Un manager-bomba para lo que debiera ser un partido amistoso

Víctor Mesa
El mentor de Matanzas, Víctor Mesa.

Tanta importancia simbólica tiene para el Gobierno cubano el partido amistoso con el Tampa Bay Rays -al que asistirá el presidente norteamericano Barack Obama- que tiene a una preselección de nada menos que 41 peloteros entrenando desde hace una semana bajo la supervisión de probados expertos, además de que se está remozando el estadio Latinoamericano para dejarlo como hace muchos años que no estaba.

Los peloteros de la preselección y millones de aficionados han esperado con ansiedad el nombre del que iría al frente. La Federación Cubana de Béisbol (FCB) había prometido que lo daría a conocer el 7, y solo ayer martes cumplió su palabra.

Que Víctor Mesa sea el elegido para tan esperadísimo partido no es sorpresa para nadie, pues ha sido el mentor de Matanzas, el equipo que, tras una actuación muy destacada, encabeza el cuarteto que va a la postemporada de la Serie Nacional. Muchos conocedores opinan que lo más adecuado y racional hubiera sido, no preparar un "superequipo" para el tope, sino designar a cualquiera de los cuatro semifinalistas, y cómo no, a Matanzas, con Víctor Mesa al frente.

Pero los caminos de la FCB no son nuestros caminos, por indescifrables y retorcidos. En la nota donde anunció su decisión, enumeraba los méritos de la antigua Explosión Naranja, como si hiciera falta recordar a alguien en Cuba las cosas buenas de Mesa. Claro, solo se pretendía hacer olvidar que el flamante manager acaba de ser multado por agredir a un aficionado en Pinar del Río.

Aun para la norma cubana, Víctor Mesa parece excesivo ahora. Excepto si de simbolismo se trata, para mostrar al presidente Obama una alegoría viviente del poder revolucionario

Cualquiera diría que son "cosas de Cuba", donde los agraciados por el poder no rinden cuentas a nadie ni tienen que ser ejemplos de ciudadanos, pues para eso hay millones de ciudadanos de a pie so pena de recibir todo el peso de la ley y otros pesos superpesados.

Pero es que, aun para la norma cubana, Víctor Mesa parece excesivo ahora. Excepto si de simbolismo se trata, para mostrar al presidente Obama -a quien ya se le ha advertido de que no deberá venir a apabullar al machísimo régimen- una alegoría viviente del poder revolucionario, con toda su prepotencia, su insensatez, su irrespeto por las personas, su matonismo que no reconoce errores.

El repertorio del "profesor" -como se hace llamar Mesa por sus subordinados- es vastísimo: no solo ofende a los árbitros, sino que puede también echarles tierra en los ojos; tiene una lengua mucho más veloz que su pensamiento, que se basa en improvisar según el momento; puede bravuconear a la prensa y a cualquiera que no sea del cacicazgo supremo; puede hacer todas las brujerías que quiera con su bilonguero dilecto sentado en el dugout, y, de paso, puede usar las obscenidades que le parezcan más adecuadas contra sus rivales y hasta contra sus propios jugadores.

Quien llegara a ser en una época un jugador objeto de culto en el país devendría el manager menos querido que ha guiado un equipo nacional. Mesa, por los pobres resultados que había obtenido y por su mala relación con los jugadores, fue despedido en 2010 del equipo de la liga mexicana que dirigió durante un tiempo.

Que nadie lo confunda con un rebelde o un irreverente. Este “zar de la pelota cubana” jamás tendría ni el coraje ni la rectitud moral de un Alfonso Urquiola

Que nadie lo confunda con un rebelde o un irreverente. Este "zar de la pelota cubana" jamás tendría ni el coraje ni la rectitud moral de un Alfonso Urquiola, el talentoso y admirado exmanager de Pinar del Río que denunció públicamente la trama de corrupción, nepotismo y caudillismo que hace cuerpo en esa FCB que tanto celebra a Mesa y cuyos hilos maneja la mano dorada de Antonio Castro.

De que es el más mediático de todos los miembros del béisbol cubano a nadie le caben dudas. Y menudo show que tendrá ante él. Una de las mayores superproducciones en los últimos decenios de nuestro Hollywood político, loco de amor-odio hacia todo lo que encarna Obama.

En la televisión, una periodista ha dicho, en referencia a la demora de la FCB para decidirse por un manager, que "el momento que vive la pelota cubana no es como para darse el lujo de incoherencias, indecisiones y dudas" y que "tiene que ser un trabajo mucho más serio, pensante y que ponga en la balanza las necesidades reales del deporte nacional cubano, que amerita más respeto y amor".

Pero es que, cuando se habla del "mayor espectáculo nacional" hay que saber a qué espectáculo uno se refiere y recordar que una cosa es lo que piensa el borracho y otra lo que piensa el bodeguero.

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