Días 27 al 30: Silenciar las críticas a golpe de multas

El poder está aprovechando la emergencia para incrementar aún más la censura en Cuba

Las multas por publicar en las redes sociales las críticas o cuestionamientos a la gestión gubernamental de la crisis del covid-19 no se han hecho esperar. (14ymedio)
Las multas por publicar en las redes sociales las críticas o cuestionamientos a la gestión gubernamental de la crisis del covid-19 no se han hecho esperar. (14ymedio)

Las colas y el calor definen estos días. Unas temperaturas que hacen que en este piso 14 la brisa no sople, los mediodías parezcan un horno y los ventiladores tengan que trabajar más de lo normal para este mes de abril. Aunque peor son las filas para comprar comida porque, además de sufrir la canícula mientras se espera, está el peligro de contagiarse por covid-19.

Hace tres días llegó a la carnicería de los bajos de mi edificio el pollo "liberado-racionado", uno de esos numerosos eufemismos en la lengua oficial y que se traduce en que hasta hace poco era un producto que se podía comprar sin restricciones en las shoppings, pero ahora ha pasado a ofertarse por la libreta, al precio de 20 CUP la libra.

Aunque el precio equivale al salario diario de un profesional, hay una larguísima cola para comprar

Aunque el precio equivale al salario diario de un profesional, hay una larguísima cola para comprar. Después de tres jornadas esperando a que se aplaque la fila, llegó el domingo y no hemos podido alcanzarlo todavía. No obstante, sí logramos hacernos con dos libras de maní que tostaré y serán de mucha ayuda para los próximos días.

Al maní me une un afecto especial. Además de ser un alimento sabroso, versátil y muy beneficioso para la salud, a esta legumbre los cubanos le debemos mucho, especialmente durante los años duros de la crisis de los 90. Rebautizado como el "chicle cubano" por su popularidad, nos ha acompañado por décadas en las largas caminatas, las escuelas en el campo y las tardes después de volver a casa.

Producto estrella del mercado negro, el maní logró sobrevivir la estatización que se impuso en Cuba tras la tristemente célebre Ofensiva Revolucionaria de 1968, en la que se nacionalizaron hasta los cajones de los limpiabotas. El cucurucho con granos salados, el turrón azucarado o la posterior receta de garapiñado me ayudaron a aliviar los ardores del hambre muchas veces durante mi infancia y adolescencia.

Así que cuando Reinaldo se apareció con dos libras de maní que logró comprar este sábado en el cercano mercado del Ejército Juvenil del Trabajo de la calle Tulipán, tuve que sonreír y pensé "Aquí llega de nuevo San Maní, para salvarnos". Después de que lo tueste, lo usaremos para el desayuno y quizás para agregar también a algunas ensaladas o, si la suerte me sonríe y además encuentro albahaca, haré un pesto.

Con esto, ya no voy a arriesgarme en la cola del pollo, de la que intenté hacer una foto hace un par de días pero apareció un hombre diciendo que estaba prohibido y que podía llamar a la policía. Junto al covid-19 que hasta ayer se había cobrado en Cuba 34 vidas -según datos oficiales- otra de las víctimas de esta pandemia ha sido la poca libertad de expresión que habíamos logrado conquistar a fuerza de ejercerla.

El poder está aprovechando la emergencia para incrementar aún más la censura. Las multas por publicar en las redes sociales críticas o cuestionamientos a la gestión gubernamental de la crisis se han convertido en un instrumento para silenciar a los periodistas independientes, que son citados por la policía política para amedrentarlos.

Como si las mascarillas que ahora pueblan nuestras calles tuvieran que actuar también como mordazas

Es de esperar que en la medida en que las cifras de contagiados aumente y la crisis económica se agudice, las autoridades recortarán aún más las libertades de los ciudadanos. La prensa independiente está, sin duda, en el centro de esas intenciones. Como si las mascarillas que ahora pueblan nuestras calles tuvieran que actuar también como mordazas. La boca tapada, literal y metafóricamente.

Así que además de las colas, el calor y el coronavirus tendremos que lidiar con un aumento de la represión. Para enfrentar ese recorte aún más estricto de las libertades no sirven de nada los ventiladores, el pollo racionado-liberado ni el maní tostado, solo funciona la denuncia y el comportarse como una persona libre.

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