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Castro, exégesis del totalitarismo

Fidel Castro con Leonid Brezhnev en la URSS. (CC)
Pedro Corzo

01 de agosto 2022 - 11:49

Miami/En estos días colindantes con el 26 de julio, obra de Fidel Castro, es apropiado reflexionar sobre el individuo que influyó profundamente en un amplio sector del pueblo cubano, al extremo de que destruyó la República y ha puesto en riesgo la nación.

Su control sobre la sociedad cubana puede catalogarse de absoluto. Fue un virtual dueño de vidas y haciendas que no rendía cuentas a ninguna instancia superior. Un sujeto que ordenaba matar a sus enemigos, a los que liberaba si un político influyente de Estados Unidos lo visitaba y le pedía su excarcelación.

Más allá de su militancia en una doctrina o su actuación por intereses, este sujeto funcionó con el único objetivo de tomar el poder y perpetuarse en el mismo. Por sus proyectos y desempeños, es fácil concluir que siempre se consideró un iluminado, capaz de romper los moldes sociales e instaurar nuevos.

Aunque no faltan quienes afirman que Castro fue un marxista operativo, condición de la que no dudo, me atrevo a agregar que, en gran medida, fue capaz de construirse a sí mismo tal y como lo hizo Adolfo Hitler

Aunque no faltan quienes afirman que Castro fue un marxista operativo, condición de la que no dudo, me atrevo a agregar que, en gran medida, fue capaz de construirse a sí mismo tal y como lo hizo Adolfo Hitler, a quien considero la personalidad histórica más parecida al caudillo cubano.

El tirano alemán se unió a un grupo político que le pareció manejable; el autócrata caribeño formó una banda que le sirvió ciegamente.

Ambos eran de temperamento ambicioso, sin escrúpulos y con voluntad de hierro. Hombres convencidos de un destino superior, que se consideraban asistidos por una poderosa entidad.

La proyección internacional de los dos fue más que notable. Castro se orientó en primer lugar hacia el Caribe y Hitler a los territorios próximos a su frontera, como los sudetes checo y austriaco. Después las ambiciones crecieron, para las cuales eran vitales los aliados extranjeros, desarrollando una política exterior muy activa con el único objetivo de extender lo más posible sus respectivas influencias y poderío.

Estaban obsesionados con que el ciudadano trabajara sin descanso, aunque nunca desarrollaron una labor productiva. Castro creó campos de trabajo que fueron el propio infierno, como certifica el ex prisionero político Roberto Jiménez, en su crónica sobre el plan de trabajo forzado "Camilo Cienfuegos", en Isla de Pinos.

Uno y otro pretextaban amar a sus respectivos países, pero por su conducta se puede inferir que odiaban profundamente la tierra en que nacieron, porque condujeron tanto a Alemania como a Cuba a una casi total destrucción en el aspecto material y humano.

Compartían un feroz desprecio por quienes los adversaban. Hitler calificaba de cucarachas a la oposición, Castro les decía gusanos, dos formas despectivas en la que buscaban eliminar la condición humana de quienes retaran sus mandatos.

Castro, quizás por la experiencia de su antecesor, que se alió a un régimen más débil que el suyo, el del fascista Benito Mussolini, se buscó un aliado poderoso: la extinta Unión Soviética, que le brindó una ayuda masiva a cambio de transformar la Isla en su base en el Caribe, a lo que sumó los servicios internacionales que las fuerzas armadas cubanas prestaron por décadas a Moscú.

Castro, quizás por la experiencia de su antecesor, que se alió a un régimen más débil que el suyo, el del fascista Benito Mussolini, se buscó un aliado poderoso: la extinta Unión Soviética

Los dos caudillos nunca temieron llevar al mundo a una guerra mundial. Hitler lo hizo; Fidel Castro, como uno de los protagonistas más agresivos de la Guerra Fría, impulsó a sus aliados del Kremlin a instalar misiles con capacidad atómica en Cuba, llegando a sugerir al jefe del Kremlin que realizara un ataque nuclear preventivo contra Estados Unidos.

Castro organizó un núcleo de acción a su imagen y semejanza que le fue extremadamente leal. Hitler creó las "camisas pardas". Fidel organizó el fracasado ataque al cuartel Moncada que fue calificado por los comunistas cubanos de golpe putschista; por su parte, Hitler perdió en su intento de tomar la ciudad de Múnich, motivo por el cual fue a prisión, aunque por poco tiempo, teniendo allí la oportunidad de reflexionar y evaluar nuevas alternativas y escribir los que serían sus proyectos. Hitler redactó Mein Kampf y Castro, La Historia me absolverá, para muchos estudiosos, inspirado en la biblia nazi.

Los dos eligieron a sus enemigos. El primero identificó a Estados Unidos como el responsable de todos sus problemas; Hitler seleccionó al pueblo hebreo como enemigo de Alemania y responsable de todas las vicisitudes del país. Del terror las dos alas.

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