Una 'drag queen' pisa fuerte en tierra católica

El pasado 27 de febrero Borja Casillas resultó ganador en la vigésima Gala Drag Queen del carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. Su actuación como Drag Sethlas, en la que aparecía ataviado de Virgen María y de Cristo crucificado, ha sido una de las más polémicas hasta la fecha. No fue accidental. En declaraciones posteriores al acto Borja Casillas dijo que "buscaba polémica" y que lo había conseguido.

Acertó en todo: tanto en darle al público lo que quería –resultó ganador gracias al voto popular–, como en adivinar la reacción de los sectores más conservadores de la sociedad española. Instituciones políticas y religiosas no han podido evitar sentirse ofendidos por su actuación.

El obispo Francisco Cases dijo estar "viviendo ahora el día más triste de su estancia en Canarias" y el pasado viernes celebró una eucaristía en la Catedral de Santa Ana para pedir perdón por el acto. Flora Marrero, del partido Coalición Canaria, y concejal en La Laguna (Tenerife), consideró la actuación como una falta de respeto a la religión católica y a los creyentes, entre los que se incluía.

Aunque puede que lo que más molestase a quienes se sintieron ofendidos no fuese el vestuario que eligió para su actuación, sino algunas frases supuestamente obscenas que la acompañaron. "¿Quieres mi perdón? Agáchate y disfruta, siéntelo en tu boca", llegó a decir. La ambigüedad se presta a la interpretación sexual, pero también a un sentido más literal del concepto de perdón, que la Iglesia predica con frecuencia y que también ha tenido que aplicar a sí misma.

La Iglesia, como institución, sigue haciendo demostraciones de fuerza, pero el mayor síntoma de su debilidad es su extrema sensibilidad para la ofensa

Borja Casillas eligió la temática perfecta para resultar ganador de la gala. La Iglesia Católica sigue teniendo un peso importante en la sociedad, pero no es ni de lejos lo poderosa e influyente como era hasta hace no mucho tiempo, por lo que resulta más fácil meterse con ella sin que las represalias suelan ir más allá, salvo casos puntuales.

Desafortunadamente, esta vez se ha dado uno de esos casos excepcionales. Este lunes la Fiscalía Provincial de Las Palmas ha abierto una investigación penal contra Borja Casillas por una presunta comisión de un delito contra los sentimientos religiosos, tras una denuncia de la Asociación de Abogados Cristianos. Ese mismo día, el alcalde de Las Palmas de Gran Canaria declaró que esperaba que todo el suceso "quedase en nada".

La Iglesia, como institución, sigue haciendo demostraciones de fuerza, pero el mayor síntoma de su debilidad es su extrema sensibilidad para la ofensa. A fin de cuentas, quien se mantiene a la defensiva solo puede mostrarse herido y atacado.

Con su actuación, Drag Sethlas mostró perspicacia para conseguir lo que se proponía, pero también demostró ser más demócrata que todos aquellos que le increparon por haber usado la libertad de expresión para supuestamente burlarse de sus creencias; y lo más importante aún, supo enmarcarlo en un contexto único como es un carnaval.

Borja Casillas dijo que le dio a la gente algo que tenía ganas de ver. A todos. Le dio a la audiencia que le apoyó la posibilidad de desinhibirse, pero también le ofreció a algunos sectores del catolicismo la posibilidad de la ofensa para reafirmarse en sus creencias.

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