La Habana impide avances en la política de Obama hacia Cuba

El presidente de EE UU, Barack Obama, y su homólogo cubano, Raúl Castro, este lunes en el Palacio de la Revolución de La Habana. (Casa Blanca)
El presidente de EE UU, Barack Obama, y su homólogo cubano, Raúl Castro, en marzo en el Palacio de la Revolución de La Habana. (Casa Blanca)

Paradojas de la historia: EE UU y Cuba comenzaron un proceso de normalización de relaciones el 17 de diciembre de 2014 y con la visita del presidente Barack Obama a La Habana en marzo del 2016, encaminada a ampliar y profundizar lo alcanzado, vino la contraofensiva de Fidel Castro para ponerle freno con su irónica reflexión "el hermano Obama".

Desde entonces no solo en La Habana pisaron el stop al proceso de acercamiento con el "enemigo principal", difícil por naturaleza propia, sino que aumentó la represión del Gobierno contra la oposición y el pensamiento diferente y comenzó el avance de las posiciones en contra de las reformas iniciadas y lentamente desarrolladas desde la llegada de Raúl Castro al poder.

El momento de la clara retención del proceso puede ubicarse en el VII Congreso del Partido Comunista (PCC), donde se refrenda el estatalismo asalariado como el eje del sistema económico y el partido único como base del sistema político, al tiempo que se posterga la esperada renovación en la cúpula gobernante.

El momento de la clara retención del proceso puede ubicarse en el VII Congreso del Partido Comunista

Los documentos de la "conceptualización" y el Plan hasta el 2030 vinieron a refrendar el estancamiento y las exposiciones recientes de Raúl Castro y otros diputados, llamando a enfrentar la crítica situación que se avecina con más de lo mismo. En la última sesión de la Asamblea Nacional, acaban de marcar sin ambages el rumbo anti-reformista asumido.

Todo este encaracolamiento del estatal-socialismo viene acompañando del declive de la ola autoritaria-populista en América Latina, especialmente de la crisis venezolana.

Mientras, el tira y encoge en el Congreso de EE UU a favor y en contra de los cambios en la política hacia Cuba parecía favorecer la de Obama. Más recientemente, en la Cámara de Representantes han empezado a ganar terreno los partidarios de no aflojar las cuerdas del embargo-bloqueo gracias a que el Gobierno cubano ha reaccionado abiertamente contra la nueva política, por el miedo a que un avance del acercamiento termine en un control norteamericano sobre la economía y la sociedad cubanas, como si el "sueño americano", no tuviera ya enajenada a una gran parte de la población de la Isla.

En este sentido, Mario Díaz-Balart, miembro del Comité de Asignaciones de la Cámara, declaró a El Nuevo Herald que "hay apoyo bipartidista en la Cámara para fortalecer las sanciones contra el régimen y rechazar la política de apaciguamiento a la dictadura".

Sin embargo, la contra-reforma en marcha entra en abierta contradicción con la política económica del Gobierno isleño que se pretende beneficiar del dinero que llega y esperan del intercambio con EE UU y especialmente el de su turismo, sobre todo ahora que el Gobierno de Venezuela está en peores condiciones para seguir enviando petróleo a Cuba.

La contra-reforma en marcha entra en abierta contradicción con la política económica del Gobierno isleño que se pretende beneficiar del dinero que llega y esperan del intercambio con EE UU

Ya se anuncian medidas que claramente recuerdan los peores momentos del llamado Período Especial, nunca terminado. Se querrá culpar al imperialismo "por haber puesto en crisis los precios del petróleo y por desestabilizar la revolución bolivariana", cuando nadie tiene dudas de la oposición del partido-Gobierno-Estado a emprender verdaderas reformas económicas de fondo, a realizar consecuentes avances en las relaciones con EE UU y a aliviar las presiones del ambiente político interno.

Con esas políticas, el Gobierno cubano está contribuyendo a que se consoliden en el Congreso de EE UU las posiciones contrarias al aflojamiento del embargo, que son directamente proporcionales a las políticas fidelistas de La Habana, las que se reafirman en el aislamiento y en la proclamación de su "antiimperialismo", mientras que huye como el diablo de la cruz ante el acercamiento, el diálogo y el intercambio.

El más reciente pulso entre ambas fuerzas acaba de tener lugar cuando el Gobierno cubano se negó a permitir la entrada a la comisión estadounidense encargada de comprobar las condiciones aeroportuarias en la Isla y un grupo de legisladores presentaba un proyecto de ley para bloquear los viajes a Cuba hasta que se cumplan las normas de seguridad necesarias.

La Administración de Seguridad de Transporte (TSA) de EE UU dijo que no permitirá vuelos a Cuba hasta que no esté convencida de que los aeropuertos de la Isla son tan seguros como los del resto del mundo.

Si alguien tenía dudas, este hecho es la comprobación más reciente de cómo el Gobierno cubano, mientras muestra una cara negociadora, en la práctica obstaculiza cualquier avance en la normalización de relaciones. Pero no importa la culpa del nuevo Periodo Especial, de que no se logren avances en las relaciones, de que no llegue el turismo salvador seguirá siendo del bloqueo de EE UU.

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