APOYO
Para ayudar a 14ymedio

Donde falta la gasolina, llega el carbón

Foto del día

En el servicentro de Boyeros y Santa Catalina, el negocio ya no es llenar tanques sino abastecer fogones

El sitio concebido para alimentar motores se ha convertido en proveedor de brasas. / 14ymedio
Natalia López Moya

14 de abril 2026 - 16:36

La Habana/En la intersección de la avenida Rancho Boyeros y Santa Catalina, en La Habana, donde durante décadas el olor a gasolina marcó el pulso del tráfico citadino, ahora domina otro aroma, más rústico y persistente: el del carbón vegetal. Este martes, el servicentro lucía desierto, sin autos en fila ni dependientes despachando combustible. Las bombas permanecían inmóviles, como piezas de museo, mientras por un costado del local, el que da a la avenida Rancho Boyeros, se movía el verdadero negocio del día: la venta de sacos de carbón a 1.700 pesos cada uno.

La escena es el retrato fiel de la crisis. El sitio concebido para alimentar motores se ha convertido en proveedor de brasas. Donde antes se escuchaba el clic metálico de las mangueras al insertarse en los tanques, ahora resuena el roce áspero de los sacos al ser arrastrados por el suelo. Un hombre carga uno sobre el hombro con la naturalidad de quien transporta un bien imprescindible. No es difícil entenderlo: en una ciudad donde los apagones se prolongan durante horas, el carbón ha pasado de ser un recurso de emergencia a un artículo cotidiano.

Venta de carbón en La Habana a 2.500 pesos el saco. / 14ymedio

La gasolinera, vacía de combustible y de clientes, parece haberse adaptado a los nuevos tiempos con pragmatismo. El suministro de gasolina y diésel es esporádico, sujeto a una logística incierta que obliga a los conductores a inscribirse en largas colas virtuales y a pagar en divisas cada litro. Muchos ni siquiera intentan ya conseguir combustible; han dejado el carro parqueado indefinidamente o lo usan solo en ocasiones excepcionales. Mientras tanto, la necesidad de cocinar no admite espera, y la hornilla eléctrica se convierte en un adorno inútil cuando la corriente desaparece. Ahí es donde entra el carbón, convertido en salvavidas doméstico.

Desde la acera, la transformación del servicentro resulta casi simbólica. La estructura permanece intacta: techos altos, surtidores alineados y la pintura de los muros, amarilla y roja, que se veía desde lejos. Pero el producto estrella ya no fluye por tuberías sino que se vende en sacos negros, apilados contra una pared. Menos combustibles fósiles para mover vehículos y más combustibles sólidos para sostener la vida diaria.

Una mujer se acerca, pregunta el precio y, tras un breve cálculo mental, paga los 1.700 pesos sin regatear. En otras partes de La Habana ya alcanza los 2.500. “Con esto resuelvo varios días”, comenta, antes de acomodar el saco en un triciclo eléctrico. Su gesto revela la resignación con que muchos habaneros han incorporado el carbón a la rutina. Porque cocinar con leña, una práctica que parecía relegada a las zonas rurales o a tiempos pasados, se ha instalado de nuevo en los balcones y azoteas de toda la ciudad.

1 Comentario
Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último