El desabastecimiento de harina afecta a miles de negocios privados

Sin un mercado mayorista al que acudir, los trabajadores por cuenta propia están obligados a comprar en la red de comercio minorista

La industria molinera cubana atraviesa un mal momento por falta de materia prima y problemas con su infraestructura. (Imsa)
La industria molinera cubana atraviesa un mal momento por falta de materia prima y problemas con su infraestructura. (Imsa)

Primero faltó el huevo, después le tocó el turno a la azúcar y ahora es la harina de trigo la que se ha sumado a la lista de productos deficitarios en los mercados cubanos. El valioso ingrediente es la base de muchas recetas que se venden en los negocios privados, como dulces, panes y pizzas, por lo que su ausencia pone en crisis las ofertas de estas cafeterías y paladares.

Los problemas comenzaron a mediados de este año, cuando la falta de piezas de repuesto para los molinos y una caída en la llegada de la materia prima provocaron el desabastecimiento de harina de trigo, según declaró entonces a la prensa oficial Jesús Rodríguez, vicepresidente primero del Grupo Empresarial de la Industria Alimentaria (GEIA).

Tras la crisis que generó el déficit del producto en los mercados durante varias semanas, las autoridades decidieron importar 15.000 toneladas adicionales para garantizar la confección del pan del mercado racionado y el destinado a la asistencia social. Sin embargo, las tiendas en pesos convertibles quedaron relegadas en la distribución.

Sin un mercado mayorista al que acudir, los trabajadores por cuenta propia están obligados a comprar en la red de comercio minorista. “Hace unos meses podíamos todavía encontrar la bolsa de harina de cinco kilogramos pero ahora ni siquiera aparece la de un kilogramo”, lamenta Jesús Ruiz, un vendedor de dulces en la calle Infanta de La Habana.

“La harina es para nuestro negocio el ingrediente principal, porque los pasteles, las panetelas y todos los otros dulces que vendemos se hacen a partir de harina”, explica a 14ymedio el emprendedor. “Cuando falta, solo podemos quedarnos abiertos vendiendo refrescos y batidos, por lo que tenemos muchas pérdidas, es como si nos quitaran el oxígeno que nos permite respirar como cafetería”, apunta.

Tradicionalmente muchos propietarios de negocios privados acuden al mercado negro para abastecerse de harina

Tradicionalmente muchos propietarios de negocios privados acuden al mercado negro para abastecerse de harina. El producto llega a las redes informales de comercio después de ser desviado de las panaderías del sistema racionado y otros centros estatales. Sin embargo, el déficit de los últimos meses ha recrudecido los controles administrativos y disminuido notablemente la oferta ilegal de harina.

El desabastecimiento del crucial ingrediente “no va a tener una solución a corto plazo”, informó a este diario un empleado del molino José Antonio Echevarría de La Habana, uno de los principales centros de procesamiento de trigo en el país. La fuente, que prefirió el anonimato, achaca el déficit a la “pésima situación de la infraestructura” de la industria.

“No han llegado las piezas de repuesto que estábamos esperando y el molino está muy por debajo de su capacidad, solo se está moliendo para satisfacer la demanda de los servicios subsidiados, como el pan de la libreta y el que se destina escuelas o centros laborales”, aclara. “De las 500 toneladas diarias que esperábamos estar procesando a estas alturas del año, no estamos haciendo ni la quinta parte”.

“Pero no son solo problemas con piezas, sino que el servicio de transportación del cereal a través de los Ferrocarriles de Cuba y otros medios no está funcionando bien”, agrega el trabajador del molino. “A veces se nos queda la mercancía en los almacenes y se deteriora porque no vienen a buscarla a tiempo”. No obstante, subraya que toda la situación se ha recrudecido en las últimas semanas por falta de materia prima.

“No hay dinero para comprar trigo y aunque tuviéramos una industria de puntería con todos los equipos nuevos, no se pueden hacer milagros si no hay productos para meter dentro de los molinos”, precisa. “La harina de trigo está considerada un renglón estratégico y si aquí estamos así, qué quedará para otras industrias que no están priorizadas”, cuestiona.

Algo similar ocurre con la industria Turcios Lima, también de la capital, que desde hace años no logra recuperar las 130 toneladas de harina que obtuvo una vez en cada jornada. Los otros tres molinos, de los cinco que tiene el país, se ubican entre Matanzas, Cienfuegos y Santiago de Cuba, todos ellos con un estado técnico deteriorado.

En la cartera de oportunidades para la inversión extranjera se incluye el montaje de un molino de trigo para procesar 300.000 toneladas de trigo al año por una valor de 120 millones de dólares pero la oferta ha despertado poco interés hasta ahora.

“Los más afectados son los negocios que venden comida italiana”, asegura Ricardo Valdés, mensajero de un restaurante especializado en pizzas y pastas en el barrio chino habanero

“Los más afectados son los negocios que venden comida italiana”, asegura Ricardo Valdés, mensajero de un restaurante especializado en pizzas y pastas en el barrio chino habanero. “Las reservas de harina que teníamos para cualquier emergencia se nos están acabando y no sabemos si vamos a poder llegar a fin de año abiertos”, explica a este diario.

En la Industrial Molinera de la Habana, ubicada en el municipio Regla, los teléfonos no han parado de sonar estas últimas semanas con llamadas de cuentapropistas preocupados por el suministro del producto. La entidad mixta, especializada en harinas, sémolas y salvado de trigo, gestiona la mayor parte de la mercancía que termina en los anaqueles de las tiendas en pesos convertibles.

En el último año también han llegado estos comercios otros paquetes de harina de factura foránea, proveniente en su mayoría de Italia y España, pero también México. “Tampoco tenemos ahora harina extranjera porque se nos acabó aunque es más cara que la de producción nacional”, asegura una empleada del mercado La Puntilla, uno de los mejor surtidos de la capital.

“Cuando sacamos unos pocos paquetes enseguida se acaban porque se los llevan los cuentapropistas”, precisa la trabajadora del local. “Hemos tenido que poner límites a las compras para que la gente no pueda llevarse 10 o 20 paquetes de una sola vez, pero eso no soluciona el problema”.

A poco metros de allí, un negocio privado ofrece empanadas, pizzas y churros. “Vamos a estar abiertos hasta que se nos acabe el último saco de harina que nos queda pero después tendremos que cerrar”, asegura el dueño. El trabajador por cuenta propia cree que una solución podría ser que les permitieran importar el producto de manera privada. “Pero esos sería pedir mucho porque no nos permiten la importación comercial”.

Todo el extenso entramado de negocios, timbiriches, puntos de venta y restaurantes más sofisticados, que operan a base de harina, aguardan porque el Estado logre reflotar la producción o permita que los privados puedan traer el básico ingrediente desde otros países.

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