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El edificio del Gran Templo Masónico también se cae a pedazos en La Habana

El inmueble registra en su gran portal fragmentos de parte del techo que pueden resultar mortales para cualquier transeúnte

“No pasar, peligro”, se lee este sábado en un cartel que a duras penas señala un bulto de escombros. (14ymedio)
Juan Diego Rodríguez

21 de mayo 2022 - 19:39

La Habana/De uno de los edificios más emblemáticos de Centro Habana, el Gran Templo Nacional Masónico de Cuba, se están desprendiendo pedazos de la estructura. El inmueble, ante la falta de mantenimiento, registra en su gran portal fragmentos de parte del techo que pueden resultar mortales para cualquier transeúnte.

"No pasar, peligro", se lee este sábado en un cartel que a duras penas señala un bulto de escombros que cayeron hace pocas horas y que cuelga de una cuerda que delimita el espacio con los restos del techo, en la esquina hacia la calle Santiago.

El edificio de once pisos, considerado por muchos como de los más sólidos de esta zona de la capital y cuya construcción corrió a cargo del arquitecto Emilio Vasconcelos Frayde, alberga en la planta baja una oficina de Correos de Cuba y a la Empresa de Seguridad y Protección del Ministerio de Comunicaciones.

Muy próximo a la concurrida esquina de Belascoaín y Carlos III, donde se encuentra la tienda Yumurí, por los portales del Gran Templo pasan cada día infinidad de personas y otras hacen colas para comprar sellos postales o hacer un giro. También, muy cerca, hay una parada ómnibus para rutas como el P12 y A65, a lo que se le suman varias escuelas primarias.

Cada uno de estos transeúntes pudo haber sido víctima del desprendimiento de un trozo del edificio, aunque el azar logró que en el momento en que cayó sobre el suelo no hubiera nadie lo suficientemente cerca como para salir lesionado. Una casualidad que algunos temen que no se repita en el próximo desplome si las brigadas estatales no hacen algo por parar el deterioro.

El edificio de la Gran Logia se ve desde distintos puntos de la ciudad y se identifica claramente por su cúpula, una esfera terrestre con el símbolo de los masones. Con una mezcla de estilos en la que conviven el racionalismo y el Art Decó, el inmueble levantaba hasta hace poco suspiros entre los vecinos de una barriada donde el deterioro habitacional es lo más común.

La Logia, con sus connotaciones espirituales y su sobria entrada desde la que se ve una peculiar escultura de José Martí sentado, era de las pocas construcciones que sobrevivía con cierta dignidad el embate del tiempo y de la falta de mantenimiento. Pero hace años que le ha ido tocando su turno también en el declive que marca el paso de toda la ciudad.

La bola del mundo que la corona dejó de funcionar por años tras un incendio, el suelo de granito del portal está lleno de cicatrices dejadas por reparaciones hidráulicas y hasta al mapa de los continentes que exhibía en un costado se le han ido cayendo los azulejos que conforman los países. El reloj sobre la entrada dejó de marcar las horas hace mucho, algo que pocos han notado en una Habana donde el tiempo vale muy poco.

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