No hay paz bajo una orden de combate

Cuando hablan de "unidad", no hablan de Cuba, sino de su secta excluyente

Fue el régimen quien reaccionó el 11 de julio de manera cobarde, arrojando a sus hordas contra un pueblo desarmado y hambriento. (EFE)
Fue el régimen quien reaccionó el 11 de julio de manera cobarde, arrojando a sus hordas contra un pueblo desarmado y hambriento. (EFE)
Yunior García Aguilera

12 de julio 2023 - 21:30

Madrid/Hace dos años, aquel día parecía un domingo cualquiera. Muchos se preparaban para ver la final de la Eurocopa entre Italia e Inglaterra. Pocos podían imaginar que un volcán ciudadano estallaría, sacudiendo al país de un extremo al otro, en un efecto dominó sin precedentes. Aunque tampoco resultó una sorpresa.

La Tarea Ordenamiento había sido un caos absoluto para la economía. La pandemia y la obsesión del régimen por demostrarle al mundo que Cuba era una potencia médica generaron un desastre similar a la Zafra de los Diez Millones. Solo en 2021 murieron 55 mil cubanos más que en el año anterior, a pesar de que el régimen ofrecería cifras muy discretas de muerte por covid-19.

Por otro lado, el Movimiento San Isidro había logrado la empatía no solo de artistas y académicos reconocidos, sino también de los sectores históricamente marginados. La protesta delante del Ministerio de Cultura, el 27 de noviembre del año anterior, sentó un precedente importante de movilización cívica frente a la censura y la falta de derechos.

Esa narrativa se iría definitivamente por el tragante cuando se vieron obligados a permitir el acceso masivo a internet

El esquema político-social que llaman "Revolución" se había jactado siempre de contar con el apoyo de la inmensa mayoría de los cubanos. Los individuos o grupos que se atrevieron a hacer oposición durante las primeras décadas fueron fusilados, reprimidos, silenciados, encerrados o expulsados del territorio nacional. La narrativa del régimen se encargó de repetir hasta el cansancio que los disidentes eran "cuatro gatos", sin respaldo popular ni ideología propia, financiados todos por el Gobierno estadounidense. Y la mentira les funcionó durante un tiempo, hasta que su uso se volvió tan reiterativo que perdió toda verosimilitud.

Esa narrativa se iría definitivamente por el tragante cuando se vieron obligados a permitir el acceso masivo a internet. Desde ese momento, que nos llegó más tarde que al resto del mundo, los cubanos descubrimos una historia propia que nos había sido negada, chocamos con una literatura, un cine, un flujo de información que hasta entonces no habían logrado atravesar del todo la pared de la burbuja ideológica. En las redes sociales ya no se "hablaba bajito". La gente perdía el miedo a criticar, a informarse, a denunciar, a organizarse.

Cuando en 1994 ocurrió "el maleconazo", Fidel Castro todavía conservaba algo de carisma y autoridad, dos elementos imprescindibles para un dictador. Luego su hermano, con el mismo apellido y la misma sangre autoritaria, procuró mostrarse un poco más pragmático, permitiendo una ligera apertura económica, un acercamiento con la Administración de Obama y eliminando algunas prohibiciones realmente absurdas. Pero Díaz-Canel era un heredero bastardo, a quien los mismísimos generales consideraban un mequetrefe. Estaba claro que los cubanos no mostrarían ni reverencia ni temor ante un burócrata que aseguraba que la base de todo... era la limonada.

El régimen ha dedicado larguísimos editoriales para darle una explicación al 11J que les resulte cómoda

Pocos días antes del 11J recuerdo que viajaba con mi esposa en un taxi y el conductor comenzó a criticar abiertamente la pésima situación del país. De pronto se volteó y nos susurró algo como si fuera una verdad profética: "Estamos a esto –dijo, uniendo el índice y el pulgar– de que todo el pueblo haga lo mismo que hicieron los artistas frente al Ministerio de Cultura". Nunca subestimemos la sabiduría de un taxista.

En días recientes, el régimen ha dedicado larguísimos editoriales para darle una explicación al 11J que les resulte cómoda. Como siempre, insisten en adjudicarle el mérito a la CIA. Pero si fuese cierto que, detrás de tan masivas protestas, estaba el dólar, ¡ya podríamos pagar la deuda externa! Tampoco es verdad que el estallido fuese orquestado por grupos de oposición. La oposición histórica demostró no poseer ningún plan concreto, lo que demuestra la espontaneidad del suceso y el protagonismo de las muchedumbres silenciosas.

Fue el régimen quien reaccionó ese día de manera cobarde, arrojando a sus hordas contra un pueblo desarmado y hambriento. Fueron ellos quienes lanzaron la primera piedra ante reclamos totalmente legítimos.

Liberar a los prisioneros es visto únicamente como un "gesto" hacia el Gobierno estadounidense

Según sus editoriales, no parecen tener la intención de liberar a los presos políticos, a pesar de los múltiples reclamos de amplios segmentos de la sociedad civil cubana, de decenas de países e instituciones internacionales, incluso del Vaticano. Para el régimen, acostumbrado a ver a sus ciudadanos como moneda de cambio, liberar a los prisioneros es visto únicamente como un "gesto" hacia el Gobierno estadounidense.

Cuando hablan de "unidad", no hablan de Cuba, sino de su secta excluyente. Cuando hablan de "amor", lo hacen como el marido violento y tóxico que maltrata a su propia familia. No hay "paz" bajo una orden de combate.

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