardan para entrar al Palacio son fundamentalmente aquellos que no tienen una computadora propia y algunos también son usuarios de la agonizante SNet que vive días de incertidumbre tras la entrada en vigor de la nueva legislación que regula el espacio radioeléctrico en la Isla.

Algunos todavía llaman "Sears" al emblemático edificio donde una vez estuvieron los almacenes de esa cadena de tiendas norteamericana. En los años 80 un gran mercado estatal intentó recuperar su dinamismo comercial pero durante el Período Especial, Fidel Castro decidió reconvertirlo en espacio para la informatización. Donde antes se vendían jamones y quesos, se colocaron pantallas y teclados.

Un grupo de muchachos hacen cola frente al Palacio Central de Computación en La Habana. (14ymedio)
Un grupo de muchachos hacen cola frente al Palacio Central de Computación en La Habana. (14ymedio)

Como local central y emblemático, el estado actual de este Palacio se aleja bastante de la situación en se encuentran la mayoría de los JCCE del país. Amplio, climatizado y con la mayoría de las máquinas funcionando, sus instalaciones apenas sufren de problemas técnicos.

Mientras que en el cercano Joven Club de Oquendo y Neptuno, en Centro Habana, a pesar de estar recién pintado, en su interior solo una computadora brinda servicios. "Tenemos una sola computadora porque hubo una variación del voltaje que rompió tres máquinas, aunque brindamos servicios de alquiler de tabletas a tres pesos por cada hora", explica a los clientes la especialista del centro.

Sobre la posibilidad de conectarse con un portátil propio, la empleada afirma que aún no tiene autorización para brindar ese servicio. "No tenemos la fibra óptica montada, solo a raíz de que tengamos eso instalado podemos dar el servicio para conectarse a la red", aclara, siempre refiriéndose a intranet.

Mientras conversa, entran varios niños de la cercanía a preguntar si repararon los ordenadores, ninguno parece interesado en los otros servicios que brindan los JCCE como el de copiar en una memoria USB el compendio de audiovisuales Mi Mochila, el "competidor oficial" del Paquete.

En el cercano Joven Club de Oquendo y Neptuno, en Centro Habana, a pesar de estar recién pintado, en su interior solo una computadora brinda servicios

Este Joven Club no siempre estuvo tan deteriorado. Luis Carlos, un joven vecino del barrio, cuenta a este diario que cuando era niño todo era distinto. "En las vacaciones me levantaba todos los días a las seis de la mañana para tratar de ser el primero. Recuerdo sentarme en máquinas que en aquel momento me parecían lo último y ahora mi celular es más potente que aquellos equipos".

"Iba jugar en red y hacíamos batallas épicas, pero poco a poco se fueron deteriorando los medios. De dos salas con 10 máquinas cada una se redujo a una sala, luego se rompió el aire acondicionado y se fueron dañando poco a poco todas las computadoras hasta que solo quedaron tres", lamenta.

Pero no solo los problemas de infraestructura afectan la incidencia de los JCCE en las comunidades. En una sociedad donde las nuevas tecnologías han entrado con fuerza en los últimos años a pesar de la limitaciones para importarlas y los altos precios en el mercado informal, cada vez hay más usuarios que prefieren poder decidir el contenido que consumen.

‘Gamer’ cubano jugando en linea conectado a la red nacional. (14ymedio)
‘Gamer’ cubano jugando en linea conectado a la red nacional. (14ymedio)

Los JCCE ofrecen una parrilla de juegos en los que se excluyen muchos de estos divertimentos porque las autoridades los consideran violentos y descartan también aquellos que hacen alusiones críticas a los aliados ideológicos de La Habana. Los entretenimientos ambientados en Corea del Norte, Rusia o Irán no son bien vistos por los censores. Pero el problema mayor no es de filtro o tijeras.

Desde que se implementaron las nuevas resoluciones para las redes inalámbricas, los directivos de los JCCE han anunciado que se está "creando una infraestructura" para que SNet pase a formar parte de esta red de locales, pero el proceso es lento y ya ha comenzado a generar críticas por sus limitaciones tecnológicas.

Según Danays Moreno, directora nacional de programas de los Joven Club, la intención es que "todas estas personas con redes privadas que existen se puedan conectar a nuestra red y disfrutar de nuestros servicios y nuestra infraestructura" y explicó que ya son 270 las instalaciones que cuentan con fibra óptica para garantizar una mayor capacidad y velocidad en las conexiones.

Los JCCE ofrecen una parrilla de juegos en los que se excluyen muchos de estos divertimentos porque las autoridades los consideran violentos

Gamers como Jorge Luis González, vecino de Nuevo Vedado, está esperando que el cable de fibra óptica llegue al JC de la avenida 26 o al ubicado en la calle Estancia, este último recién remozado pero todavía sin brindar servicios. Con la fachada pintada y un jardín exterior con bancos recién colocados, el local está a la espera de la instalación del tendido para para conectarse a una red que busca competir en envergadura y popularidad con las privadas.

"Pensábamos que después de tanta inversión en repararlo iban a poner aquí una antena wifi con acceso a internet", comenta Raulito, vecino de un edificio cercano. La Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa) ha estado ampliando la red de zonas de acceso inalámbrico a la web pero "no parece que ese servicio vaya a llegar hasta los Joven Club, de todo lo que se habla es de una intranet", agrega el joven.

Algunos jugadores que viven cerca de JC que ya tienen el cable, han intentado conectarse desde sus casas pero no han tenido mucha suerte. Una joven fanática a los juegos en línea contó a este diario que "ningún gamer que se respete va a jugar en la red de JCCE". Los constantes cuelgues han frustrado a muchos aunque reconoce que tras el problema con SNet varios de sus amigos "llevan días sin jugar y están muy ansiosos".

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