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Colombia en la disyuntiva

Cajón de Sastre

Los candidatos de mayores opciones en los próximos comicios colombianos representan opciones muy opuestas

Iván Cepeda, figura de la izquierda política colombiaba, representa el Pacto Histórico, que llevó a poder a Gustavo Petro / X @IvanCepedaCast
Pedro Corzo

05 de abril 2026 - 09:06

Miami/El último dictador que padeció Colombia fue el general Gustavo Rojas Pinilla, uno de los pocos mandatarios en la historia que renunció al poder, en 1957, iniciándose así un proceso hacia la alternabilidad democrática que, a pesar de las imperfecciones, sitúa al país entre las naciones decanas, solo después de Costa Rica, que efectúan elecciones generales periódicas, plurales y secretas.

Una información muy interesante de los tres países que salieron de regímenes de fuerza en los años finales de la década de 1950, Colombia, Venezuela y Cuba, es que solo el primero ha sido capaz de sostener la convivencia democrática gracias a que sus instituciones y la población, por lo que han logrado controlar las ínfulas dictatoriales de más de un caudillo.

Cierto que Colombia no es la república más estable ni donde más se respetan los patrones de la justicia. Además, ha padecido una subversión política de proporciones épicas y, lo que probablemente es peor, sufre como ningún otro el flagelo del narcotráfico, con todo lo que se deriva de esa actividad, factores que influyen negativamente en la paz social, obstaculizan el progreso y se prestan como caldo de cultivo para una ingobernabilidad sistémica.   

La población ha tenido la oportunidad de elegir a sus gobernantes, de equivocarse o atinar en su elección

Sin embargo, sus líderes políticos han honrado los compromisos electorales. La población ha tenido la oportunidad de elegir a sus gobernantes, de equivocarse o atinar en su elección, beneficio que el pueblo venezolano perdió en 1998 cuando votó por Hugo Chávez como presidente, a pesar de sus antecedentes golpistas, de sujeto que no respetaba la democracia. De igual forma, los cubanos vitorearon en las calles a Fidel Castro, creyendo en una renovada epifanía.  

Los golpistas y los conspiradores de oficio en una sociedad que respeta la alternabilidad electoral no creen en la libertad de elección. Quienes recurren a la violencia para alcanzar el poder en una sociedad plural en la que rige la democracia –la peor forma de gobierno, con excepción de todas las demás, de acuerdo con Winston Churchill– es muy probable que pretendan perpetuarse en él.

Abordo este tema porque Colombia, el próximo mes de mayo, se juega su futuro sin encontrarse en el dilema shakesperiano de votar o no votar. Tienen que votar, porque, de no hacerlo, puede resultar electo quien menos represente la voluntad popular.

El voto es un serio compromiso. Es un ejercicio cívico que nos garantiza la libertad y el respeto a nuestros derechos si acertamos; por el contrario, equivocarse, sea por pereza o pura indolencia, puede transformar nuestras vidas en un infierno.

Tienen que votar, porque, de no hacerlo, puede resultar electo quien menos represente la voluntad popular

Todas las elecciones son importantes, pero algunas pueden ser más trascendentes que otras y este es el caso de los comicios colombianos. Los chilenos recientemente se encontraron en una encrucijada similar: debían elegir entre un candidato de derecha, José Antonio Kast, o la comunista Jeannette Jara. En mi opinión tomaron el mejor camino, porque considero que las experiencias comunistas y socialistas han sido rotundos fracasos que inevitablemente conduce a sus propios electores a la pérdida de derecho y a la miseria más despiadada.

Los candidatos de mayores opciones en los próximos comicios colombianos representan opciones muy opuestas.

Iván Cepeda, figura de la izquierda política, representa el Pacto Histórico, una agrupación que llevó a la presidencia a Gustavo Petro, que, según los colombianos que conozco y lo que he leído, ha gobernado desastrosamente.

Cepeda, senador de la República que sirvió, en 2012, como facilitador del Acuerdo de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo (FARC-EP) suscrito por las partes en 2016, propone impulsar una transformación económica y social profunda.

Otro aspirante es Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, situado a la derecha, abogado, empresario, político y fundador de Defensores de la Patria

Otro aspirante es Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, situado a la derecha, abogado, empresario, político y fundador del movimiento Defensores de la Patria, quien ha expresado su respaldo al libre mercado y su firme compromiso con restablecer la seguridad pública, entre otras propuestas.

Según las encuestas hay un tercer candidato de relevancia, la abogada y senadora Paloma Susana Valencia Laserna, que representará en los comicios al Centro Democrático que lidera el expresidente Álvaro Uribe Vélez, siendo de los tres aspirantes más importantes la que representa el centro del espectro político nacional.

Sin dudas son candidatos que representan visiones políticas y hasta ideológicas muy opuestas. Personas competentes y, al parecer, capaces, lo que hace más complicada la tarea del electorado colombiano.

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