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Cuba produce menos electricidad hoy que hace 20 años

Apagones

La generación y el consumo cayeron un 33% en el último quinquenio, contribuyendo a la parálisis de la economía nacional, mientras el país vive al ritmo de los apagones

Los partes diarios evitan contar el tamaño real de la catástrofe. / 14ymedio
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18 de octubre 2026 - 14:56

La Habana/Una fábrica que deja de producir, un hotel sin huéspedes y una vivienda donde ya no reside la mitad de la familia tienen algo en común: consumen menos electricidad. Cuba lleva años perdiendo industrias, turistas y habitantes, por lo que debería tener un amplio superávit de energía eléctrica. Sin embargo, ocurre todo lo contrario. 

Hoy el país genera menos energía que hace 20 años. En 2006, las centrales termoeléctricas produjeron 15.511 gigavatios-hora (GWh): en 2015, se alcanzaron los 20.000 GWh gracias a la expansión de la "generación distribuida" con plantas alimentadas con diésel o fueloil. Cinco años después, empezó el declive y, en 2025, el consumo cayó a 14.100 GWh, cuando aún la Isla recibía petróleo de Venezuela. Los datos de 2026 solo podrán ser peores.

Pese a consumir mucho menos por los efectos de la parálisis económica, los cubanos sufren más apagones que nunca y esta tendencia se agrava semana tras semana, con cortes de luz de varios días seguidos en todo el país. 

Con una capacidad instalada situada entre 6.600 y 7.200 megavatios (MW), Cuba dispone de mucha más energía de la que necesita, hasta dos veces más que la demanda de poco más de 3.000 MW en horarios pico. Teóricamente. La realidad es muy diferente, ya que las termoeléctricas, casi todas alimentadas con petróleo nacional, son obsoletas y sufren averías por falta de mantenimiento durante décadas.

Las viviendas se han convertido así en el principal destino de la electricidad facturada, mientras la actividad económica afronta una contracción sin precedentes

El derrumbe de la capacidad de generación por fallos técnicos o falta de combustible ha tenido un efecto sobre la demanda. Si Cuba necesitara hoy los 3.500 megavatios (MW) que las autoridades identificaban como niveles históricos de máxima demanda, el déficit sería mucho mayor. Con los apenas 920 MW de disponibilidad previstos por la UNE para este 18 de octubre, faltarían 2.580 MW, en lugar de los 1.880 anunciados. Es decir, el déficit sería un 37% superior. La comparación revela hasta qué punto la contracción de la demanda contribuye a disimular el deterioro de la capacidad de generación.

En 2019, el consumo eléctrico por habitante rondaba los 1.541 kilovatios hora anuales. Cinco años después había disminuido a 1.435, una caída cercana al 7%. Es decir, no solo se redujo el número de consumidores: también descendió la electricidad utilizada por persona.

Hay otro dato que permite comprender la transformación del sistema eléctrico cubano. Según el informeElectricidad en Cuba. Indicadores seleccionados 2024, de la Oficina Nacional de Estadística e Información (Onei), los consumidores residenciales utilizaron 8.843 GWh durante aquel año. Esto representa aproximadamente el 63% de toda la electricidad facturada en el país, que ascendió a 13.985 GWh. Las entidades estatales, en cambio, consumieron 4.570 GWh, menos de un tercio de ese total.

Las viviendas se han convertido así en el principal destino de la electricidad facturada, mientras la actividad económica afronta una contracción sin precedentes. La distribución no demuestra por sí sola cuánto ha caído el consumo industrial, pero plantea una pregunta: ¿qué proporción de la energía que antes utilizaban las fábricas ha desaparecido junto con su producción?

Según la Onei, Cuba produjo 20.837 GWh en 2018, su mejor año, mientras que en 2025 la generación nacional había descendido a 14.100, una pérdida del 32%

Los datos manufactureros ofrecen algunas pistas. Según las estadísticas oficiales, numerosos productos industriales registraron desplomes de entre el 65% y el 98% entre 2021 y 2025. Una cementera paralizada deja de consumir electricidad, pero también deja de fabricar el cemento necesario para construir viviendas. Una industria alimentaria cerrada reduce su factura eléctrica, aunque agrava la escasez en los mercados. En estos casos, la disminución del consumo energético no constituye una ganancia de eficiencia, sino una señal clara de menor actividad productiva.

La situación se ha agravado con las limitaciones administrativas. Desde finales de 2025, el Gobierno extendió los planes obligatorios de ahorro al sector privado. En marzo de 2026,más de 110.000 entidades ya habían recibido notificaciones sobre sus límites de consumo. De ese modo, las estadísticas pueden registrar una demanda contenida precisamente porque las empresas tienen prohibido utilizar toda la electricidad que necesitan.

El otro lado de la ecuación es todavía más preocupante. Según la Onei, Cuba produjo 20.837 GWh en 2018, su mejor año, mientras que en 2025 la generación nacional había descendido a 14.100, una pérdida del 32%. 

Y hay otra dificultad: una central puede disponer de una potencia nominal elevada y producir muy poca energía a lo largo del año si permanece continuamente averiada. Los megavatios que anuncia la UNE para la hora pico no revelan cuántos gigavatios hora consigue entregar efectivamente a lo largo de los meses.

Para evaluar la crisis cubana no basta con conocer el déficit máximo anunciado cada día

La generación distribuida ilustra el problema. Según las estadísticas oficiales, los grupos electrógenos produjeron más de 5.900 GWh en 2021 y apenas 2.095 en 2024. La caída supera el 64%, debido al deterioro de equipos y a las restricciones de combustible, cuando el régimen revendía en el mercado internacional una parte del crudo que le regalaba Venezuela. El sistema ha perdido así uno de sus principales respaldos precisamente cuando las grandes termoeléctricas atraviesan frecuentes interrupciones por averías.

Los partes diarios evitan contar el tamaño real de la catástrofe. Si un país necesita 3.500 MW y dispone de 2.000, presenta un déficit de 1.500 MW, pero puede cubrir el 57% de su demanda. Si posteriormente necesita solo 2.500 MW y dispone de 1.000, el déficit continúa siendo de 1.500 MW, aunque ahora apenas puede atender el 40%. El número de megavatios faltantes es idéntico, pero el deterioro del suministro resulta mucho mayor.

Por eso, para evaluar la crisis cubana no basta con conocer el déficit máximo anunciado cada día. Hacen falta series públicas y comparables de electricidad realmente entregada, consumo por sectores y energía que dejó de suministrarse por las interrupciones.

La pregunta decisiva no es únicamente cuánta electricidad ha dejado de consumir Cuba, sino cuánta habría consumido si sus fábricas, hoteles, sistemas de alumbrado público, comercios y hogares hubieran podido funcionar normalmente. Sin esa respuesta, resulta imposible distinguir qué parte de la caída corresponde al hundimiento económico y cuál a la propia escasez eléctrica.

Entre 2019 y 2024, cerca del 40% de la inversión nacional se concentró en hoteles, restaurantes y actividades inmobiliarias vinculadas al turismo

Las sanciones estadounidenses y la pérdida de suministros petroleros de los aliados tradicionales han agravado la crisis, pero no explican por sí solas el desplome de la generación. Las principales termoeléctricas cubanas fueron adaptadas para consumir crudo nacional, cuya producción, según el propio ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, se mantiene estable. El problema es que esas instalaciones, envejecidas y sometidas a un combustible altamente corrosivo, necesitan inversiones y mantenimientos que durante años quedaron relegados. 

Entre 2019 y 2024, cerca del 40% de la inversión nacional se concentró en hoteles, restaurantes y actividades inmobiliarias vinculadas al turismo. Solo en 2020, ese sector absorbió el 47,6% de las inversiones, frente al 9,4% destinado conjuntamente a electricidad, gas y agua. 

La paradoja se completa con las importaciones de combustible desde Estados Unidos. En julio de 2026, las exportaciones estadounidenses a Cuba alcanzaron el récord de 3.222.000 barriles, principalmente diésel y gasolina, un volumen superior al promedio diario de los suministros venezolanos en algunas etapas de la alianza entre Fidel Castro y Hugo Chávez. Y en agosto volvió a batirse el récord, con 74,86 millones de dólares, un 22,4% más que en julio. 

Aunque esos derivados, importados principalmente para el sector privado, no pueden sustituir al crudo utilizado por las termoeléctricas, las cifras revelan que el combustible continúa entrando a la Isla en cantidades extraordinarias. Lo que sigue sin aclararse es quién recibe realmente esos cargamentos, cómo se distribuyen y qué proporción termina contribuyendo al funcionamiento de la economía y del sistema eléctrico.

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