Muere en Miami la actriz cubana Zelma Morales, rostro inolvidable de la televisión nacional
Obituario
La intérprete de ‘Hoy es siempre todavía’ y ‘Tierra Brava’ rehízo su vida en el exilio desde 2018
La Habana/La actriz cubana Zelma Morales murió este domingo 12 de abril en Miami, la ciudad donde había rehecho su vida en los últimos años, lejos de los estudios de televisión y de los escenarios que la convirtieron en uno de los rostros más familiares del dramatizado nacional. Su fallecimiento fue dado a conocer por colegas y amigos, entre ellos el actor Alberto Pujol, y provocó una inmediata ola de mensajes de pesar entre artistas y espectadores que la identificaban con una época de gran popularidad de las telenovelas cubanas.
Morales había nacido en Caibarién, en Villa Clara, y llegó a la actuación tras pasar las pruebas de aptitud de la Escuela Nacional de Arte, una decisión que, según contó ella misma en varias ocasiones, tomó casi por impulso, “por embullo”, sin imaginar que aquel examen marcaría su vida. Una vez graduada, comenzó su carrera profesional en el teatro, donde trabajó durante años antes de pasar a la televisión, medio en el que terminaría construyendo su imagen pública y su mayor reconocimiento.
Su debut en la pequeña pantalla ocurrió en 1984 con la serie La frontera del deber. Aquel primer paso la condujo después a Finlay, producción histórica con la que amplió su presencia en la televisión cubana y confirmó que tenía el tipo de registro que pedían los dramatizados de entonces: presencia serena, dicción limpia y una manera de actuar sin estridencias, apoyada más en la contención. Su fuerza estaba en la naturalidad.
Zelma Morales fue, para buena parte del público cubano, una actriz cercana, elegante y reconocible
Pero fue con Hoy es siempre todavía que su popularidad se disparó. Allí interpretó a la maestra Isabel y compartió escena con Francisco Gattorno. Años después recordaría el fenómeno que provocó aquel personaje con una mezcla de asombro y humor, llegando a recibir numerosas cartas de amor de los televidentes. Zelma Morales fue, para buena parte del público cubano, una actriz cercana, elegante y reconocible, capaz de despertar simpatía sin necesidad de trascendentalismos.
Su carrera quedó asociada después a varias de las telenovelas más recordadas de las últimas décadas, entre ellas Si me pudieras querer, Polvo en el viento, Destino prohibido, Santa María del Porvenir y En tiempos de amar, que sería una de sus últimas apariciones en la pantalla cubana.
Sin embargo, el papel que terminó fijándola en la memoria colectiva fue el de Tierra Brava, emitida en 1997, donde asumió el reto de interpretar a las gemelas Regina y Reina. Para construir ambas figuras contó incluso con el apoyo de su hermana gemela. Para diferenciar mejor a uno de los personajes –una monja sin maquillaje– recurría a recursos mínimos, casi artesanales, como morderse los labios antes de entrar a cámara.
En redes sociales expresó en distintas ocasiones su rechazo a la represión en la Isla y su apoyo a los derechos humanos
En ella había también una marca de linaje artístico. Su hijo, el actor Fabián Brando, la describió años atrás como su “protectora” y su “escudo”, en una evocación íntima que permite asomarse a una Zelma menos pública: la madre, la figura de sostén, la mujer que siguió siendo referencia incluso después de apartarse del foco.
En 2018 Morales emigró a Estados Unidos para reunirse con su hijo y se estableció en Miami. Desde allí fue alejándose del medio artístico cubano, aunque no del todo de la conversación pública. En redes sociales expresó en distintas ocasiones su rechazo a la represión en la Isla y su apoyo a los derechos humanos, una postura que la colocó, ya fuera de Cuba, en sintonía con otros artistas que decidieron hablar con mayor claridad sobre la realidad política del país. Su exilio no fue ruidoso, pero sí visible.
La noticia de su muerte desató este domingo una cadena de despedidas. El popular actor Alberto Pujol la recordó como una mujer generosa, alguien que lo sostuvo en un momento difícil de su vida. Desde el espacio La casa de Maka, donde había sido entrevistada, la evocaron como “una luz tranquila, con una elegancia natural y con una verdad que se sentía”.