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Nicaragua, el nuevo trampolín de los cubanos para llegar a Estados Unidos

Desde enero, la Isla está incluida en la categoría migratoria B que permite obtener un visado de turismo consular sin esperar la aprobación de la Dirección General de Migración en Managua

En los bajos del hotel Habana Libre, en El Vedado, decenas de personas se congregan cada día para intentar comprar un boleto hacia Managua. (14ymedio)
Luz Escobar, José A. Silva, Mario J. Pentón

24 de marzo 2019 - 12:16

La Habana/Managua/Miami/"No hay pasaje hasta el mes de mayo", dice un empleado de la aerolínea Avianca a quienes se congregan en la cola. En la oficina, ubicada en los bajos del hotel Habana Libre en El Vedado, se venden pasajes a Nicaragua y desde finales de enero hay una larga fila en la entrada.

Cuando se enteraron de la flexibilización de las condiciones para obtener una visa al país centroamericano, decenas de cubanos comenzaron a reunirse en un pasillo del céntrico edificio habanero a la espera de su turno. Otros no desperdician la ocasión para hacer su propio negocio. "Si quieres llegar y entrar tienes que pagar entre 20 o 50 CUC", dice un hombre a una joven que ha llegado sin saber que lo mejor es acudir la noche anterior y apuntarse en una lista.

Desde el pasado mes de enero, Cuba está incluida en la categoría migratoria B que permite obtener un visado de turismo consular sin esperar la aprobación de la Dirección General de Migración en Managua, según confirmó la propia institución a este diario.

"Con este cambio, el visado que antes tenía que aprobarse en la Dirección General de Migración en Managua -porque Cuba estaba en la categoría C-, hoy puede ser aprobado por el cónsul en La Habana. Es un proceso mucho más ágil y simplificado", dijo un funcionario de Migración Nicaragua que pidió el anonimato. Los cubanos solo necesitan un pasaporte válido, llenar los formularios, mostrar su interés en hacer compras y pagar el servicio consular.

Otros requisitos que imponen países de la región como mostrar unos antecedentes penales limpios o demostrar que se tiene una cuenta bancaria de más de 500 dólares no son necesarios en el caso nicaragüense.

"El Gobierno está desesperado por ingresar divisas ante la caída del turismo. Además, otros países de la región han relajado sus condiciones de visado para los ciudadanos cubanos y un mayor número de turistas ayudará a la economía local", explicó la misma fuente.

Los cubanos son compradores compulsivos de todo tipo de productos que faltan en la Isla. Las llamadas "mulas" adquieren en otros países de la zona desde ropa y calzado hasta electrodomésticos o piezas de vehículos para venderlas posteriormente en el mercado negro. En tiempos de un mayor desabastecimiento de las tiendas estatales, ese flujo de mercancía se vuelve vital.

Aún es pronto para tener datos sobre cuántos viajarán con ese fin a Nicaragua, como desea el Gobierno de Daniel Ortega, pero ya hay quienes empiezan a utilizar el país como un trampolín para llegar a la frontera sur de Estados Unidos, donde piden asilo político alegando persecución en la Isla.

Las cifras oficiales muestran una caída en el número de cubanos que visitó el país centroamericano desde 2016. En 2015, durante la crisis migratoria, el Gobierno nicaragüense frenó el paso a los isleños que se dirigían a Estados Unidos al cerrar su frontera con Costa Rica. Ese año viajaron en vuelos directo a Managua 3.921 cubanos, una cifra que descendió hasta los 1.528 tras la derogación de la política estadounidense de pies secos-pies mojados en 2017.

De La Habana a Managua

El Chino, como le dicen sus amigos y vecinos, tiene 28 años y ha recibido la visa para viajar a Nicaragua. "Fui de los primeros que tuvo la cita después de que flexibilizaron los requisitos", explica.

El trámite del visado no le fue difícil, confiesa "Un amigo me dio el email del consulado de Nicaragua. Escribí diciendo que quería viajar de compras y me respondieron enviándome unos formularios", cuenta El Chino. Poco después le programaron una cita consular, se presentó con su pasaporte y pagó 30 CUC por la tramitación del visado en el Banco Financiero Internacional. "Había cola porque mucha gente está en lo mismo, pero cuando hice el trámite a principios de febrero no se había creado la locura que hay ahora", agrega.

La ayuda de sus familiares en EE UU le ha simplificado algunos trámites. Su hermano le compró, desde Miami, el boleto en Avianca tras lograr un permiso de tránsito a través de Colombia y su primo le ha reservado un lugar donde quedarse en Managua. "Es un alojamiento pequeño, por dos noches, para que cuando llegue pueda orientarme bien y hacer contactos para que me lleven rumbo al Norte". Es la primera vez que sale de Cuba y de Nicaragua solo sabe que "hay muchos volcanes".

En cuanto aterrice comenzará a llamar a algunos contactos que le han dado varios amigos cubanos que hicieron la misma ruta con anterioridad. Cerrará un acuerdo, pagará una parte por adelantado y otra cuando lo lleven hasta la frontera estadounidense y quedará en manos de coyotes y redes de tráfico de personas que se nutren con la migración que pasa por Centroamérica.

El padre de El Chino le ha dado algunos consejos porque en los años 80 estuvo en el país centroamericano como colaborador militar. "No te vas a notar como extranjero hasta que no abras la boca, porque te pareces a los nicas", opina el padre. "Evita cualquier lugar donde veas que están protestando contra Ortega, porque entonces sí vas a estar en un lío". Una mochila, botas para la selva y un móvil con un chip que funciona en Centroamérica son el principal equipo del migrante.

A pesar de las advertencias y los relatos sobre asaltos, violaciones y asesinatos en la ruta hacia EE UU, El Chino se muestra decidido a emprender el viaje.

Poco quedará, en su caso, en las arcas de Nicaragua. "No me voy a comprar ni un chicle, porque quiero ahorrar todo el dinero que llevo para las eventualidades que me encuentre en el camino", dice tajante.

En la Patria de Sandino

Jorge y Moraima están en una gasolinera cercana al aeropuerto internacional de Managua, en la Carretera Norte. Afirman ser una pareja proveniente de la provincia de Matanzas y tienen entre 30 y 40, años pero no quieren decir sus nombres reales ni su destino final.

Salieron de La Habana a Managua en un vuelo de la aerolínea Conviasa a mediados de marzo y explican sentirse felices de haber dado el salto, aunque su rostro refleja, más que nada, desconfianza.

"Estamos aquí conociendo Nicaragua. Siempre quise venir y ahora que estamos aquí estamos felices de conocer al fin la tierra de Sandino, la cuna de Rubén Darío y las montañas de Carlos Fonseca", dice él con un tono molesto.

Ambos son profesionales graduados. Ella bióloga y él educador físico y profesor de matemáticas, física y lógica. Por supuesto, no van al Imperio. Vienen a pasear y regresan a Cuba con unos libros, ropa y otras compras. "No son muchas cosas, la idea es disfrutar de esta tierra maravillosa", dice Jorge. Y Moraima mira a cada lado, escondiendo sus manos, tras haber rechazado cámara y micrófono.

También utilizan nombres ficticios Marcos y Carlos, que rondan los 40, y llegaron desde La Habana la pasada semana con la intención de entrar en EE UU. "Hemos invertido mucho dinero en este viaje, pero vamos a tratar de hacer las cosas correctamente. Si hay que pedir visa para salir a Honduras, Guatemala y México, vamos a hacerlo, no queremos ir en ninguna caravana y tampoco por lugares prohibidos. Si llegamos, será de manera correcta", afirma Carlos con convicción.

Aunque la meta es Estados Unidos, trabajar fuerte y enviar dinero a la familia, no descartan buscarse la vida en Panamá o Costa Rica si no consiguen su objetivo. Lo que no contemplan es quedarse en Nicaragua. "Regresar aquí con Daniel [Ortega] sería como regresar a Cuba con Fidel…", dice.

Aunque poco saben del país al que acaban de llegar, sí tienen una cosa clara: "No viajamos solos. En esos vuelos vienen de la Seguridad del Estado y uno no sabe quién se sienta a tu lado", dice Marcos. Carlos refuerza: "Una cosa que nos recomiendan al viajar es no abrir la boca, no criticar, no decir dónde vas. Y si un periodista te pregunta algo, di que todo maravilloso acá y allá", dice riendo.

Al aterrizar se les pidió la visa consular estampada en los pasaportes y 10 dólares de ingreso. Listos y bienvenidos a Nicaragua, les dijeron.

Ahora se hospedan en Managua, en un hostal de 12 dólares la noche, desde donde harán gestiones para viajar por tierra hasta México.

Vienen entre 80 y 90 pasajeros en el vuelo 7701 de Conviasa, directo desde La Habana en tres frecuencias semanales: lunes, miércoles y viernes entre las 6:50 y 7:15 pm. Mientras que en otros vuelos, como Copa y Avianca, llegan en promedio entre 30 y 40 pasajeros cubanos al día. Los migrantes de la Isla suman aproximadamente entre 450 y 520 por semana. Los vuelos de regreso salen más vacíos: 30 como máximo, en ocasiones 20 y hasta 10 en un caso, según una fuente de Migración y Extranjería del Ministerio de Gobernación, que prefirió el anonimato.

A las puertas de Estados Unidos

Reinier y su novia, Yedsika, llevan dos semanas en un albergue gubernamental de la ciudad de Acuña, en el estado de Coahuila, al norte de México. Él tiene 34 años y ella 29 y, como todos los migrantes que han transitado por Centroamérica, dicen que si escribieran lo que han pasado llenarían "un libro". Esperan en una fila que se les hace interminable, la de las solicitudes, organizadas por oficiales mexicanos, para pedir el asilo político a las autoridades estadounidenses.

"La primera semana comíamos con lo que nos enviaba mi prima, que vive en Houston, pero hemos tenido que salir a buscar trabajo porque el dinero se nos acabó", lamenta Reinier, quien llegó a Nicaragua desde La Habana hace más de un mes.

"Mi prima consiguió el contacto de un coyote, que nos escribió a través de Messenger cuando todavía estábamos en Cuba. Él nos guió todo el camino hasta entregarnos en Tapachula", afirma. El trayecto les costó 1.500 dólares por cada uno.

Después de cruzar la frontera nicaragüense con Honduras tuvieron que esperar casi una semana por el salvoconducto que entrega ese país. Entre enero y febrero de este año, Migración Honduras había detenido a 1.372 migrantes cubanos que intentaron atravesar el país de forma ilegal, sin este documento. En Tapachula demoraron otra semana para obtener una autorización similar que les permite una estadía legal en México.

"Aquí hay gente que lleva hasta dos meses esperando por los turnos para pedir asilo político. Los americanos están llamando un caso al día. Es muy lento y aquí hay varios cientos de cubanos esperando", se queja el migrante. Reinier y su novia no estaban implicados en política, ni siquiera leían la prensa independiente, pero dicen que merecen el asilo porque huyen de "la tiranía castrista".

"En Cuba no hay quien viva. Aquello cada día está peor. Lo único que queda es lanzarse a la selva y tratar de vivir en libertad", dice por teléfono desde Acuña. El turno para pedir asilo en la frontera lo tienen fijado para el mes que viene. Mientras tanto viven con la esperanza de no ser repatriados a ese país del que les ha costado tanto huir.

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