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Cuba cierra las escuelas pero no se atreve a hacer lo mismo con el turismo

Los estudios científicos descartan que las aulas sean un foco de contagio preocupante

Unicef alerta del desastre educativo de mantener los centros cerrados

El número de niños afectados por coronavirus crece en la medida que lo hace el total; en Cuba hay un total de 263 menores hospitalizados. (EFE/Yander Zamora)
14ymedio

14 de enero 2021 - 15:26

La Habana/Alarmadas por los últimos datos, las autoridades han decidido llamar la atención sobre los casos de coronavirus en niños. Este miércoles se alcanzó el récord de 74 menores de 20 años contagiados, más del 13% de los 550 del día. Además, un lactante de apenas un mes está en estado grave y hay otros cuatro niños en la misma condición.

El dato ha elevado la tensión entre la población y los gobernantes, aunque la proporción respecto al número total de contagiados no difiere ni de los porcentajes habituales de la Isla, situados en torno al 10% o el 12 %, ni a los que maneja la Organización Mundial de la Salud, que contabiliza un 1,2% para menores de cuatro años; un 2,5% hasta los 14 años; y el 9,6% entre 15 y 24 años. El número de niños afectados crece en la medida que lo hace el total.

"Pocas cosas como la noción de la infancia en peligro conmueven o estremecen tanto", dice Cubadebate en un especial de este jueves dedicado a alertar sobre los problemas de las infecciones por coronavirus en niños.

"Si bien por lo general no enferman de manera grave, sí constituyen un elemento serio de transmisión dentro de su hogar o comunidad, donde conviven con personas de mayor vulnerabilidad, y que las hacen más propensas a las forma graves de la infección", señala Lisette del Rosario López González, jefa del Grupo Nacional de Pediatría y miembro del Grupo de Expertos de covid-19 del Ministerio de Salud.

En Cuba, desde la detección del primer caso de coronavirus hasta hoy, 1.674 menores han sido infectados, de los que 263 están hospitalizados actualmente

En Cuba, desde la detección del primer caso de coronavirus hasta hoy, 1.674 menores han sido infectados, de los que 263 están hospitalizados actualmente. Afortunadamente, el índice de recuperación es elevado y ninguno ha fallecido.

Desde la aparición de los primeros casos de coronavirus en el mundo, los científicos se han aprestado a investigar la incidencia y evolución de la enfermedad en los menores. En marzo, el grueso de los países suspendieron las clases asumiendo que las aulas podrían ser un epicentro de la propagación del covid-19 ya que los niños, al cursar la enfermedad de forma más leve o sin síntomas, podían transmitirla de manera más efectiva. Además, se estimó que por su corta edad tendían a ser menos conscientes con las medidas de seguridad imprescindibles: distancia física y limpieza de manos.

Los estudios hasta ahora han explicado por qué los niños están, a priori, mejor preparados para enfrentar la enfermedad. La clave parece estar en un sistema inmune bien entrenado que fabrica anticuerpos con facilidad. Una investigación publicada en Nature sobre 32 adultos y 47 menores de 18 años concluyó que los niños producen anticuerpos especialmente dirigidos a las proteínas de las espículas del coronavirus que permiten la infección y la replicación viral.

Otra, en Science, determina que, por causas aún desconocidas, los niños tienen menos receptores ACE2, una proteína humana que facilita la entrada del virus en el cuerpo y la multiplica.

Sabiendo que los menores no suelen desarrollar formas graves de la enfermedad, la ciencia se preguntó también por ese efecto supercontagiador que se les atribuía. Hasta ahora, no se ha encontrado que exista. "Las infecciones y brotes fueron poco frecuentes en entornos educativos después de que reabrieran tras las vacaciones de verano", según una investigación publicada en la prestigiosa revista británica The Lancet.

En Alemania se han publicado ya un cúmulo de estudios que desvinculan que las aulas sean un foco de contagio preocupante. El último, de diciembre, realizado por la Academia Alemana de Ciencias Naturales Leopoldina, señaló que, sobre una muestra de 110.000 niños y adolescentes, solo el 0,53% de las pruebas realizadas ha dado positivo.

"Cada día que pasa con las escuelas cerradas se va dando forma a una catástrofe generacional, que tendrá profundas consecuencias para la sociedad en su conjunto"

"Existen claros indicios de que la mayoría de las fuentes de contagio se encuentran fuera del área escolar, por lo que además de las medidas de higiene necesarias en las escuelas deben existir enfoques extracurriculares adicionales para contener la pandemia y reducir la incidencia", destacan los autores del estudio.

¿Por qué con estos datos el Gobierno cubano ha mantenido la política de suspensión de clases? El curso 2019-2020 se paralizó en la Isla el pasado marzo y no se reinició hasta septiembre de manera generalizada, aunque en La Habana se tuvo que esperar a octubre, con el resultado de un año académico básicamente perdido. Si en los países europeos o EE UU ya hay constancia de que las clases online han supuesto un desastre educativo, el problema es más grave en América Latina y el Caribe, donde el acceso a internet es menor.

"Cada día que pasa con las escuelas cerradas se va dando forma a una catástrofe generacional, que tendrá profundas consecuencias para la sociedad en su conjunto", ha advertido Unicef en un informe sobre los riesgos para el futuro de la región.

En Cuba, donde la transmisión del coronavirus se ha mantenido en mínimos durante toda la pandemia por un conjunto de causas que contemplan desde la expansión de la atención primaria a la militarización y control de la sociedad, el cierre prolongado de las aulas es sorprendente. Máxime para un país que utiliza la Educación como estandarte nacional y cuando múltiples organizaciones de la infancia están advirtiendo de los riesgos, no solo académicos sino alimentarios o de desigualdad, que conlleva la falta de asistencia a clase.

Ruth Custode, especialista de educación de la Oficina Regional de Unicef para América Latina y el Caribe ha advertido prolongadamente de que "el mejor sitio para garantizar la educación es la escuela" y que "donde no hay casos de transmisión, no hay necesidad de que esa escuela esté cerrada".

El regreso a las aulas de los niños cubanos no pareció repercutir en en el aumento de casos de coronavirus, que este otoño se ha mantenido estable. Sin embargo, el alza alarmante de las cifras ha acompañado en el tiempo a la reapertura de las fronteras y el turismo, que tienen un gran efecto de incremento de la movilidad. Las propias autoridades así lo han reconocido cuando empezaron a elevarse los contagios y la fuente exterior suponía un porcentaje significativo cuando no la única.

Las autoridades han introducido restricciones de viaje y aumentado los protocolos sanitarios en aeropuertos y, a la vez, han insistido a la población en la importancia de extremar las precauciones, mantener las distancias y recordar que el riesgo es real, también dentro de la propia casa. Pero cuando los contagios se han incrementado y la población autóctona ya supone la mayoría respecto a las infecciones importadas, es curioso que no se cierren el turismo ni las fronteras, pero sí las escuelas.

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