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Cuba vive un "cambio histórico" en un clima de apatía política

La designación del nuevo presidente por el Parlamento despierta pocas expectativas en la población

La mayoría de los cubanos continúan su vida diaria con normalidad y dudan que el cambio presidencial repercuta en sus problemas. (Kapa/14ymedio)
Marcelo Hernández

16 de abril 2018 - 13:30

La Habana/El día D se está acercando a toda velocidad pero la designación, el próximo jueves, del nuevo presidente de Cuba por el Parlamento despierta pocas expectativas en la población. Tras más de medio siglo con el apellido Castro al frente del país,la sensación que se percibe en la calle, además de las conversaciones entre amigos y familiares, es que todo va a seguir como hasta ahora.

El traspaso presidencial, inicialmente programado para el pasado 24 de febrero y pospuesto hasta este 19 de abril, marca el relevo histórico de una generación que rebasa las ocho décadas de vida y que ha gobernado por más de medio siglo el país con puño de hierro. Su retiro, sin embargo, solo será parcial.

Raúl Castro se mantendrá como secretario general del Partido Comunista (PCC), una organización con poco más de 600.000 militantes que la Constitución reconoce como "la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado". Su presencia en el cargo podría prolongarse hasta 2021, cuando está previsto el próximo congreso.

"'Brother', todo es lo mismo, esto no cambia. Ellos saben que cualquier movimiento puede desmerengar el sistema"

Aunque todavía no se sabe con certeza si el sucesor será, como apuntan todos los pronósticos, el actual primer vicepresidente, Miguel Díaz-Canel, todo indica que será alguien que no participó en el asalto al Cuartel Moncada, no estuvo en la gesta de la Sierra Maestra y tampoco fue responsable de los fusilamientos de los primeros años ni de las confiscaciones de propiedades o empresas.

"No importa cómo se llame, lo que importa es que será distinto", remarca Danilo, un furibundo fanático del béisbol que este sábado discutía en la peña deportiva de la Esquina Caliente en el Parque Central de La Habana. En la discusión se colaba de vez en cuando algún comentario sobre lo que ocurrirá este jueves.

"Brother, todo es lo mismo, esto no cambia", le respondía con escepticismo Mandy, un joven de 21 años que asegura no albergar ilusiones sobre la llegada a la presidencia de una figura reformista que oriente al país por la senda de las transformaciones económicas y políticas. "Ellos saben que cualquier movimiento puede desmerengar el sistema", opina.

Esta semana, la presencia de Bruno Rodríguez en la Cumbre de las Américas de Lima, en sustitución de Castro, destapó las especulaciones sobre el ascenso del canciller. Su nombre, junto al de Díaz-Canel, el economista Marino Murillo y la líder del Partido Comunista en La Habana, Mercedes López Acea, son los que más se barajan para sentarse al frente del Consejo de Estado.

Los cuatro son apparatchiks y no tienen la autoridad histórica que marcó la forma de gobernar de sus antecesores.

"No pienso ni mirar la televisión ese día", espeta Acela, una jubilada de 68 años que guarda pocas esperanzas. "Aquí lo más urgente que hay que resolver es el tema del salario que no alcanza, mi jubilación la gasto en menos de una semana y lo que puedo comprar es muy poco", asegura la mujer.

"Aquí lo más urgente que hay que resolver es el tema del salario que no alcanza, mi jubilación la gasto en menos de una semana y lo que puedo comprar es muy poco"

Durante semanas se había especulado sobre la posibilidad de que Castro iniciara el complejo proceso de la unificación monetaria antes de dejar su cargo como presidente, pero al acercarse el 19A, como algunos llaman a la fecha, las expectativas se desinflan.

"Le está dejando tremendo problema al que venga detrás si no arregla esto de las dos monedas, porque esa va a ser una medida que provocará muchos problemas y mucho malestar en la gente", asegura Omar, un taxista que mueve clientes desde el Barrio Chino de La Habana.

A pocos metros del vehículo soviético que conduce el transportista privado, un joven promociona el menú de un restaurante donde se alternan los platos chinos con recetas italianas. "Esta semana tenemos la pizza presidente", ironiza. "Lleva de todo un poco, mariscos para complacer a unos y jamón para complacer a otros...", bromea.

El trabajador cree que Díaz-Canel será el designado para el cargo. Formado en filas del PCC, el actual vicepresidente ha sobrevivido a las purgas que se llevaron a otros benjamines por delante. Su falta de carisma lo ha mantenido en el puesto y lo ha protegido de ser defenestrado, como le ocurrió a otros delfines, al estilo de Roberto Robaina, Carlos Lage y el enérgico Felipe Pérez Roque.

Entre los estudiantes de la Facultad de Ingeniería Civil de Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría muchos alumnos no esconden las simpatías por Díaz-Canel, graduado de esa especialidad, aunque su vida profesional ha transcurrido entre las estructuras partidistas.

"El hecho de que tenga un título universitario dice que es un hombre preparado y espero que esa formación le sirva a la hora de tomar decisiones, porque hay muchas cosas que necesitan soluciones urgentes"

"Es un hombre pragmático y que está formado en una disciplina de trabajo colegiado, porque así somos todos los ingenieros", comenta Raydel, un joven recién licenciado en la especialidad y que mantiene estrechos vínculos con otros colegas que todavía cursan la carrera.

"El hecho de que tenga un título universitario dice que es un hombre preparado y espero que esa formación le sirva a la hora de tomar decisiones, porque hay muchas cosas que necesitan soluciones urgentes", opina el ingeniero.

En La Habana, sin embargo, otros creen que su fuerte es que "parece un hombre de familia y ya ha salido en varias fotos junto a su esposa", señala Karla Lucía, una peluquera por cuenta propia que trabaja en un pequeño salón de belleza de la calle San Rafael.

"Eso dice bien de él, que vaya por ahí con su mujer y que finalmente este país vaya a tener una primera dama", opina.

La mayoría de los entrevistados se limitan a hacer comentarios intrascendentes y evitan pronunciarse sobre los posibles cambios políticos. "No, aquí la gente ha seguido preguntando si tiene un viaje o si va a conseguir una casa, pero no eso del presidente", asegura María Dolores, que lanza los caracoles en un gesto adivinatorio a las afueras de la iglesia consagrada a la Virgen de Regla en un poblado próximo a la bahía habanera. "Lo que se sabe no se pregunta", concluye.

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