‘El niño que vuela’

Como suele ocurrir en el ambiente teatral habanero, solo los enterados sabían que en la sala Tito Junco del Bertolt Brecht se exhibiría el miércoles y el jueves la obra El niño que vuela, dirigida por Eric Morales. La expectativa se fundamentaba, entre otros factores extraartísticos, en que se trataba del mismo autor que había dirigido Kera o La hija del carnicero, una polémica pieza que en su momento recibió el indiscutible galardón de la censura.

La nueva adaptación de la versión original del alemán Roland Schimmelpfennig venía precedida por los rumores de no haber sido del agrado de los funcionarios del Consejo de Artes Escénicas, quienes llegaron a comentar que El niño que vuela tenía problemas ideológicos, con el añadido de que no era lo necesariamente comprensible. Tan fuerte fue la presión que algunos técnicos declinaron participar para que su nombre no apareciera vinculado al proyecto.

Con semejantes antecedentes daba la impresión de que la puesta en escena sería un manifiesto político, un pasquín antigubernamental o un panfleto insurreccional, sobre todo cuando se filtró que la adaptación, a cargo de Conrado Morales (Konrad), ubica los hechos en la Plaza de la Revolución.

La nueva adaptación de la versión original del alemán Roland Schimmelpfennig venía precedida por los rumores de no haber sido del agrado de los funcionarios del Consejo de Artes Escénicas

Nada parecido. La historia transcurre en la víspera de un 28 de enero, cumpleaños de José Martí, en la que seis actores interpretan indistintamente a los niños que llevan flores al apóstol a los pies de su colosal monumento, a los padres de esos niños, quienes protagonizan una infidelidad matrimonial; a un grupo de hombres-topos que cavan un túnel por debajo de la Plaza de la Revolución, y de manera tangencial a los jóvenes que esa misma noche portarán antorchas en una marcha entre militar y divertida.

De fondo, la canción Clave a Martí, compuesta a inicios del siglo pasado y sobre cuya autoría los especialistas no acaban de ponerse de acuerdo. La letra de la tonada, censurada en Cuba por décadas y tema musical de la emisora Radio Martí, resonó en la pequeña sala teatral habanera con los versos: "Aquí falta señores, ay, una voz,/ de ese sinsonte cubano,/ ese mártir hermano que Martí se llamó/ (...) Martí no debió de morir, ay, de morir".

En la representación de la pieza se derrocha talento actoral, de la mano de intérpretes como Inima Fuentes, Leonardo Pérez, Anniet Forte, Lynn Cruz, Emmanuel Correa y el propio director, que sube a escena encarnando a uno de los personajes.

Durante la función ocurrieron dos cortes eléctricos que dejaron totalmente a oscuras la sala. Los apagones provocaron la solidaridad de muchos espectadores que usaron las pantallas de sus móviles para iluminar el escenario y que los actores no tuvieran que interrumpir la obra.

El niño que vuela. (14ymedio)
El niño que vuela. (14ymedio)

Al concluir la presentación de este jueves, Eric Morales se vio rodeado por una nube de admiradores de su trabajo ante los que comentó que llevaba planeando la obra desde diciembre del pasado año. "Me han cerrado bastante aquí, en el Bertolt Brecht, debido a la repercusión que tuvo mi pieza anterior, La hija del carnicero, la cual fue censurada. En silencio, pero censurada".

El director dejó claro que es "el Consejo Nacional de las Artes Escénicas quien toma las decisiones de si una obra se programa o no y fueron ellos quienes decidieron que El niño que vuela solo tendría dos funciones. Evidentemente no estaban contentos con el resultado".

Morales niega estar buscando reivindicarse ante las autoridades del sector artístico

Morales niega estar buscando reivindicarse ante las autoridades del sector artístico. "No tengo nada que limpiarme porque nunca he estado sucio. Estoy haciendo arte. Esta obra se basa en la historia de un matrimonio que está en crisis y llevan a su hijo a rendir culto a José Martí, pero al mismo tiempo ambos están cometiendo infidelidades. En medio de eso ocurre una tragedia inesperada", afirma.

No obstante, aclara que "la presencia de José Martí en la obra puede ser catalogada de cualquier cosa menos de antimartiana, de hecho es una alabanza al Apóstol, el más grande símbolo de los cubanos".

Morales aprovechó para transmitir su satisfacción con el equipo que participó en la obra, los actores y los técnicos, especialmente con Oswaldo Cano que le dio asesoría. "Todo lo hemos hecho con el corazón. También estoy complacido con el público que en estos dos días ha tenido una reacción muy buena hacia la obra", añadió.

El inquieto director ya piensa en nuevas propuestas. Ahora planea un unipersonal bajo el título El hombre que sueña. Solo falta por ver cómo van a reaccionar los burócratas del Ministerio de Cultura... que rara vez sueñan.

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