Los jóvenes madrugan para 'embriagarse' con los 100 MB de Etecsa

Desde esta madrugada y hasta el lunes en la noche, el monopolio de las Telecomunicaciones permitirá navegar en internet en los móviles gratuitamente 

Este fin de semana el monopolio estatal Etecsa hace su tercera prueba de acceso a internet desde los móviles en menos de un mes. (14ymedio)
Este fin de semana el monopolio estatal Etecsa hace su tercera prueba de acceso a internet desde los móviles en menos de un mes. (14ymedio)

Antes de que llegara la medianoche de este viernes Samuel, Yoyi, Cristian y Laura se prometieron gastarse en solo una madrugada los 100 megabytes que la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa) asignó a cada usuario de la telefonía móvil prepago durante una prueba que dura 72 horas, hasta el próximo lunes.

“Nos vamos a dar un atracón de internet desde el celular”, bromeó Samuel de 16 años. El joven esperó “la hora cero”, como llamó al momento en que se activó el servicio, en la céntrica calle G de La Habana, entre amigos, guitarras y pantallas que le alumbraban el rostro.

Los cuatro amigos alzaron los celulares, como en un brindis virtual, y chocaron los dispositivos unos minutos antes de que llegara el momento. Después vino el silencio de la concentración, interrumpido solo por algunas preguntas de los que no habían podido aún conectarse. “Qué nadie me pida un mega , que estoy tacaño, tacaño”, se oyó decir a uno.

Usuarios frecuentes de la zonas wifi de navegación web, los cuatro adolescentes llevan años a la espera de que el monopolio estatal de telecomunicaciones dé el paso definitivo hacia la conectividad individual, esa que se lleva en el bolsillo a todas partes y que puede utilizarse en cualquier momento.

Usuarios frecuentes de la zonas wifi de navegación web, los cuatro adolescentes llevan años a la espera de que el monopolio estatal de telecomunicaciones dé el paso definitivo hacia la conectividad individual

Sin embargo, las autoridades han priorizado los acceso públicos y las conexiones en centros laborales o docentes. La confiabilidad política también ha sido un elemento a tener en cuenta para alcanzar los preciados kilobytes, por lo que desde hace meses funcionarios y periodistas oficiales pueden acceder a la gran telaraña mundial desde sus móviles.

“Esa esquina que tú ves ahí es como mi cuarto”, alega Yoyi, de 15 años recién cumplidos y que ha moldeado su anatomía a un pedazo de plaza en el Vedado donde con frecuencia accede a la red de redes para chatear con amigos y revisar su cuenta de Facebook. “A veces me dan calambres, por estar tantas horas sentada en la acera”, detalla.

Por eso, los cuatro amigos decidieron zambullirse en las redes sociales nada más que el reloj marcó la hora cero de este sábado y consumir en pocas horas los dos paquetes -de 50 megabytes cada uno y sin costo alguno- que Etecsa ha dispuesto para cada cliente. “Es tan poco que hay que bebérselo de un trago, como con una línea de ron”, explica Cristian.

“Es tan poco que hay que bebérselo de un trago, como con una línea de ron”

La tercera prueba de conectividad difiere de las anteriores. En la primera, realizada el pasado 14 de agosto, los usuarios pudieron navegar sin límite de datos durante unas nueve horas. Aquella primera incursión masiva en el servicio resultó un rotundo fracaso, debido a los cuelgues constantes y la baja velocidad.

Para el 22 de agosto Etecsa parecía haber comprendido que su infraestructura “no daba para tanto”, ironiza Cristian de 17 años. “Entonces hicieron como en la bodega (mercado racionado) y solo permitieron que cada cliente consumiera unos 70 megabytes desde las 8 de la mañana y hasta la medianoche”. El resultado distó mucho de ser ideal, pero al menos la conexión fue más estable.

En esta ocasión el “racionamiento” de bytes es más estricto si se tiene en cuenta que en 72 horas vendrían tocando a un poco más de 33 MB por cada día

Este fin de semana la empresa estatal ha vuelto a la carga. En esta ocasión el “racionamiento” de bytes es más estricto si se tiene en cuenta que en 72 horas vendrían tocando a un poco más de 33 MB por cada día. “Eso alcanza para muy poco, si acaso chatear, revisar las redes sociales y ver un video cortico en YouTube”, calcula Yoyi.

Lo que más lamenta es que Etecsa sigue sin revelar el calendario para la llegada del servicio y que también está guardando -celosamente- el costo final de cada paquete. Un gesto de secretismo que apunta a que las tarifas serán altas y ahondarán las diferencias sociales entre quienes pueden navegar con más holgura y los que apenas podrán “chapotear” en la orilla de la red.

Uno de los jóvenes de la calle G logró pasada las 12 hacer una videoconferencia a través de la popular aplicación IMO, diseñada para ser usada con bajas velocidades. El rostro que se veía en la pantalla estaba totalmente pixelado y se congelaba por unos segundos. “Ves, esta es mi cocina”, decía la voz y mostraba algo de lo que se solo podía distinguirse una zona iluminada y sin contornos.

A un policía que vigilaba al grupo desde cerca aquello le sonó a chino. “Hablen bajito, que hay gente durmiendo en esta zona”, los regañó

Cerca del grupo, una pareja indagaba sobre los detalles de la configuración “para poder meterse en internet”. Solo uno de los adolescentes le respondió rápidamente para no perder un minuto frente a su pantalla. “Hay gente a la que se le van a ir los datos como en un salidero”, opina Yoyi, “porque tienen muchas aplicaciones que consumen en segundo plano”.

A un policía que vigilaba al grupo desde cerca aquello le sonó a chino. “Hablen bajito, que hay gente durmiendo en esta zona”, los regañó. Tres de la mañana y algunos ya contaban con los dedos de la mano los megas que le quedaban. “Voy a guardar algunos para mañana saludar a mi primo que vive en Miami”, prometía uno de los adolescentes.

En todo el tiempo que duró aquella discreta "comelata de datos",  ninguno entró a un sitio de noticias oficiales, ninguno retuiteó un mensaje de una institución gubernamental y a ninguno le interesó qué decía la portada de Granma . Tampoco visitaron portales con programáticas opositoras ni se interesaron por seguir ninguna campaña disidente. “Estos datos me los gasto solo en mí”, repetía Samuel.

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