El miedo del Estado cubano ante una joven periodista de 22 años

Una comparación histórica con el regreso de los voluntarios cubanos de las Brigadas Internacionales participantes en la Guerra Civil española

Pérez tuvo que regresar este jueves a Costa Rica después de quedar varada durante varias horas en el Aeropuerto Internacional de Tocumen. (Facebook)
Pérez tuvo que regresar a Costa Rica después de quedar varada durante varias horas en el Aeropuerto Internacional de Tocumen. (Facebook)

El pasado 19 de marzo disfrutamos un verdadero show mediático, cuando la directora de Comunicación e Imagen del Ministerio de Relaciones Exteriores expuso a los cubanos la necesidad del Estado de defenderse de una joven de 22 años, aunque omitió algunos detalles.

Karla María Pérez González había acudido unas horas antes al consulado cubano, donde efectuó, y le cobraron, los trámites migratorios; compró el paquete turístico indispensable para el viaje y comenzó su feliz regreso a Cuba sin que se le comunicara prohibición alguna. Las autoridades gubernamentales esperaron la primera escala del vuelo para informarle su arbitraria deportación, dejándola literalmente en un limbo migratorio: sin patria y sin residencia. Incalificable por su premeditación y alevosía, es una actuación más de los esbirros de siempre.

A propósito de este caso, veamos un suceso del mismo ámbito migratorio, pero con una respuesta diametralmente opuesta por parte de nuestro Estado: el regreso a la patria en el verano de 1939 de los voluntarios cubanos de las Brigadas Internacionales participantes en la Guerra Civil española, entre los cuales se encontraban numerosos comunistas. Desde el inicio partieron "con el pie izquierdo". Los últimos de ellos llegaron a España coincidiendo con las gestiones para la retirada del conflicto de las tropas extranjeras, a partir de los Acuerdos de Múnich entre las potencias europeas, en septiembre de 1938.

¿Cuál fue la actuación de los comunistas criollos ante esa situación? Disfrutando de la libertad de asociación de la época, organizaron el Comité Pro Repatriación de los Combatientes Cubanos

A finales de ese año y principios del siguiente formaron parte del medio millón de exiliados republicanos que cruzaron los Pirineos en indescriptibles condiciones, para permanecer unos cien días en las miserables circunstancias de los campos de concentración organizados por Francia, país donde tampoco fueron bienvenidos.

Las Brigadas se organizaron mayoritariamente por el comunismo internacional (Komintern) y recibieron el apoyo directo del Gobierno de la URSS hasta unos meses antes de la derrota republicana, cuando Stalin se los retiró por no convenir a sus intereses políticos.

En el interior de su patria los brigadistas cubanos se enfrentaban a la pérdida automática de la ciudadanía por haber empuñado las armas en una nación extranjera sin permiso del Congreso cubano. Esa situación era una amenaza a la integridad de sus personas y un obstáculo para el Gobierno en caso de prestar ayuda oficial.

¿Cuál fue la actuación de los comunistas criollos ante esa situación? Disfrutando de la libertad de asociación de la época, organizaron el Comité Pro Repatriación de los Combatientes Cubanos, presidido por Sarah Pascual (llegaría a ser posteriormente la comunista cubana de mayor antigüedad en el partido). Por medio de actos públicos, manifestaciones, reuniones y otros "shows mediáticos" (como los llamaría hoy la funcionaria del Ministerio de Exteriores), lograron despertar los sentimientos humanitarios de los cubanos, entre ellos los de algunos abiertamente anticomunistas, y con ello ejercieron presión sobre el Gobierno.

Los comunistas criollos, mediante la presión popular sobre el Gobierno, lograron el humanitario regreso de cientos de ciudadanos cubanos, a pesar de ir explícitamente en contra de nuestras leyes

En respuesta, el Estado se hizo de la vista gorda legal, movilizó su personal diplomático en función de la repatriación, contrató fletes marítimos para la transportación y brindó asistencia médica en hospitales públicos a los heridos de entre las varias centenas de criollos repatriados.

Una frase de Eduardo Chibás pronunciada por aquellos días (fue partidario de la II República y favoreció el regreso de los nacionales), describe la humillación a que fueron sometidos los brigadistas: "Si los republicanos muertos en las trincheras de Madrid pudieran resucitar, levantarían el puño ensangrentado para pegarle en el rostro a Stalin, el Traidor".

Los comunistas criollos, mediante la presión popular sobre el Gobierno, lograron el humanitario regreso de cientos de ciudadanos cubanos, a pesar de ir explícitamente en contra de nuestras leyes.

Karla María no es familia para la mayoría de quienes lean esta denuncia, ni siquiera conocida. No hagamos, sin embargo, como cuenta el poema del pastor protestante alemán Martin Niemöller (atribuido a Bertolt Brecht): "Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, /porque yo no era comunista", no olvidemos que al final, cuando "vinieron a buscarme a mí, /no había nadie más que pudiera protestar". Hoy ocurrió a Karla María, mañana puede sucederle a un hijo de cualquiera de nosotros.

En cualquier caso, constato el miedo e incertidumbre del Estado cubano para que, con vileza y deliberación, haya debido "defenderse" de una joven mujer sin ningún antecedente ni potencial de convertirse en un peligro para la nación.

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