Soñar con drones que surcan el cielo

Como sucede con los GPS y las antenas parabólicas, al oficialismo no acaban de gustarle estos pequeños artefactos voladores

Un cartel con la prohibición de usar drones fue colocado en la Plaza de la Revolución, en La Habana. (14ymedio)
Un cartel con la prohibición de usar drones fue colocado en la Plaza de la Revolución, en La Habana. (14ymedio)

El objeto del momento no es ya un televisor pantalla plana, ni la tableta con sistema operativo Android y, mucho menos, el altavoz Bluetooth para llevar la fiesta a todas partes. Ahora los sueños tienen forma de dron y se elevan del suelo para filmar, fotografiar o simplemente husmear la vida desde allá arriba.

Los drones comenzaron siendo una referencia en la prensa oficial a los aviones no tripulados que el enemigo enviaba para espiar a sus adversarios. Después se les veía en las transmisiones televisivas de los conciertos de artistas famosos. Pero de un tiempo a esta parte han pasado a ser una realidad en la Isla.

No hay videoclip de reguetón que se precie que no tenga algunas de sus tomas con un dron, ni cineasta independiente que no quiera captar un ángulo de la escena desde su altura. Eduardo del Llano explica en el making off de su último cortometraje,  Dominó, que usó uno de estos dispositivos para grabar el pasillo del solar y a los cuatro hombres que juegan alrededor de una mesa.

Gracias a los drones los cubanos han conocido facetas ocultas de su propio país, como las espectaculares vistas del Morro habanero visto desde el mar. Sin embargo, como sucede con los GPS y las antenas parabólicas, al oficialismo no acaban de gustarle estos pequeños artefactos voladores. Por esa razón no se venden en las tiendas nacionales y su importación está sumamente restringida.

Estos aparatos de pequeñas hélices y control remoto pueden comprarse en mercado informal a precios que llegan a los 300 CUC en los modelos más sencillos y son introducidos de manera clandestina a la Isla. Ante el avance de un fenómeno que parece imparable, en la Plaza de la Revolución de La Habana colocaron recientemente una señal para que nadie haga volar uno de estos aparatos entre los ministerios y la empinada torre.

Los drones han llegado para quedarse.

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