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Llamas letales en Matanzas, inquietantes nubes de humo negro sobre La Habana

"Nunca pensé vivir algo así y me queda un sabor a irrealidad en la boca, como si no fuera la vida", dice una habanera

Una densa nube de humo proveniente del incendio en Matanzas se observa desde el viernes sobre La Habana. (14ymedio)
Juan Diego Rodríguez

08 de agosto 2022 - 20:49

La Habana/Esta mañana, cuando las cafeteras comenzaron a colar sobre los fogones y los habaneros abrieron las ventanas de sus casas, ya la nube negra flotaba sobre la ciudad. Rampante, densa, agria, como el anuncio de cosas peores. El instinto del cubano recomienda encerrarse hasta que pase el desastre, como si la humareda tuviera que respetar los mismos conjuros que un huracán.

"El tiempo está como de ciclón", se le oye decir a una anciana con acento guantanamero, casi india, "ahora las epidemias van a aumentar". Es una vieja creencia del guajiro cubano: la quietud en el aire, el nerviosismo de los animales y los niños, el silencio de los pájaros, el rastro de enfermedades, son signos de que un enorme cangrejo de nubarrones prietos y lluvia ácida está a punto de caer.

Sin embargo, la nube no es el presagio de una tormenta. En vano una habanera trajina su teléfono, consultando aplicaciones meteorológicas. "No sé qué pasa", asegura, "el aparato dice que el cielo está despejado".

En la televisión, una presentadora del tiempo admite, como si no estuviera autorizada para revelar esa información, que el humo de la explosión de la Base de Supertanqueros en Matanzas ya está bordeando el litoral norte de la Isla.

La nube avanza sobre la costa occidental de Cuba, sin apuro, alimentándose todavía del remoto combustible matancero. Algunos muchachos, curioseando en sus ventanas, apuntan al contorno siniestro que tapa el sol y recuerdan la última batalla de El señor de los anillos. Antes de que los hobbits destruyeran el anillo en el volcán de Mordor, y hubiera paz y bienestar, la nube negra de Sauron amenazaba con caer sobre todo el reino.

Durante el domingo, dos aguaceros llenaron la ciudad de charcos viscosos, con una peste a gasolina quemada que se impregnó en las paredes y adoquines de La Habana. En la noche, el resplandor rojo de otra explosión fue visible desde la costa.

"El hospital Faustino Pérez está totalmente colapsado. Han tenido que mover y reagrupar a los pacientes, para que quepa todo el mundo"

"Es como una película", dice a este diario otra habanera. "Nunca pensé vivir algo así y me queda un sabor a irrealidad en la boca, como si no fuera la vida". "Tenemos la salación arriba", concluye una octogenaria, a paso lento frente al hospital Ameijeiras y sin dejar de apretar su nasobuco sobre el rostro.

Los asmáticos y quienes padecen distintas alergias han sido especialmente afectados por la contaminación del aire. Muchos pacientes con problemas pulmonares han acudido a los hospitales con irritación en la garganta y ardor en los ojos, a lo cual se añade la angustia de no poder respirar bien.

Paradójicamente, la cercanía a la explosión ha sido en cierto modo beneficiosa para Matanzas: han podido evitar el impacto directo del humo, que va hacia lo alto. "Hemos tenido la suerte de que la ciudad sea como un gran anfiteatro", cuenta a 14ymedio un matancero. "La zona industrial está abajo, pero desde Varadero o Boca de Camarioca se ve lo más denso de la nube".

"Las autoridades no estaban preparadas para un desastre de esta envergadura", agrega. "El hospital Faustino Pérez está totalmente colapsado. Han tenido que mover y reagrupar a los pacientes, para que quepa todo el mundo". Muchos otros han sido remitidos a hospitales habaneros como el Calixto García y el Ameijeiras, y también se ha evaluado enviar a algunos a las salas de quemados de Santa Clara, que son más grandes.

La situación se vuelve aún más delicada si se considera que los establecimientos de Salud, sin insumos médicos, están saturados por los rebrotes de covid-19 y dengue hemorrágico en la provincia.

La otra cara del siniestro, la que no tiene nada que ver con el Gobierno sino con el sentido colectivo de supervivencia y la hermandad frente al desastre, hace que muchos choferes pongan sus carros a disposición de médicos y pacientes. Ha habido donaciones y mucha generosidad.

Sin embargo, nadie comprende cómo una zona industrial del calibre de la matancera cuente con sólo dos carros de bomberos, obsoletos y sin capacidad para enfrentar un suceso de este tipo.

Tristemente, también ha ocurrido robos en las casas de los evacuados, lo cual ha puesto a algunos matanceros en pie de guerra, y han tenido que enviar a algunos parientes a zonas de peligro para montar guardia ante sus pertenencias.

Lo más triste, afirma el hombre, ha sido la desaparición de los 17 muchachos que, según se supone, pasaban el servicio militar en los bomberos. "Los mandaron a morir, ¿a quién se le ocurre sofocar un fuego tan gigantesco con mangueras de agua?"

A propósito de los bomberos fallecidos, en La Habana hay quien recuerda el desastre de la ferretería Isasi, en 1890, un incendio de causas nebulosas que le costó la vida a varios rescatistas de la Cuba colonial. Para recordar a los caídos se levantó un extraordinario monumento en el Cementerio de Colón, guardado por esculturas alegóricas a la Abnegación, el Dolor, el Heroísmo y el Martirio.

Los jóvenes que aparecen en una de las fotos de la explosión en Matanzas, apuntando chorros de agua contra los tanques, no tenían que morir así. Quienes los enviaron entendían el riesgo y la imposibilidad de que apagaran el fuego de ese modo. "Ahora los querrán convertir en héroes", como a los bomberos de Isasi, asegura un matancero, "pero no contarán nunca lo que pasó".

"Los mandaron a morir, ¿a quién se le ocurre sofocar un fuego tan gigantesco con mangueras de agua?"

Una madre se alegra de que, con todo lo que está sucediendo en Cuba, su hijo haya podido marcharse del país. "Aunque ver las cosas de lejos duela mucho", dice, "me tranquiliza saber que, por lo menos, él no está aquí para sufrir todo esto".

Sorprendidos por los grandes signos atmosféricos, algunos cubanos buscan explicaciones metafísicas a la explosión y hablan de "abandonos" y "castigos divinos". Otros coinciden en que se trata de negligencia y falta de visión estatal. A cada minuto, un presentador televisivo intenta dar una versión de los hechos y, minutos después, un funcionario lo desmiente o contradice.

Por las calles e incluso en el interior de las casas, los nasobucos han regresado como medida de protección respiratoria, por la contaminación que se apodera de las ciudades.

Se ha detenido el reloj, como si el occidente de la Isla atravesara un eclipse: la oscuridad lo cubre todo aunque un viento marino, fuerte, ha querido dispersar sin éxito la nube negra.

A medida que las imágenes de Matanzas se hacen más claras, muchos cubanos relacionan esa estructura en llamas, que se despedaza entre el calor y el fuego, con los últimos estertores del Gobierno, incapaz no solo de traer prosperidad al país, sino también de controlar los desastres que ha provocado.

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