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Hornillas nuevas y políticas de Estado

Acceder a una de las anunciadas ayudas gubernamentales para la compra de estos equipos se vislumbra complicado

Olla y cazuela. (14ymedio)
Víctor Ariel González

24 de abril 2015 - 06:45

La Habana/No tuvo suerte. Como muchas, Estrella es de esas cubanas que se enfrenta a la difícil tarea de dar de comer a sus hijos hoy sin estar muy segura de qué cocinará mañana. Aun así, la suya es una familia que no clasifica como necesitada de asistencia social; por eso no recibirá ayuda alguna por parte del Estado para comprar las nuevas hornillas de inducción que saldrán a la venta "en pocos días".

Esta semana se anunció que pronto estaría todo listo para comenzar la venta de esos nuevos equipos de cocción junto a otros insumos –cacerola con tapa, sartén, jarro y cafetera–, a casi 80.000 núcleos familiares en toda Cuba que reciben ayuda gubernamental. Los medios oficiales aseguran que, para ello, "ya están creadas las condiciones en las tiendas de la red de programas especiales, pertenecientes al Ministerio del Comercio Interior".

Las condiciones incluyen 257 talleres "adecuadamente habilitados" para reparar los equipos, cuya garantía comercial es de tres meses. También se ha facilitado que los vendedores pasen "un curso de capacitación" para conectar las ollas y probarlas.

El plan ha sido concebido para disminuir el consumo energético en el sector residencial, ya que las cocinas de inducción resultan más eficientes que las de resistencia hasta en un 75%, según afirman las autoridades implicadas que, además, agregan que son equipos de fácil manejo, brindan confort y resultan más duraderos.

Detrás de esta decisión se encuentra nada menos que el Consejo de Ministros, cuya política ha sido responsable de otras "audacias" como la venta liberada de gas licuado en varios territorios "de manera experimental". También desde 2014, y gracias al "Programa de Cocción de Alimentos", existe la posibilidad de comprar equipos electrodomésticos a través de créditos bancarios. En efecto, el asunto de cocinar en Cuba es una cuestión de Estado.

Estrella fue una de las que compró su olla arrocera a través de créditos. De los 7800 que se han solicitado desde que comenzaran, se han aprobado 7355 y ejecutado 5828 –por un importe de 15 millones de pesos–, entre los cuales se encuentra el suyo.

En efecto, el asunto de cocinar en Cuba es una cuestión de Estado

Sin embargo, no todo fue fácil. En primer lugar, porque la trabajadora de una farmacia no recibe el salario suficiente como para que un banco confíe en que pagará a tiempo su olla arrocera. Como en el capitalismo, otorgar créditos a personas naturales en la Cuba socialista implica un análisis de riesgo donde pesa la capacidad personal de saldar la deuda.

En segundo lugar, porque no hubiera podido pagarlo si no hubiera tenido la ayuda de unos familiares. Pero Estrella necesitaba la olla, aunque debiera vender por fuera más medicinas que de costumbre.

El asunto de las subvenciones otorgadas por la Asistencia Social es delicado. La modalidad de pago respecto a los equipos que se venderán próximamente no ha sido del todo definida, salvo que la adquisición de las cocinas pudiese correr a cargo del Estado de forma total o parcial.

El Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) ha aclarado que el Consejo de la Administración Provincial es "el órgano colegiado que aprueba la venta de estas cocinas y decide qué modalidad de pago debe aplicarse" en cada caso. Para ello se trabajará en los estándares de la "evaluación socioeconómica".

Yusimí Campos, funcionaria del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), informó a los medios nacionales que, entre las familias no beneficiadas, se encuentran además aquellas "que cocinan sus alimentos con otros servicios como el gas manufacturado, el gas licuado a ciclo normal o (...) que convivan en zonas alejadas, distantes, y no tengan servicio eléctrico".

Estrella, que posee gas de la calle en su apartamento de Centro Habana, tendrá que esperar por el momento para adquirir la moderna cocina. Mientras tanto, deberá terminar de pagar al banco su refrigerador marca Haier. Lo último que quiere Estrella es otra deuda. Y respecto a la comida, "ya aparecerá algo", dice, a la vez que muestra una pequeña reserva de huevos y arroz que la tranquiliza, al menos por el momento.

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