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La PNR detiene a la profesora Alina López durante 9 horas para impedir su protesta mensual en Matanzas

Represión

Mientras tanto, en La Habana, fue arrestada la activista Lara Crofs

“No la dejaron llegar al parque y hasta mandaron a pintar los escalones por si llegaba, no pudiera subir”. / 14ymedio
Pablo Padilla Cruz

19 de abril 2026 - 06:54

Matanzas/Está claro que el régimen cubano no piensa permitirle a la doctora Alina Bárbara López Hernández ejercer su derecho a la protesta, aunque ella lo intente el día 18 de cada mes. Este sábado, las autoridades matanceras incluso tuvieron una iniciativa para evitar que, si llegaba al sitio, pudiera acercarse lo suficiente al conjunto escultórico dedicado a José Martí en el Parque de La Libertad, en Matanzas.

“No la dejaron llegar al parque y hasta mandaron a pintar los escalones por si llegaba, no pudiera subir”, cuenta a este diario un matancero que presenció el movimiento de las autoridades en la zona. Las imágenes enviadas por el testigo muestran a varios trabajadores retocando con pintura blanca los peldaños del monumento, en una escena que, más que mantenimiento urbano, parece una operación preventiva contra una ciudadana vigilada por atreverse a ejercer su derecho a disentir.

Pero López Hernández ni siquiera pudo llegar a su destino. Desde bien temprano en la mañana volvió a ser detenida por la Seguridad del Estado, en otra jornada de hostigamiento. La historiadora y ensayista permaneció retenida durante más de nueve horas en una unidad de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), según relató más tarde en sus redes sociales.

“Lo peor del día de hoy no fue estar detenida desde las 8 de la mañana hasta las 5 y 30 de la tarde”, escribió después de ser liberada. “Lo más desagradable fue que el salón de reuniones de la PNR de la Playa, donde casi siempre me toca esperar ese largo tiempo, está lleno de fotos de Díaz-Canel”, añadió.

En Cuba, quien protesta pacíficamente sabe de antemano que puede terminar secuestrado por varias horas sin orden judicial, sin cargos claros y sin garantías mínimas

Cada mes, el poder cubano activa un dispositivo desproporcionado para frenar una acción pacífica y previsible. A veces son interceptaciones en la vía, otras veces amenazas, citaciones o encierros temporales. La escena de pintar los escalones del conjunto escultórico retrata bien el desgaste de un sistema que necesita anticiparse a gestos mínimos para no perder el control del espacio público. En Matanzas, unas brochas, unos cubos de pintura y varios operarios bastaron para completar el decorado de una prohibición no escrita pero perfectamente entendida por todos.

López Hernández añadió que una de las oficiales que la custodió estaba acompañada por su hija de diez años, aparentemente porque no tenía con quién dejarla. Por la presencia de la niña, explicó, evitó durante horas las protestas a viva voz que acostumbra realizar en esos encierros. Llevaba agua, galletas y una novela. Iba preparada para la detención. Esa previsión dice mucho sobre el país real. En Cuba, quien protesta pacíficamente sabe de antemano que puede terminar secuestrado por varias horas sin orden judicial, sin cargos claros y sin garantías mínimas.

Según su relato, pasó buena parte de la jornada leyendo una novela del poeta y narrador matancero Carlos Zamora Rodríguez mientras esperaba la ya habitual “puesta en escena” represiva. Cuando advirtió que nadie parecía dispuesto a comparecer para formalizar el castigo, avisó que gritaría tan fuerte que su voz se escucharía en la terminal de ómnibus. Fue entonces cuando la llevaron ante una instructora del Ministerio del Interior.

La oficial le dijo que en Cuba no existe un solo preso político y que los condenados por las protestas del 11 de julio de 2021 son delincuentes comunes. Más allá del choque verbal, lo central fue la justificación oficial de la detención: las autoridades aseguran que la activista viola la medida cautelar de reclusión domiciliaria que pesa sobre ella.

“Mientras más ‘conversadores’ están con los Estados Unidos, más necesario se les hace demostrar que tienen el control de la situación”

Esa medida, sin embargo, se ha convertido en otro instrumento de castigo extrajudicial. La propia opositora recordó que el juicio en su contra permanece engavetado desde hace casi un año en el tribunal municipal de Matanzas, en abierta violación del debido proceso. La estrategia, denunció, es dejar el caso en un limbo para eternizar una reclusión que no ha sido refrendada por una sentencia firme y mantenerla, junto a Jenny Pantoja Torres, bajo control permanente. 

López Hernández también vinculó su arresto con la necesidad del régimen de exhibir control en un momento delicado. “Mientras más ‘conversadores’ están con los Estados Unidos, más necesario se les hace demostrar que tienen el control de la situación”, escribió. 

La jornada del sábado incluyó además la detención en La Habana de Yamilka Lafita, conocida como Lara Crofs, otra de las voces más visibles del activismo en redes sociales. Antes de ser arrestada, la activista había denunciado vigilancia frente a su vivienda. Poco después, allegados confirmaron que había sido detenida. 

El mensaje del régimen sigue siendo el mismo: ninguna figura crítica, ya sea una intelectual con trayectoria académica o una activista con fuerte presencia digital, queda fuera del radar de la Seguridad del Estado. 

López Hernández lo resumió con una claridad que incomoda al oficialismo. Dijo saber que viola la medida de reclusión domiciliaria y adelantó que seguirá haciéndolo porque la considera ilegítima, parte de una farsa judicial que vulnera sus derechos civiles. Se negó, una vez más, a firmar el acta de advertencia. Y cerró con una promesa que también es un desafío: “Nos veremos el próximo 18”.

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