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La influencia cultural de la ruleta en el panorama emergente del entretenimiento en Cuba

Para muchos cubanos, la ruleta evoca hoy una imagen histórica, asociada a épocas pasadas y a cierta idea de exclusividad.  / Canva

13 de febrero 2026 - 06:19

Si uno se fija, el ocio en Cuba nunca ha sido solo asunto de distracción. Dicen por ahí que, durante la colonia, la ruleta era la reina de las fiestas, protagonista de noches largas de tertulia y celebración. A pesar de todo eso, cuesta encontrar hoy ese viejo círculo giratorio en la vida cotidiana de la isla. 

La sociedad va inventando, o quizá rescatando, formas de pasar el tiempo libre; tal vez es otra cosa lo que ahora se busca, aunque el recuerdo de aquellos juegos sigue flotando, algo atenuado, en la memoria colectiva. En los últimos diez años, nuevas costumbres y eventos han ido transformando tanto lo que se celebra como el modo de compartir. Datos de investigación social indican que los juegos de azar perdieron terreno desde los años sesenta, mientras que el baile y las celebraciones populares repuntan, sobre todo en las grandes ciudades. 

Puede que ese antiguo juego aún funcione como nexo simbólico entre un pasado aristocrático y la identidad de barrio, o quizá sea solo nostalgia amplificando su leyenda.

La ruleta en la vida social de la Cuba colonial

Si retrocedemos al siglo XIX, la escena era muy distinta. La ruleta dominaba la diversión en ciertos espacios urbanos, especialmente en La Habana. Cafés y salones se convertían en puntos de encuentro donde personas de orígenes diversos compartían una misma expectativa. Jugar no era un acto marginal, sino parte de la vida social: nobles, obreros, mujeres y esclavos coincidían en un ritual común.

Incluso algunas instituciones recaudaban fondos importantes gracias a estas prácticas, lo que generó debates tempranos sobre excesos y control. Aun así, resulta difícil ignorar el papel integrador que tuvo ese entretenimiento, capaz de diluir por momentos las fronteras de clase, aunque nunca de manera completa ni exenta de tensiones.

Entre memoria histórica y nuevos símbolos culturales

El panorama actual es muy distinto. Las restricciones legales han limitado durante décadas la presencia de actividades basadas en el azar, lo que ha empujado estas referencias hacia el terreno del recuerdo más que del uso cotidiano. Para muchos cubanos, la ruleta evoca hoy una imagen histórica, asociada a épocas pasadas y a cierta idea de exclusividad. 

Aunque existe curiosidad por alternativas digitales en otros contextos, la participación es reducida y no define la cultura de ocio dominante. La música, el deporte informal y los espectáculos callejeros son ahora los principales motores de reunión. El azar queda relegado, no borrado del todo, pero claramente desplazado por expresiones colectivas más accesibles.

Confusiones culturales y resignificación del término

No es raro que el término ruleta genere confusión en el imaginario popular. En Cuba, la llamada “rueda de casino” —un baile colectivo surgido a mediados del siglo XX— se ha convertido en un símbolo cultural por derecho propio. Aquí no hay suerte ni apuestas, sino coordinación, ritmo y comunidad. 

En eventos recientes, miles de personas han participado juntas en coreografías circulares, mezclando generaciones y barrios. Donde antes había un giro individual ligado al azar, hoy hay sincronía compartida. Esta transformación muestra una capacidad clara de resignificar conceptos y adaptarlos a valores colectivos, reforzando la identidad y el sentido de pertenencia.

Reinventar el ocio en el siglo XXI

Las transformaciones políticas, sociales y culturales han diluido el peso que tuvo la ruleta en el pasado. Tras los cambios legislativos de la segunda mitad del siglo XX, muchas prácticas vinculadas al azar quedaron fuera del espacio público. 

En su lugar, ganaron terreno propuestas participativas: ferias, concursos musicales, torneos de dominó o encuentros barriales. Estas actividades, más inclusivas, han crecido de forma sostenida en los últimos años. Aunque persiste cierta nostalgia, sobre todo entre generaciones mayores, el deseo central ya no es la fortuna individual, sino el encuentro y la celebración compartida.

Memoria histórica y ocio consciente

La ruleta, todavía presente en el recuerdo colectivo, funciona hoy más como advertencia que como aspiración. La historia del ocio en la isla ilustra la importancia de abordar cualquier forma de entretenimiento con cautela y sentido común, respetando límites personales y normas comunitarias. 

Fomentar espacios saludables, donde la cohesión social pese más que la competitividad, ayuda a mantener a raya conductas problemáticas. La memoria histórica, en ese sentido, cumple un papel clave: permite entender el pasado sin idealizar y valorar cómo la cultura cubana ha sabido reinventarse. Entre tradición y cambio, el ocio sigue buscando un equilibrio que, como casi todo en la isla, nunca permanece quieto por demasiado tiempo.

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