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En Guantánamo no quieren 176 reformas, sino un "cambio de sistema"

Cuba

Las regiones más pobres de Cuba necesitan soluciones concretas y urgentes para lidiar con una inflación desbocada

Mientras habla, la ciudad de Guantánamo sigue su rutina de sobrevivencia. / 14ymedio
Dayamí Rojas

20 de agosto 2026 - 06:26

Guantánamo/A la sombra de un portal de la calle Pedro A. Pérez, en Guantánamo, la cifra 176 parece demasiado grande y, al mismo tiempo, demasiado pequeña. Grande para quien intenta recordar qué contienen exactamente las medidas económicas anunciadas por el Gobierno; pequeña frente a la lista de problemas que acumula esta ciudad oriental, donde un cartón de huevos, un litro de aceite o cualquier viaje en transporte privado hacia los pueblos del interior pueden costar más que una pensión mensual.

Las reformas incluyen desde una mayor apertura al sector privado y la inversión extranjera hasta cambios en el turismo, la agricultura, la banca y el comercio exterior. También contemplan descentralizar competencias hacia los municipios, permitir mipymes agrícolas, casas de cambio privadas y que una persona pueda ser propietaria de más de una empresa. Sin embargo, un mes después de aprobarse en la Asamblea Nacional el paquete, buena parte de las disposiciones continúa pendiente de concreción. 

En Guantánamo, una de las provincias más pobres del país, las grandes palabras económicas aterrizan mal. Aquí, donde muchas familias tienen un hijo en La Habana, un sobrino en Matanzas o un nieto que ya se marchó de Cuba, la pregunta no es tanto qué dicen las 176 medidas, sino cuándo se notarán en la mesa.

“Más de lo mismo”, sentencia un joven padre. No ve en las reformas una apertura capaz de mejorar la vida de su familia, sino un intento de los gobernantes por “atrincherarse en el poder”

“Más de lo mismo”, sentencia un joven padre. No ve en las reformas una apertura capaz de mejorar la vida de su familia, sino un intento de los gobernantes por “atrincherarse en el poder”. A su juicio, los principales beneficiados serán “los testaferros de los propios dirigentes, que se quedarán con el control de las actuales empresas estatales”.

Su sospecha coincide con uno de los temores expresados desde que se conoció el listado de normas: que una eventual transferencia de activos termine favoreciendo a personas con capital y conexiones políticas. Economistas consultados por este diario han advertido del peligro de una “piñata” o un capitalismo patrimonial en el que los mejores pedazos terminen en pocas manos. 

En Guantánamo no quieren 176 reformas, sino un "cambio de sistema"

El joven va más lejos. Para él, ninguna reforma económica bastará mientras no se produzca un cambio político: los actuales gobernantes deben “dejar el poder y abrir las puertas de la democracia para el pueblo cubano”.

Arturo, de 62 años, tampoco necesita estudiar los 23 “ejes” que recorren las medidas para llegar a su conclusión. “No son la solución”, afirma. “El pueblo no gana nada con esto, sino que se van a repartir todo entre los hijos y los amigos de los mismos que dictaron estas normas”.

“El pueblo no gana nada con esto, sino que se van a repartir todo entre los hijos y los amigos de los mismos que dictaron estas normas”. / 14ymedio

Mientras habla, la ciudad sigue su rutina de sobrevivencia. Los bicitaxis buscan pasajeros, alguien pregunta el precio antes de entrar a una cafetería y frente a los pequeños comercios privados se repite el ritual de mirar, calcular y marcharse sin comprar. El salario llega en pesos pero los precios son el reflejo de la tasa informal de la moneda nacional con el dólar.

“Desde que aprobaron las medidas, la inflación ha seguido creciendo, los precios se han disparado y no se ha notado ninguna mejoría para el pueblo”, insiste Arturo.

La percepción tiene un contexto tangible. La inflación oficial aumentó casi un 3% en julio, mientras las estimaciones para el mercado informal apuntaban a un incremento cercano al 10% en junio. Para una provincia con bajos ingresos y pocas oportunidades laborales, cada subida se siente con particular crudeza.

Ni siquiera todos los cuestionamientos llegan desde fuera de las estructuras oficiales. Voces de la prensa estatal han advertido de trabas internas, burocracia y de la dificultad de explicar reformas económicas en un país donde los apagones y los problemas de conectividad impiden incluso que muchos ciudadanos conozcan las medidas en detalle. 

En las calles guantanameras esa contundencia convive con preocupaciones mucho más inmediatas: conseguir comida, encontrar transporte, soportar los apagones

Manuel no se detiene en la banca privada, la inversión extranjera ni la descentralización municipal. Resume su opinión en una frase: “La solución es un cambio total de sistema”.

En las calles guantanameras esa contundencia convive con preocupaciones mucho más inmediatas: conseguir comida, encontrar transporte, soportar los apagones y reunir suficiente dinero para llegar al final del mes. El Gobierno presenta las 176 medidas como una agenda económica y social de emergencia y sostiene que la realidad del país obliga a realizar cambios urgentes.  

Pero por aquí las reformas todavía se parecen demasiado a un documento y demasiado poco a una mejoría. Entre las vidrieras con precios inalcanzables, los guantanameros esperan. No tanto la medida número 177, sino por alguna que finalmente pueda aliviar el bolsillo.

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