Traiciones

Hace ya mucho tiempo leí, no recuerdo dónde, una frase que decía: “Cuando tengas que elegir entre dos traiciones reconocerás que estás perdido”.

El apelativo de traidor ha sido usado indiscriminadamente en Cuba durante el último medio siglo, por parte del aparato propagandístico gubernamental, para descalificar a todo aquel que expresa su inconformidad con la política del partido comunista o contra aquellos funcionarios, artistas, deportistas, médicos que han tomado la decisión de abandonar alguna “misión” en el extranjero, con el propósito de reiniciar su vida fuera de Cuba.

En la mayoría de los casos estas decisiones conllevan dramas familiares y la reubicación del “desertor”, a veces de forma temporal, otras de manera definitiva, en una plaza laboral muy alejada de sus capacidades y ambiciones personales. Sin embargo, la hemorragia de talentos no se detiene y por momentos aumenta de forma amenazante. 

Si Cuba no hubiera perdido todo el potencial creativo que ha optado por la emigración, hoy seríamos uno de los países de más alto capital humano en el mundo. Porque, lamentablemente, los que se marchan son los más emprendedores, aquellos con el imprescindible grado de autoestima para creer, equivocados o no, que pueden sobrevivir y avanzar en un entorno competitivo.

Todos ellos tuvieron que elegir entre dos traiciones, la que supuestamente les hicieron al sistema que los formó y la que se hubieran hecho a sí mismos, si hubieran continuado siendo fieles a un proyecto en el que habían dejado de creer.

Si Cuba no hubiera perdido todo el potencial creativo que ha optado por la emigración, hoy seríamos uno de los países de más alto capital humano en el mundo

Luego de haber ensayado todas las arbitrariedades posibles para evitar que los médicos abandonaran el país, el gobierno cubano acaba de anunciar que  “Los profesionales de la salud (…) tienen la oportunidad, si así lo desean, de reincorporarse a nuestro Sistema Nacional de Salud” y de manera paralela se dieron a conocer otras modificaciones migratorias para aumentar las causales de repatriación a otros emigrados sobre los que pesaban restricciones.

Ahora en un gesto que se promueve como un acto de generosidad de la revolución, se intenta volver a colocar a los cubanos que una vez escaparon en busca de mejores destinos, en la situación de revertir lo que el gobierno calificó de traición pero que en la mayor parte de los casos solo fue renunciar a llevar una máscara.

La pregunta es por qué no se acaba de una vez de abolir todas las absurdas restricciones migratorias; por qué los cubanos no pueden ver en su Patria el hogar seguro y acogedor a donde regresar y volver a salir cada vez que quieran y por el tiempo que mejor les convenga.

El gobierno cubano es el que está perdido, no porque tenga que elegir entre dos traiciones, sino porque no puede permitirse el lujo de optar por el respeto a los más elementales derechos. No les queda otra que cambiarlo todo o seguir comportándose como vulgares dictadores.

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