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Agosto de rumores: Raúl agoniza, Díaz-Canel renuncia y los estadounidenses vienen en camino

Informe

La llegada de dos buques norteamericanos a Guantánamo puso el broche a un mes particularmente fértil para las bolas

Raúl Castro, flanqueado por Díaz-Canel y su nieto Raúl Guillermo Rodríguez, este fin de semana. / captura
14ymedio

07 de septiembre 2026 - 07:36

La Habana/Agosto terminó en Cuba como había empezado: con apagones, incertidumbre y una colección de rumores que se extendieron por las calles, las redes sociales y los servicios de mensajería instantánea. En ese universo de especulaciones hubo de todo: cambios en la presidencia, desaparición del peso cubano, renuncia de Miguel Díaz-Canel, restricciones de internet y, para cerrar el mes, una inminente invasión estadounidense.

La bola más persistente volvió a tener como protagonista a Raúl Castro. Mensajes y publicaciones aseguraron que el general, de 95 años, estaba gravemente enfermo tras sufrir un ictus y algunos lo dieron directamente por muerto. La versión creció hasta saltar de las redes a algunos medios de prensa.  

No es la primera vez que entierran anticipadamente al hermano menor de Fidel Castro. Con el obituario del general “congelado” desde hace años en numerosas Redacciones, cada noticia sobre su salud provoca una mezcla de ansiedad, expectativas y quinielas sobre el día después. En Cuba, donde los partes médicos de los dirigentes suelen ser secretos de Estado, el silencio oficial proporciona además un magnífico fertilizante para la imaginación.

No es la primera vez que entierran anticipadamente al hermano menor de Fidel Castro. Con el obituario del general “congelado” desde hace años en numerosas Redacciones

Otra cadena de WhatsApp resolvió la sucesión de manera más expedita. Inés María Chapman, vice primera ministra, sería “la Delcy Rodríguez cubana”, a punto de convertirse en “NUEVA PRESIDENTA DE CUBA”, nada menos que con el apoyo de Washington. La mayúscula sostenida, imprescindible en la diplomacia de las cadenas falsas, suplía cualquier fuente, documento o declaración que respaldara semejante vuelco político.

También circuló un supuesto comunicado del Banco Central anunciando la “eliminación definitiva” del peso cubano como moneda de curso legal y la dolarización total de la economía. Sin embargo, la moneda nacional continúa oficialmente viva; aunque su poder adquisitivo parezca cada día más difunto.

A Miguel Díaz-Canel le tocó nuevamente renunciar. Una falsa carta, difundida bajo el habitual “Última Hora”, comenzaba con un solemne “Compatriotas” y presentaba a un presidente inesperadamente autocrítico, dispuesto a admitir que había subestimado la crisis económica, reaccionado tarde ante la escasez de alimentos y medicinas e incumplido sus promesas. Quizás el elemento que más rápidamente delataba el bulo era precisamente tanta contrición junta.

El monopolio estatal Etecsa tampoco escapó a la rumorología. Otro falso comunicado, cuidadosamente redactado en estilo burocrático, anunciaba que desde el 1 de septiembre los cubanos solo podrían utilizar los datos móviles durante cuatro horas diarias, entre las diez de la noche y las dos de la madrugada. Con la experiencia reciente de tarifas, restricciones y dificultades de conexión, muchos ni siquiera necesitaron hacer un gran esfuerzo para creerlo. Cuando la realidad lleva años entrenando al público para lo peor, los fabricantes de rumores tienen buena parte del trabajo hecho.

Pero agosto reservó para el final su película de acción. El día 31 llegaron a la Base Naval de Guantánamo dos buques militares estadounidenses, el USS Billings y el USS Minneapolis-Saint Paul. La presencia de ambos está documentada por la propia Marina estadounidense; el Billings llegó como parte de un despliegue programado y el Minneapolis-Saint Paul había salido de Mayport (Florida) el 27 de agosto para iniciar el suyo. 

Las dos embarcaciones bastaron para desempolvar los rumores sobre una intervención militar norteamericana, alimentados además por las tensiones regionales

Sin embargo, para algunos, de ahí a la invasión hubo apenas unos cuantos mensajes reenviados. Las dos embarcaciones bastaron para desempolvar los rumores sobre una intervención militar norteamericana, alimentados además por las tensiones regionales. Para ciertos influencers, los barcos eran la prueba definitiva de que “algo grande” estaba a punto de ocurrir.  

Nada de eso sucedió. Pero las bolas prosperaron porque cada una tocaba una ansiedad verdadera: quién controlará el país después de Raúl, cuánto más puede deteriorarse la moneda nacional, hasta dónde llegarán las restricciones y cómo terminará una crisis que parece no tener fondo. En la Cuba actual, el rumor no necesita ser cierto. Le basta con parecerse demasiado a algo que podría pasar.

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