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La construcción de viviendas continúa bajo mínimos

El Estado planea construir menos de 10.000 casas en toda la Isla, que sigue con un déficit de al menos 600.000

Los materiales para construir con esfuerzo propio escasean desde la destrucción de viviendas arrasadas por Matthew

Los rastros de materiales en La Habana viven semanas de desabastecimiento desde noviembre pasado.(14ymedio)
Zunilda Mata

03 de enero 2017 - 15:03

La Habana/El dolor de Luisa Camejo esta semana estará en conseguir las cabillas que le faltan. Lleva meses apilando sacos de cemento, ladrillos y otros materiales de construcción en un estrecho cuarto improvisado en el municipio habanero Cerro. Si tiene suerte, pronto terminará su vivienda por esfuerzo propio, en un año en que el Estado planea construir menos de 10.000 casas en toda la Isla.

Las autoridades reconocen que el problema habitacional constituye la primera necesidad social en Cuba ‒los analistas cifran en unas 600.000 viviendas el déficit‒, pero en la última década el número de casas edificadas ha caído hasta en un 20%. En 2006 se obtuvo un pico histórico de 111.373 viviendas erigidas, pero al cierre de 2015 apenas superaban las 23.000, más de la mitad levantadas a través de la gestión privada.

Con los sombríos anuncios económicos de la última sesión de la Asamblea Nacional, se han disparado también las alarmas sobre el desarrollo del fondo habitacional a corto y mediano plazo. En su discurso ante los parlamentarios, el ministro de Economía y Planificación Ricardo Cabrisas Ruiz aclaró que para los próximos doce meses el Estado solo concluirá unas 9.700 viviendas.

Las áreas priorizadas para las nuevas edificaciones coinciden con los cinco municipios que resultaron afectados por el huracán Matthew en su paso por la provincia de Guantánamo, una región donde más de 42.000 viviendas quedaron derrumbadas total o parcialmente y para cuya restauración el Gobierno está recaudando ayuda internacional.

El Fondo Alavés de Emergencia, constituido por la Diputación Foral de Álava y el Ayuntamiento de Vitoria, País Vasco, acaba de anunciar que destinará 52.000 euros para impulsar la rehabilitación de viviendas, escuelas y centros de trabajo la zona, pero las ayudas extranjeras apenas constituyen una gota en el océano del déficit habitacional que sufre el país.

La difícil situación por la que atraviesan miles de familias ha llevado a muchas a no seguir esperando por los planes constructivos estatales, al estilo de los ejecutados en los años del subsidio soviético, y buscar soluciones por cuenta propia. Un camino tortuoso, donde los obstáculos van desde conseguir los materiales hasta costear la mano de obra.

Luisa, de 61 años, vivió por seis años en un local donde se coló ilegalmente con sus dos hijas y su esposo. "No había baño y teníamos que hacer nuestras necesidades en una lata y botarla cada día", cuenta a 14ymedio. Con la entrada en vigor de la ley que permitió la compraventa de viviendas en 2011, Camejo adquirió un pequeño terreno cercano a la Ciudad Deportiva, con una frágil casa de madera.

Estos tres últimos años los ha dedicado a la construcción, invirtiendo su tiempo completo a localizar y adquirir los materiales para la obra, supervisar a los albañiles y hacer con sus propias manos desde un encofrado hasta una mezcla. "Estamos viviendo en medio del polvo y los sacos, pero al menos esto es mío", reflexiona. Hasta el momento, lleva gastados cerca de 2.000 pesos convertibles, una década de salario de su antiguo trabajo como maestra, del que se jubiló hace un par de años.

A mediados del pasado año Ramiro Valdés Menéndez, también vicepresidente de los consejos de Estado y de Ministros, dejó claro que la solución del problema de la vivienda en el país radicaba "en el esfuerzo individual"

A principios de siglo, el vicepresidente Carlos Lage era el funcionario oficial encargado del programa de viviendas. La meta, en aquellos años, era construir 150.000 casas anuales para aliviar el problema. Luisa tuvo la esperanza de beneficiarse con un apartamento en un edificio de microbrigada edificado por un contingente social, pero el breve florecimiento económico que vivió la Isla con la ayuda de Venezuela se extinguió poco tiempo después.

"Nos dimos cuenta que teníamos que solucionar este problema nosotros mismos", comenta. Poco tiempo después, Lage fue defenestrado y ningún otro rostro del Gobierno volvió a asumir un compromiso público con las familias necesitadas de un techo.

En lugar de eso, a mediados del pasado año Ramiro Valdés Menéndez, también vicepresidente de los consejos de Estado y de Ministros, dejó claro que la solución del problema de la vivienda en el país radicaba "en el esfuerzo individual". Aunque la intención, resulta insuficiente. La maestra jubilada está preocupada ahora por los problemas en el abastecimiento de materiales de construcción que las prioridades en el oriente de la Isla generan en la capital. "Tenemos muchas dificultades para conseguir tuberías y todo lo relacionado con la instalación eléctrica", explica. También le faltan "los azulejos, el cemento cola y la gravilla".

Los rastros de materiales en La Habana viven semanas de desabastecimiento desde noviembre pasado, una situación que podría ralentizar aún más la terminación de las obras en ejecución. Pero Luisa parece dispuesta a cumplir su propio plan personal. "Este año yo me baño en una ducha propia, aunque tenga que poner los azulejos con mis propias manos".

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