Díaz-Canel se niega a identificar a los "operadores internacionales” que facilitan el contacto con EE UU
Cuba-EE UU
“No, no quiero decir, no queremos quemar esa fuente”, contesta el mandatario cubano a una pregunta del político español Pablo Iglesias
La Habana/Madrid/En la larga entrevista concedida al ex vicepresidente español Pablo Iglesias para su televisora Canal Red, el mandatario cubano Miguel Díaz-Canel repitió el repertorio habitual del discurso oficial en la Isla. Sin embargo, dejó una pista relevante sobre el rumbo de los contactos con Estados Unidos cuando admitió que ese proceso “ha sido estimulado” y “facilitado por operadores internacionales” cuya identidad se negó a revelar.
En medio de un discurso centrado en “el bloqueo”, la crisis energética, la presión de Washington y la defensa de la posición histórica del régimen que representa, Díaz-Canel abrió una ventana a una trama diplomática que La Habana ha preferido mantener lejos del foco público. Lo hizo, sin embargo, con extrema cautela. Confirmó que existen contactos, reivindicó la disposición cubana al diálogo y, al mismo tiempo, blindó la zona más sensible de esa interlocución bajo el argumento de la “discreción”.
Al ser preguntado por Iglesias sobre si Cuba está hablando con el Gobierno de Donald Trump, Díaz-Canel respondió que “ha habido mucha especulación y mucha manipulación”, antes de fijar una posición oficial: “siempre que han existido relaciones tensas como las que están a este nivel entre el Gobierno de Estados Unidos y Cuba, han aparecido personas, instituciones, algunas gubernamentales, otras no gubernamentales, que han tratado de buscar que se construyan canales para favorecer el diálogo entre ambos Gobiernos”. Y añadió que “eso está sucediendo en estos momentos”.
Diversas notas periodísticas no solo han dado por existentes esos contactos, sino que los han situado en escenarios concretos o parcialmente identificables. Esos marcos geográficos pueden arrojar luz sobre quiénes habrían servido de puente. El Miami Herald, citando fuentes no identificadas, ubicó una de las reuniones a finales de febrero en San Cristóbal y Nieves, al margen de una cumbre de la Caricom. Axios también reportó conversaciones secretas entre Marco Rubio y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, pero sin precisar públicamente el escenario. Después de esos reportes, el propio Donald Trump confirmó que Rubio había sostenido conversaciones al más alto nivel.
Justo cuando la entrevista parecía salir momentáneamente de la retórica para entrar en una zona de mayor revelación, Díaz-Canel decidió callar
Justo cuando la entrevista parecía salir momentáneamente de la retórica para entrar en una zona de mayor revelación, Díaz-Canel decidió callar. Cuando Iglesias le pidió que identificara a quienes han facilitado esas conversaciones, respondió: “No, no quiero decir, no queremos quemar esa fuente”. Y remachó: “Además, siempre estas cosas se hacen con mucha discreción, y nosotros lo hemos abordado con seriedad y con mucha responsabilidad porque es un proceso muy sensible”.
No sería la primera vez que una negociación entre La Habana y Washington avanza por carriles indirectos. Gabriel García Márquez desempeñó en los años 90 un papel de interlocutor oficioso entre Fidel Castro y Bill Clinton, especialmente en el contexto de la crisis de los balseros de 1994.
Más tarde, en el deshielo de 2014, la mediación ya no fue literaria sino diplomática. Las conversaciones secretas que desembocaron en el restablecimiento de relaciones fueron facilitadas por el papa Francisco y el Gobierno de Canadá. Incluso antes, durante la crisis de los misiles de 1962, el Vaticano ya había intervenido con gestiones de Juan XXIII para rebajar la escalada entre Washington y Moscú alrededor de Cuba.
En uno de los pocos gestos recientes de La Habana que han tenido lectura política más allá de lo económico, el Gobierno anunció hace unas semanas la excarcelación de 51 presos y presentó la medida como resultado de un acuerdo con el Vaticano. Formalmente, el castrismo quiso vestir la decisión como un gesto soberano y humanitario; políticamente, sin embargo, cuesta no leerla también como una señal hacia la Casa Blanca, o al menos como una pieza más dentro del clima de tanteo y contactos discretos que ahora se admiten, aunque entonces se negaban tajantemente.
Los intentos de diálogo anteriores terminaron naufragando en medio de crisis mayores, episodios de confrontación o resistencias internas
Díaz-Canel, en la entrevista con Iglesias, intentó enmarcar esos contactos en la continuidad histórica de la política cubana y no en un giro coyuntural. Recordó que “no es el primer momento en la historia de la Revolución” en que se intentan conversaciones con Washington, y mencionó precedentes en tiempos de Kennedy, Carter, Clinton, Reagan y, sobre todo, Obama. Lo que no dijo es que muchos de esos intentos terminaron naufragando en medio de crisis mayores, episodios de confrontación o resistencias internas a cualquier deshielo.
El mensaje actual hacia Washington insiste en poner sobre la mesa temas económicos, sin abordar cambios que pongan en riesgo el monopolio del poder político. De ahí también que Díaz-Canel se apurara en fijar los límites de una eventual negociación. “Que respeten nuestra soberanía, nuestra independencia y nuestro sistema político”, dijo. Y subrayó: “Esas cosas no están en discusión”.
La apertura de un canal de interlocución con Washington aparece hoy, no obstante, como una necesidad urgente para la Isla. El mandatario cubano sostiene que todavía no se ha llegado al punto de los acuerdos. Y cuando Iglesias le pregunta “¿Ellos qué quieren? ¿Ellos qué piden?” Díaz-Canel elude la respuesta: “Todavía ese momento no nos ha llegado”. Y define el estadio actual de las conversaciones como una fase previa: “Hemos iniciado la conversación para si hay disposición poder entonces construir una agenda de discusión, de debate, que pueda llegar a negociaciones”.
Díaz-Canel enumera luego un abanico amplísimo de posibles materias: “Cuestiones económicas, inversiones, temas migratorios, lucha contra el narcotráfico, contra el terrorismo, seguridad de la región, temas medioambientales, colaboración científica y educacional”. La lista es tan extensa que, de momento, no aclara prioridades concretas, pero sí revela la voluntad de La Habana de mantener abierta una agenda amplia mientras evita tocar el núcleo del sistema político y, sobre todo,busca ganar tiempo.