Cuba y la noche
Díaz-Canel y la odisea del cíclope
Cuba y la noche
Madrid/Tal vez Díaz-Canel escribió uno de sus últimos tuits después de ver una copia pirata de La Odisea, la película de Christopher Nolan. Lo curioso es que el mandatario parece haber confundido los personajes. Se imagina a sí mismo como Ulises, al Partido como la heroica embarcación y al pueblo cubano como millones de tripulantes dispuestos a soportar cualquier sacrificio. Sin embargo, basta volver a Homero para descubrir que, en esta versión caribeña de la historia, el poder se parece bastante más a Polifemo.
Este sábado, tras la nueva ronda de sanciones estadounidenses, Díaz-Canel proclamó que “somos millones escribiendo la gran odisea de la resistencia cubana”. La frase tiene aspiraciones de epopeya, aunque el escenario resulte menos cinematográfico. El país apenas se recupera del octavo apagón nacional en lo que va de año, con una economía exhausta y una población obligada a convertir la supervivencia cotidiana en una disciplina olímpica.
Hay, además, un detalle demasiado cruel en su tuit. El mandatario olvida que, en la historia de Homero, Ulises es el único de su tripulación que regresa vivo a Ítaca. A unos se los come el cíclope, a otros los lestrigones, seis acaban en las fauces de Escila y a los últimos los fulmina Zeus por sacrificar y comerse las vacas sagradas del Sol. Parece que Díaz-Canel aspira a ser el único superviviente de la odisea cubana para acabar en los brazos de su Penélope holguinera. Si esa es la analogía, el pueblo tiene derecho a exigir una aclaración.
Es un alivio saber que la alta jerarquía del Partido también hace largas colas para conseguir comida, camina kilómetros hasta sus oficinas y pasa las noches en vela, espantando mosquitos durante los apagones
Para completar la epopeya, el viceministro Carlos Fernández de Cossío aseguró recientemente que los dirigentes cubanos sufren las mismas penurias que el pueblo. Es un alivio saber que la alta jerarquía del Partido también hace largas colas para conseguir comida, camina kilómetros hasta sus oficinas y pasa las noches en vela, espantando mosquitos durante los apagones. El cinismo de Cossío alcanza aquí dimensiones homéricas.
Polifemo también se consideraba una víctima. Cuando perdió su único ojo, clamó contra Ulises e invocó la venganza de Poseidón. No contó, por supuesto, que antes había devorado a varios de sus compañeros. En la versión cubana, el Gobierno también reclama solidaridad universal, pero exige que el mundo llore las heridas del cíclope mientras aparta la mirada de los ciudadanos que lleva décadas devorando.
Cuando Polifemo pregunta por su nombre, Ulises responde "Nadie". Después de ser cegado, el monstruo grita que Nadie lo ha atacado y sus vecinos, naturalmente, no acuden a socorrerlo. En Cuba, Nadie también tiene una larga trayectoria política. Nadie protesta por cuenta propia. Nadie discrepa sin recibir instrucciones extranjeras. Nadie abandona el país por desesperación. Nadie puede cuestionar al Gobierno. Para el discurso oficial, todo ciudadano que escapa de sus categorías parece condenado a convertirse en una “no persona”, en Nadie.
Lo cierto es que el régimen cubano, de partido único, se parece demasiado a un cíclope. Y el problema de Polifemo no era únicamente anatómico, también era político. Veía el mundo desde una perspectiva única y consideraba que aquella mirada bastaba para comprenderlo todo. Nuestro cíclope tropical posee una capacidad semejante. Si falta electricidad, si no hay combustible, si los jóvenes emigran, si la producción de alimentos es un desastre, solo mira hacia una dirección: Washington.
¿Creerán en Washington que basta con lanzarle una pedrada al cíclope cada quince días para abrir la cueva?
Las sanciones existen y tienen consecuencias reales, pero no explican por sí solas todas las decisiones económicas, las prohibiciones ni los errores de gestión acumulados durante casi siete décadas. Además, las sanciones siempre tienen causas, no son el capricho de una entidad malévola y abstracta, llamada Olimpo.
Sin embargo, para no caer en la trampa de convertirnos nosotros en cíclopes, miremos también el otro ángulo. El 17 de septiembre, Estados Unidos anunció medidas contra ocho empresas de los sectores minero y militar y tres oficiales de las Fuerzas Armadas. El secretario de Estado, Marco Rubio, justificó la decisión como un intento de restringir los recursos de las estructuras militares cubanas. Pero ya el régimen parece haberse adaptado perfectamente a que, cada dos semanas, aparezca un nuevo paquete de sanciones. ¿Creerán en Washington que basta con lanzarle una pedrada al cíclope cada quince días para abrir la cueva?
Un aparato estatal acostumbrado a administrar la escasez dispone de mecanismos para trasladar los costes de la presión exterior a la ciudadanía. Puede reducir suministros, posponer inversiones, restringir importaciones y presentar los nuevos sacrificios como una contribución patriótica. La población, en cambio, no puede decretar que su refrigerador funcione sin corriente ni que sus hijos se resignen al hambre.
Mientras unos se concentran en lanzarle piedras al cíclope, otros ya están calculando cuánto vale su cueva
También merece atención la paradoja de quienes anuncian sanciones contra las estructuras económicas cubanas mientras otros actores estadounidenses exploran oportunidades de inversión ante una eventual transformación política de la Isla, según las informaciones publicadas en 14ymedio y The Guardian. Parece que, mientras unos se concentran en lanzarle piedras al cíclope, otros ya están calculando cuánto vale su cueva.
El conflicto entre Washington y La Habana tiene, por tanto, una dimensión que no cabe en los comunicados de ninguna de las dos capitales. Las sanciones pueden afectar recursos institucionales concretos, pero sus consecuencias sociales no pueden prolongarse tanto como el viaje de Ulises. Si el objetivo es liberar a Cuba del yugo castrista, el plan no puede reducirse a un paquete quincenal de sanciones.
Díaz-Canel asegura que millones de cubanos escriben una misma odisea. Pero una historia colectiva exige que sus protagonistas puedan intervenir en el argumento, discutir el rumbo y decidir el desenlace. De lo contrario, no estaríamos ante millones de autores, sino ante una manada de ovejas cuyo libreto se redacta desde una única esquina de la cueva.
Quizás la verdadera pregunta no sea cuánto tiempo podrá resistir el cíclope a las piedras que llegan del exterior, sino cuánto tiempo deberán permanecer los cubanos dentro de una historia que no pueden escribir a su antojo.
También te puede interesar
Lo último