La pluralidad será parte de una Cuba democrática, pero “la prioridad es acabar con la dictadura”
Exilio
José Daniel Ferrer carga en Madrid contra la complicidad europea con La Habana
Madrid/“España debe dejar de darle oxígeno a la dictadura cubana”. La frase, seca y frontal, resumió el mensaje que José Daniel Ferrer llevó este viernes a un encuentro de más de dos horas con decenas de cubanos exiliados en Madrid. El líder opositor no llegó a pedir gestos simbólicos ni declaraciones tibias, sino una decisión política concreta: suspender el Acuerdo de Diálogo Político y de Cooperación entre la Unión Europea y Cuba, un marco que, según denunció, ha servido más para sostener al régimen que para mejorar la vida de los cubanos.
En las cárceles cubanas, Ferrer vio candados y esposas con la inscripción “Made in Spain”. La imagen sirvió para señalar directamente a España como el país europeo más empeñado en mantener abierta la relación con La Habana. “Después de China, España se ha convertido en uno de los mayores exportadores a Cuba de productos utilizados en la represión”, afirmó ante un auditorio en el que se encontraban, entre otros, Iván Espinosa de los Monteros, ex portavoz de Vox en el Congreso de los Diputados, y Rocío Monasterio, política hispano-cubana y ex portavoz de este partido en el Parlamento de la Comunidad Autónoma de Madrid.
El opositor, excarcelado y enviado al exilio tras pasar más de doce años en prisiones del régimen, insistió en que el Gobierno español no puede presentarse como defensor de los derechos humanos mientras respalda una política de entendimiento con una dictadura. “España debe dejar de apoyar a un régimen antidemocrático que viola los derechos de todos sus ciudadanos”, sostuvo.
Durante su estancia en este país, Ferrer tiene previsto reunirse con políticos del Partido Popular y Vox. No cuenta, por ahora, con encuentros programados con figuras del Gobierno socialista, aunque aseguró que estaría dispuesto a conversar con ellas. Su propósito, dijo, sería repetirles lo mismo que ha llevado a otros países europeos: que Cuba no necesita más oxígeno diplomático, sino presión internacional. “Es un régimen que solo entiende el lenguaje de la presión”, afirmó.
Ferrer recordó también la actitud que, según él, mantuvieron durante años algunos funcionarios españoles destinados en La Habana. En tiempos del deshielo, evitaban reunirse con opositores, incluso cuando Barack Obama sí pudo hacerlo durante su visita a la Isla. La explicación, contó, era que al presidente de Estados Unidos se lo permitían porque era “el enemigo”, mientras que a España no. Ferrer les respondía con punzante humor criollo: “Entonces, de ellos siempre es mejor ser el enemigo; es la única forma de que te respeten”.
“Si la vomita, la recogen del suelo y se la vuelven a meter en la boca”
La parte más estremecedora del encuentro llegó cuando habló de la cárcel. El líder de la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu) describió humillaciones, castigos y torturas sufridas por él y por otros presos políticos. Durante una huelga de hambre, recordó, lo obligaron a tragarse una sopa podrida. Un guardia lo amenazó: “Si la vomita, la recogen del suelo y se la vuelven a meter en la boca”.
Entre los castigos mencionó el que los propios guardias conocen como “Shakira”: esposar al detenido de manos y pies durante horas, obligándolo a retorcerse por el dolor sobre el piso frío de una celda. Otro método, explicó, consiste en colgar al preso de la parte alta de una reja, esposado, para forzarlo a permanecer largo tiempo apoyado apenas sobre la punta de los pies.
Ferrer habló también de la Iglesia católica, institución con la que mantiene una relación marcada por la gratitud y el desencanto. Recordó momentos en que la jerarquía eclesiástica sirvió de mediadora para sacar de Cuba a opositores incómodos, convirtiendo la excarcelación en destierro. Pero distinguió esa actuación de la de muchos sacerdotes, religiosos y laicos que dentro de la Isla, dijo, “han defendido con valentía la dignidad de los cubanos”, incluso desde el púlpito, frente a los atropellos del poder.
“Los consejos de los esbirros no son consejos, son amenazas”, afirmó, antes de evocar la fábula de Samaniego 'El perro y el cocodrilo'
El opositor dedicó una parte central de su intervención a los presos políticos. Pidió al exilio no limitarse al apoyo económico a las familias, sino acompañarlas emocionalmente y dar visibilidad constante a cada caso. “Mientras más conocido es un prisionero de conciencia, más se cuidan de abusar de él”, dijo. Para Ferrer, la combinación más eficaz es que el preso se mantenga firme y que su familia también denuncie.
Advirtió, además, contra el silencio impuesto por el miedo. Muchas familias, explicó, evitan denunciar golpizas, amenazas o falta de atención médica con la esperanza de proteger al recluso. Pero esa estrategia, insistió, casi nunca funciona. “Los consejos de los esbirros no son consejos, son amenazas”, afirmó, antes de evocar la fábula de Samaniego El perro y el cocodrilo: no se debe aceptar como guía la voz de quien quiere devorarte.
Ferrer dedicó igualmente varios minutos a la responsabilidad del exilio. Salir de Cuba, dijo, no significa abandonar la lucha ni convertirse en espectador. Para demostrarlo, mostró en su teléfono un hilo de WhatsApp con una interminable lista de contactos con activistas, familiares de presos políticos, periodistas independientes y opositores que siguen dentro de la Isla. “Hay que hablar todos los días con los que están allá”, insistió.
Cuando un activista sabe que alguien lo llama, lo escucha y difunde su caso, se siente menos solo frente a la maquinaria represiva. El aislamiento, recordó, es una de las armas más eficaces del régimen.
“Hay que hablar todos los días con los que están allá”
También se refirió al surgimiento de nuevos partidos y plataformas políticas en el exilio. Lo consideró positivo, pero lanzó una advertencia: no se puede convertir la lucha contra la dictadura en una campaña electoral anticipada. “La prioridad debe ser acabar con la dictadura”, dijo. La pluralidad será indispensable en una Cuba democrática, pero antes, subrayó, “hay que conquistar las libertades que hoy no existen”.
Ferrer pidió coordinación entre organizaciones, activistas, periodistas, Iglesias, familiares de presos y comunidades de emigrados. “La dictadura sí está cohesionada”, recordó. Su aparato, dijo, actúa unido para reprimir, vigilar, desacreditar, infiltrar y dividir.
Por eso llamó al exilio a no caer en rivalidades fabricadas desde La Habana. “Su principal estrategia siempre ha sido ponernos a unos contra otros”, alertó. La diferencia de criterios, añadió, no debe convertirse en enemistad ni en espectáculo público para beneficio del régimen.
Su llamado final fue menos un discurso que una advertencia. La libertad de Cuba, vino a decir, no llegará de la compasión internacional ni de los acuerdos con los represores. Llegará cuando se cierre el grifo de la legitimidad exterior, cuando los presos políticos no estén solos y cuando el exilio entienda que su fuerza no está en competir por el futuro, sino en empujar unido contra el presente.