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La tumba política de Trump se empezó a cavar en 1776

Columna

El actual presidente ha ignorado las reglas democráticas como no lo hiciera ninguno de sus predecesores, usando el tremendo poder que le fue concedido para intentar destruir algunas de las instituciones esenciales de su país

Donald Trump jura como nuevo presidente de Estados Unidos, este 20 de enero de 2025, en el Capitolio de Washington. / EFE/Kevin Lamarque
Federico Hernández Aguilar

01 de julio 2026 - 07:09

San Salvador/Cuando Donald Trump ganó de nuevo la presidencia de Estados Unidos, en noviembre de 2024, muchos analistas vaticinaron la destrucción de la democracia americana. Desde esta columna decidimos mejor otorgar un voto de confianza a la solidez de las ideas liberales sobre las que se fundó, hace 250 años, el moderno sistema republicano.

Por supuesto que había razones para alarmarse. La 47ª Administración de EEUU amenazaba ser caótica. El septuagenario Trump exhibía rasgos autoritarios cada vez más acusados y era obvio que sometería a su país –al planeta entero– a un estrés inédito. Luego el tiempo ha demostrado que los presagios sobre la falta de principios liberales del trumpismo estaban fundados. Poco más de un año y medio después, los hechos hablan: el actual presidente ha ignorado las reglas democráticas como no lo hiciera ninguno de sus predecesores, usando el tremendo poder que le fue concedido para intentar destruir algunas de las instituciones esenciales de su país. Si todo dependiera de los deseos de Trump, EE UU sería hoy una dictadura.

¿Por qué, pues, esa gran nación no ha colapsado? ¿Qué ha hecho que el sistema americano esté a pocos meses de demostrar, en noviembre próximo, que todavía no ha nacido el líder político con la capacidad (y el poder real) de imponer su voluntad por encima de esos dos siglos y medio de historia que se cumplen este 4 de julio? Las respuestas –las más profundas– debemos buscarlas en ese extraordinario documento adoptado justamente en esa fecha, pero de 1776: la Declaración de Independencia.

Si todo dependiera de los deseos de Trump, EE UU sería hoy una dictadura

Contrario a lo que mucha gente piensa, este preclaro ideario redactado en su mayor parte por el genio de Thomas Jefferson no marca el nacimiento de Estados Unidos tal como lo conocemos hoy. Solo 13 colonias lo firmaron, tras más de un año de guerra contra el Imperio Británico, y ni siquiera había consenso en torno a que aquella acta –alta traición contra la corona inglesa– fuera el mejor camino a seguir. El 1 de julio, por ejemplo, en la primera votación del documento, los delegados de Pensilvania y Carolina del Sur se opusieron, los de Nueva York se abstuvieron y los de Delaware evitaron pronunciarse. Los debates al interior de cada colonia eran intensos y divisivos.

La federación estadounidense que conocemos está conformada por 50 estados, pero antes que Alaska y Hawái fueran admitidos en 1959, las últimas incorporaciones –Oklahoma, Nuevo México y Arizona– se habían producido a inicios de siglo, entre 1907 y 1912. Por tanto, mucho más que el acta de liberación de un territorio concreto, la famosa Declaración de Independencia fue la propuesta de los valores considerados esenciales para conformar el gran país que sus fundadores concebían. Dicho de otro modo, antes de ser una potencia en los hechos, los americanos decidieron serlo en las ideas que justificaban su libertad.

Entender esto es muy importante, porque los Estados Unidos de América no nacieron como resultado de una configuración territorial, de una concepción tribal específica, de una afinidad idiomática o de una religión compartida. Como afirma el investigador Jerry Hendrix, del Instituto Sagamore, “los ciudadanos de este país son únicos porque su sentido de identidad nacional se deriva de ideas, más que de una base étnica o lingüística. En la medida en que existe una cultura estadounidense, esta se halla en eso que Tocqueville brevemente describió como individualismo estadounidense”.

La esencia de este individualismo, entendido desde la libertad, ha inyectado en el ADN del sujeto americano una envidiable perspicacia frente a ciertas manifestaciones del poder político. Esto se vio en 2024, en el apoyo a Donald Trump y el rechazo a Kamala Harris, pero también en la estrepitosa caída del primero en las encuestas de este año.

Aunque los ciudadanos todavía concedan al mandatario algunos puntos en favor de sus políticas migratorias, el repudio que causaron los asesinatos de Mineápolis ha reducido a mínimos el amplio respaldo que tenían estas medidas allá por enero de 2025. Posteriormente, con la ocurrencia de atacar Irán sin medir consecuencias, el Gobierno hizo que la reprobación se generalizara, ahora por razones económicas.

Este pésimo desempeño en los sondeos no solo es reflejo de los crasos errores de Trump: es producto de la dinámica cultural que ha hecho de la libertad uno de los valores fundamentales de la sociedad americana

Este pésimo desempeño en los sondeos no solo es reflejo de los crasos errores de Trump: es producto de la dinámica cultural que ha hecho de la libertad uno de los valores fundamentales de la sociedad americana. Y el embrión de esta resistencia, casi biológica, se encuentra en un primer párrafo de muy merecida celebridad en la Declaración de Independencia:

“Sostenemos como evidentes por sí mismas estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios, el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios…”.

En los últimos 250 años, en ninguna otra parte –ni siquiera en la Francia de 1789– se produjo algo similar. Y Trump, siendo americano, jamás lo entendió. Por eso su partido perderá las elecciones de noviembre próximo. Por eso el republicanismo de Estados Unidos prevalecerá también contra el presidente más autoritario de su historia.

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