La manipulación del terror
Cajón de sastre
El recuerdo del 11-S y las amenazas de un extremismo que utiliza el miedo como instrumento de poder
Miami/Ha pasado más de un cuarto de siglo desde el día que Estados Unidos se conmovió hasta sus fundamentos. Dolorosa evidencia del resentimiento y odio que sienten gobiernos y personas hacia el país, que, con defectos, errores y numerosos aciertos, ha conquistado cotas que sus propios enemigos quisieran alcanzar.
El 11 de septiembre de 2001 permanecerá en la memoria colectiva de esta nación con parecida intensidad que el 7 de diciembre de 1941, ataque de Japón a Pearl Harbor. Son fechas que nadie podrá ignorar, porque fueron sucesos que marcaron un antes y un después para este país y el resto del mundo. Lo que pasa aquí, no se queda: le da la vuelta al planeta en segundos.
Me encontraba en la sala de redacción de Radio Martí. Los televisores estaban activos cuando alguien llamó la atención sobre el incendio en una de las desaparecidas torres. No creo que alguno de nosotros conjeturara que fuera un acto terrorista, convencimiento que nos atrapó cuando la segunda aeronave impactó la otra torre. Aquella fue una evidencia demoledora, creo que todos pensamos en las víctimas de aquel acto horrendo mientras nos percatábamos de que nadie está protegido del mal.
Lo más impresionante para mí fue la velocidad que adquirían aquellos ascensores y la fabulosa vista de la célebre manzana que, me temo, está en proceso de descomposición
Había visitado las torres unos meses antes. Fue una experiencia extraordinaria, pero lo más impresionante para mí fue la velocidad que adquirían aquellos ascensores y la fabulosa vista de la célebre manzana que, me temo, está en proceso de descomposición, tanto por las amenazas externas, como por el liderazgo ideológico que la conduce en la actualidad. Porque ver a la congresista Alexandria Ocasio-Cortez y al alcalde Zohran Mamdani riendo en plena ceremonia conmemorativa de los atentados, como si hubieran estado en un acto social, podría entenderse como un descuido o que no sienten el más mínimo respeto por la memoria de los que fueron asesinados por el terrorismo islámico.
La historia ha demostrado que una clase política equivocada puede hacer tanto o más daño que la conflagración más catastrófica. Y no tengo dudas, por experiencias, de que ambos políticos auspician el peor futuro para este país, porque sus propuestas han fracasado en todos los países que han llegado al poder. Aunque ellos, para justificarse, repitan como un mantra que el socialismo nunca ha sido construido.
Desde aquel aciago día el país ha cambiado mucho. Los actos terroristas no triunfaron en la medida de hacer que los gobiernos nos hagan vivir en estado de sitio. Pero el conocimiento de que el peligro es una constante, que los depredadores están al acecho, esperando la oportunidad para atacar causando los mayores daños posibles, es una realidad que no deja de lastrarnos.
Los conflictos, aunque son muy devastadores, en ocasiones son inevitables
La confianza del pasado se ha extinguido, haciendo más que necesarias las medidas de seguridad en todos los ámbitos, controles y chequeos que pueden molestarnos, pero nos protegen.
El terror es un eficiente medio de control y manipulación. La falta de escrúpulos de los terroristas es inconcebible. Son capaces de repetir crímenes horrendos como los del 11 de septiembre y superarlos. Su creatividad para el mal es ilimitada. Por eso los conflictos, aunque son muy devastadores, en ocasiones son inevitables.
Por ejemplo, en su momento fue forzoso el conflicto bélico con Afganistán, era el santuario de los criminales más crueles y refugio del peor de todos, Osama Bin Laden.
Teherán ha usado los recursos del país para forjar fuerzas que impongan su voraz apetito de poder en todas partes
En la actualidad, el trance bélico con Irán es más que pertinente. La dictadura teocrática de la antigua Persia no solo violenta a su propio pueblo colgando en grúas a quienes se les oponen o a aquellos que simplemente exponen públicamente su descontento, sino que atacan a sus vecinos o niegan la existencia de Estados, como hacen con Israel.
La teocracia iraní es el régimen que contraría más los valores de occidente, combinando diferentes recursos para imponer sus planes. Recurre a prácticas financieras, institucionales, militares y tecnológicas para aplicar formas de guerra asimétrica con el objetivo de desestabilizar a sus enemigos, mientras busca aliados en zonas de interés de Estados Unidos para tener oportunidad de atacar por la retaguardia. De ahí su estrecha colaboración con Cuba, Nicaragua, Bolivia y la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.
Teherán ha usado los recursos del país para forjar fuerzas que impongan su voraz apetito de poder en todas partes, como lo evidencian las acciones de Hezbolá, la organización joya de los ayatolás, que opera como milicia armada y partido político; los hutíes, en la costa occidental de Yemen que atacan a los aliados de Occidente con los recursos que Irán les suministra; y también a Hamas, que recibe armas y financiamiento del mismo patrón.