El castigo al negocio privado Fress se extiende a su restaurante en Miramar, también cerrado

Estarán sin abrir "al menos por dos semanas", explicaron en el teléfono del local en el municipio de Playa

Restaurante Fress, en Miramar, La Habana, este miércoles. (14ymedio)
Restaurante Fress, en Miramar, La Habana, este miércoles. (14ymedio)

El negocio privado Fress, en La Habana, no solo tiene cerrado su nuevo local de la Plaza de Carlos III, sino también el restaurante que abrió hace más de tres años en Miramar. La empresa ha desaparecido, además, de las páginas donde anunciaba la venta online a domicilio.

Al teléfono que figura en la entrada del local en el municipio de Playa respondió este miércoles una voz cubana: "En este momento estamos cerrados, al menos por dos semanas". Un trabajador de la zona, donde se encuentran numerosas embajadas, explicó al reportero de este diario que se desplazó hasta el lugar: "hace días que ellos no abren".

Mientras tanto, en Carlos III, donde vendía lácteos y confituras, Fress también sigue cerrado este miércoles, a pesar de que los empleados habían asegurado que este martes reabriría sus puertas solo como cafetería. Desde fuera, se puede observar todos los mostradores de exposición, repletos y luminosos hace apenas unos días y ahora completamente desmantelados.

Desde fuera, se puede observar todos los mostradores de exposición, repletos y luminosos hace apenas unos días y ahora completamente desmantelados

El lunes, solo tres días después de su inauguración, el local amaneció cerrado "por problemas técnicos", según los propios trabajadores y un cartel ostensible, que este miércoles continúa pegado en la vidriera.

Según aseguraron ese día dos trabajadores de la Plaza a 14ymedio, "hicieron una reunión de emergencia aquí en Carlos III por las críticas en las redes sociales, y a partir de mañana solo pueden vender alimentos elaborados".

Otra trabajadora aseveró que "habían mandado a cerrar desde arriba, desde el Gobierno", por las críticas a la reventa de productos como la leche condensada, que se vendía a 250 pesos en el local a pocos metros del supermercado de la Plaza donde cuesta 35, o el queso gouda a 4.000 pesos la rueda de tres kilogramos, que solo se encuentra en las tiendas en divisas.

Mientras tanto, en Carlos III, donde vendía lácteos y confituras, Fress también sigue cerrado este miércoles. (14ymedio)
Mientras tanto, en Carlos III, donde vendía lácteos y confituras, Fress también sigue cerrado este miércoles. (14ymedio)

Si la inauguración de la tienda causó indignación entre sus primeros clientes, que salían consternados por los altísimos precios de productos que se encuentran mucho más baratos en las tiendas estatales del mismo centro comercial, su cierre lo que provocó fue un debate en redes sociales entre partidarios y detractores de la decisión.

"Descaradamente una tienda que oficializa la reventa a los precios del mercado paralelo (coleros revendedores), un soberano descaro, como tantas cosas (tiendas en MLC, con sus altísimos precios, etc)", criticó en Facebook el usuario Juan José Rodríguez Casacó.

Con él se enfrascó en una discusión el usuario Héctor Danilo Rodríguez, quien le reprochó una "soberana desfachatez" y una "soberana envidia" y aseguró, con aire conocedor del asunto, que "nada de lo que se ofertaba en ese lugar es de reventa ni de tiendas del Estado", sino "productos importados y adquiridos en moneda dura que se ofertarán, como en pocos lugares, en CUP".

"Nada de lo que se ofertaba en ese lugar es de reventa ni de tiendas del Estado", sino "productos importados y adquiridos en moneda dura"

"Atrévete y pon un negocio privado y ya verás en cuánto tienes que pagar las materias primas, y ya veremos qué precios le pones a lo que ofertas", comentó, razonable, Ariel Rodríguez Boza, demostrando saber las leyes básicas de la economía y defendiendo a los emprendedores de Fress, quienes "trabajan honradamente como lo hace cualquier dueño de cualquier negocio en el mundo entero".

Además de lamentarse porque "hay que aguantar que negocios particulares se enriquezcan a expensas del sudor de muchos a los que no les alcanza el salario malamente para comer", las quejas iban más dirigidas a la doble moral del sistema, que mientras a unos permite establecer este tipo de empresas, a otros se los prohíbe.

"Este no es un país normal para hacer negocio, y si usted hace negocios en este país está beneficiando a una dictadura y contribuye al sufrimiento del pueblo cubano", terciaba otro comentarista, que aseveraba que las ganancias de un negocio así "no son legítimas" en Cuba, donde la gran mayoría no tiene las oportunidades que existen en "países con sistemas abiertos al mercado": "Acá funciona de otra manera y usted lo sabe: corrupción, soborno y favoritismo en los círculos de poder".

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