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El linchamiento en redes, herencia del totalitarismo cubano

En estas décadas de dictadura comunista hay un tipo de víctima singular: los que son atacados desde la maquinaria del régimen y también desde las filas disidentes

En el caso del régimen, el objetivo para atacar la reputación de alguien es siempre el mismo: cuestionar la credibilidad del otro, en lugar de retarlo en el plano de las ideas. (EFE)
Pete García

14 de agosto 2023 - 20:57

Miami/El libro El otro paredón, escrito por varios cubanos prominentes, entre ellos el recién fallecido Carlos Alberto Montaner y el historiador Rafael Rojas, hace un análisis exhaustivo sobre los asesinatos de reputación en la Cuba castrista.

El texto se centra en ejemplos concretos, como el político Carlos Márquez Sterling, el empresario Amadeo Barletta y el propio Montaner, y desde estos particulares generaliza y describe a la perfección un fenómeno usado por los mecanismos de propaganda del aparato del régimen para destruir la reputación de quienes le adversan. Para el analista político e historiador Juan Antonio Blanco, otro de los autores, el libro describe "una forma organizada de terrorismo estatal orientado hacia la deliberada y completa destrucción de la credibilidad de una persona, grupo o institución."

Pero los fusilamientos del honor no son exclusivos del totalitarismo cubano, aunque sea este uno de los líderes en esta actividad. Es también una práctica relativamente común entre rivales políticos o de cualquier tipo, cuyo objetivo fundamental es siempre el mismo: cuestionar la credibilidad del otro, en lugar de retarlo en el plano de las ideas.

En estas décadas de dictadura comunista hay un tipo de víctima singular: esos que han sido atacados con esas mismas armas por partida doble, desde la maquinaria engrasada y robusta de la nomenclatura, y también desde las propias filas de la disidencia. El listado no es breve, y las épocas y circunstancias son distintas. Por razones de espacio me limitaré a algunos ejemplos relevantes.

Benes tuvo que viajar a la Isla en múltiples oportunidades y reunirse con Fidel Castro, el carcelero que tuvo las llaves de cada celda hasta el último minuto

Bernardo Benes fue un destacado abogado, banquero, periodista y líder cívico judío. Gracias a sus gestiones, junto a otro grupo de cubanos de buena voluntad, fueron liberados más de 3.600 presos políticos que pudieron reencontrarse con sus familiares en el exilio tras duros años de encierro, torturas y separación.

Para lograrlo, Benes tuvo que viajar a la Isla en múltiples oportunidades y reunirse con Fidel Castro, el carcelero que tuvo las llaves de cada celda hasta el último minuto de su vida. Tal acto –el de mediar con el tirano por una buena causa– fue considerado de alta traición por los sectores recalcitrantes del exilio, quienes respondieron acusándolo de agente y ubicando varias bombas convenientemente para ajusticiar al hereje.

Ricardo Bofill Pagés fue uno de los fundadores de la disidencia pacífica en Cuba, cuando muchos descartaron el uso de las armas por ser inviable. Bofill fundó, el 28 de enero de 1976, el Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH) junto a Adolfo Rivero Caro, Elizardo Sánchez Santacruz, Edmigio López Castillo y Enrique Hernández Méndez, con el apoyo de Marta Frayde.

En sus inicios, la vía pacífica en la defensa de los derechos humanos en Cuba fue también calificada como una especie de felonía, y muchos de sus miembros como agentes encubiertos y falsa oposición. Fue Carlos Alberto Montaner quien primero dio el apoyo a esa nueva forma de lucha.

Oswaldo Payá, uno de los líderes más importantes de la oposición política al régimen cubano, difería de la línea central de una buena parte de la disidencia. Estaba en contra del embargo al considerarlo contraproducente en el camino hacia la democracia en Cuba y fue duramente criticado en Miami por asumir esta postura y "usar las mismas reglas de la dictadura" en su recogida de las firmas necesarias para intentar cambiar la Constitución imperante en ese entonces.

Muchos cubanos dentro y fuera de la Isla anhelamos lo mejor para la patria y queremos una democracia

Antes de regresar a la esencia de lo que pretende este artículo analizar, vale la pena señalar que muchos cubanos dentro y fuera de la Isla anhelamos lo mejor para la patria y queremos una democracia con respeto a los derechos humanos y un lugar de prosperidad, habitable.

Grosso modo, un grupo cree que las sanciones es el camino –cualquier cosa en el sentido contrario tributa a la eternización del sistema–, y que todo el sector privado es orgánico al Estado por lo que contribuir con este es un error de plano. El otro grupo argumenta que los largos años de embargo y aislamiento no nos han acercado al lugar deseado y que vale la pena intentar otra vía. En términos concretos: hacer crecer, empoderar al sector privado incipiente hasta que se haga lo suficientemente grande y fuerte, y pueda articularse y retar al Estado reclamando cambios profundos en lo político y económico.

Soy de los que se ubica en el segundo grupo, pero me cuestiono permanentemente si estoy en lo correcto y son los del primer grupo quienes aciertan en la diana. En todo caso, quien tenga la razón, bienvenido sea. Nadie tiene la verdad absoluta, ni una bola de cristal.

Las líneas escritas por mí hasta ahora han sido con la intención de establecer el contexto en el que, de forma general, se circunscribe el conflicto en los diversos enfoques hacia una probable solución para Cuba. Algunos protagonistas de ese disenso dentro de la llamada línea tradicional de la oposición cubana, han sido atacados en lo personal y no en el plano de las ideas.

Un texto publicado recientemente afirma que el youtuber Guennady Rodríguez es un agente de influencia. El reportaje se ha reproducido en distintas plataformas por actores políticos que suscriben el mensaje.

Comenzó así, veloz y sin pausa, un linchamiento mediático sobre la figura de Rodríguez quien ha desmentido ser un agente de influencia. No puedo afirmar que el artículo, en un inicio, prefirió el camino más corto para discrepar de las posturas de Guennady, pero el resultado del trabajo, comprobable en redes sociales, ha sido una avalancha de ofensas y odio contra un individuo que hasta que no se pruebe en una corte, no es culpable de nada.

Si es cierto que Guennady es del grupo de los que escogen una vía distinta a otros sectores, eso no es probatorio de que sea agente de nada

No es propósito de estas cuartillas hacer un análisis del discurso sobre el escrito de marras, pero voy a tomar algunos de los puntos que parecen ser el centro de su hipótesis a probar.

El texto ubica al youtuber en el centro de un diagrama de trazos sencillos donde lo enlaza por un punto a su programa y plataforma, 23yFlagler, y por otro, con paradas intermedias, lo finaliza y vincula con Gaesa y Luis Alberto Rodríguez López-Calleja. Con un poco de imaginación y más espacio, trazando una línea un poco más prolongada desde 23yFlagler, podrían vincular a quien escribe estas líneas, por ejemplo, pues fui colaborador del sitio en su sección de sátiras; y dado los probados lazos con mi progenitor, con este, y con la incipiente resistencia tras el triunfo de Fidel Castro, causa por la cual mi padre fue a parar a la cárcel en los años 60.

Nadie es culpable por asociación, ni por reunirse con este o con el otro. Y si es cierto que Guennady es del grupo de los que escogen una vía distinta a otros sectores, eso no es probatorio de que sea agente de nada. Vamos, que Trump se reúne con Putin y lo halaga o se escribe cartas y dialoga con el líder norcoreano, y nadie entre los sectores más radicales parece molestarse.

Por otra parte, es una culpabilidad que parece heredarse desde una entidad del diagrama hacia la otra. Una de ellas, el Cuba Study Group (CSG), es señalado frecuentemente como impulsor del acercamiento entre Estados Unidos y Cuba, del levantamiento del embargo y de promover y apoyar al sector empresarial privado en la Isla, ergo el CSG es un "agente de influencia" que responde a los intereses de la dictadura.

Pero, ¿quiere el Gobierno cubano el acercamiento? ¿Le interesa ver crecer el sector privado?

Sin embargo, parece ser el mismo régimen comunista el que no está interesado en ningún acercamiento, ni levantamiento del embargo ni en el avance y prosperidad del ingente sector privado.

En momentos en los que parece necesitar ese acercamiento, Raúl Castro y sus subordinados apoyan la invasión rusa a Ucrania

En momentos en los que parece necesitar ese acercamiento, Raúl Castro y sus subordinados apoyan la invasión rusa a Ucrania, estrechan relaciones con Putin y anuncian la colaboración militar conjunta, así como instalan bases militares chinas y no esconden su cooperación bélica con la nación asiática.

La cúpula criolla no ha dado nunca ninguna señal clara de querer un entendimiento con su vecino del Norte. De haber sido el caso, hubiese dado al menos pasos mínimos en materia de derechos humanos y políticos, en lugar de aumentar la represión, y hubiesen evitado alianzas peligrosas y provocaciones como las mencionadas antes. Así ha sido siempre la historia, dos ejemplos son los presidentes estadounidenses Jimmy Carter y Bill Clinton, cuyas administraciones "amenazaron" con un acercamiento y Castro respondió enviando tropas a Angola y derribando las avionetas de Hermanos al Rescate, respectivamente.

La evidencia indica, también, que Díaz-Canel y sus ordenadores del ordenamiento son los menos interesados en el crecimiento del sector privado. Lo aceptaron a regañadientes y lejos de empoderar, hacen cualquier cosa para sabotear su avance. Desde las leyes draconianas, el no permitir la inversión norteamericana directa, hasta el último de sus atentados al respecto: la bancarización.

En este sentido, y bajo esta lógica, parecen el CSG y Guennady más enemigos que amigos del Gobierno cubano.

Por último, lo que he visto de Guenna Rod, como se conoce en redes, especialmente luego del 11J, es el apoyo irrestricto a los activistas de la Isla, la defensa por los derechos humanos en Cuba y la búsqueda de una solución democrática al conflicto cubano. En lo que difiere con las demás plataformas es en la estrategia.

Ha sido en su sus redes, como pocas, donde han confluido individuos de distintos puntos de vista en el espectro político y se le ha dado voz a esa pluralidad que vamos a necesitar en democracia como en el camino que tenemos que recorrer para llegar a ella.

"La soledad moral", decía Erich Fromm, "es más terrible que la soledad física". Por eso es tan doloroso cuando suceden estos fusilamientos expeditos del honor, especialmente hoy en las redes sociales donde todo se multiplica y crece exponencialmente en forma de odio. Una cosa es cuestionar las ideas y otra bien distinta, terrible, cuestionar las motivaciones y la integridad de esa persona.

Son otras las circunstancias, otros los ejecutados, otras las armas y otros los que jalan el gatillo, y aún el que está siendo fusilado en su carácter, en su credibilidad y su honor, siente que es el mismo paredón.

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