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Presentan en Madrid el documental 'Cuba’s Eternal Night' sobre las consecuencias del 11J

Documental

El sacerdote Alberto Reyes señala que “la gente quiere y espera” una intervención internacional. Muchos cubanos dicen que “prefieren un fin de espanto a un espanto sin fin” 

La proyección del documental estuvo seguida de un coloquio de más de dos horas con Reyes, una de las voces católicas más críticas dentro de Cuba. / 14ymedio
Dayana Prieto

23 de mayo 2026 - 09:34

Madrid/“Cuba no es ese paraíso feliz, caribeño, precioso de la propaganda”. La frase, dicha por el sacerdote cubano Alberto Reyes ante un auditorio repleto en Madrid, resumió este viernes la sensación de límite que atraviesa a buena parte de la sociedad cubana. Entre aplausos, risas y lágrimas, el público presente experimentó la constatación amarga de un país donde, según el propio religioso camagüeyano, “la vida es invivible” y “la miseria insuperable”.

El Palacio de la Prensa de Madrid acogió este 22 de mayo la presentación del documental Cuba’s Eternal Night, del cineasta, periodista y defensor de derechos humanos británico-estadounidense Jordan Allott, fundador de la productora In Altum Productions y asesor principal de la organización In Defense of Christians. La proyección del material –cuyo título se inspira en la célebre cita de Oswaldo Payá "La noche no será eterna"– estuvo seguida de un coloquio de más de dos horas con Reyes, una de las voces católicas más críticas dentro de Cuba.

El acto formó parte del proyecto La Cuarta Pared, organizado por It’s Time to Think, conocido como “la movida del pensamiento”. La sala, con capacidad para unas 200 personas, quedó completamente llena de cubanos, españoles y público de distintos países. Antes de comenzar, el sacerdote saludó personalmente a los asistentes a la entrada del salón, en un gesto que mezclaba cercanía pastoral y conciencia de comunidad.

Una de las historias más estremecedoras es la de Emilio, padre de tres hijos que participaron en las protestas de La Güinera

Cuba’s Eternal Night se adentra en las consecuencias del 11 de julio de 2021, cuando miles de cubanos salieron a las calles al grito de “libertad”. El documental sigue a varias familias marcadas por la represión, el exilio, la vigilancia y la cárcel. En un video enviado para la presentación, Allott explicó que conoció a Reyes en México y que, desde entonces, comprendió que su testimonio debía formar parte de la película.

Entre las historias recogidas aparece Ariadna, manifestante del 11J y madre de dos niñas. Tras las protestas, tuvo que abandonar la Isla luego de que las autoridades la amenazaran con encarcelarla o hacer daño a una de sus hijas si no salía del país. La cámara sigue su travesía hasta Estados Unidos, pero el relato no se detiene en la llegada, sino que insiste en lo que queda atrás, en las hijas, en la ruptura familiar y en esa forma de destierro que empieza antes de cruzar una frontera.

También está Camila Acosta, periodista de Cubanet y colaboradora del diario español ABC, detenida el 12 de julio de 2021 y aún sometida en Cuba a vigilancia y persecución de la Seguridad del Estado. Y aparece Raúl, hijo de un pastor evangélico, que participó junto a su padre en las manifestaciones y que es presentado como un joven que creyó, por unas horas, que Cuba podía llegar a ser libre.

“En Cuba decimos esta frase: si el imperialismo yanqui no hubiese existido, Fidel lo habría inventado”. / 14ymedio

Pero una de las historias más estremecedoras es la de Emilio, padre de tres hijos que participaron en las protestas de La Güinera –en la periferia de La Habana–, uno de los barrios más castigados tras el 11J. Su hija fue quien socorrió a Diubis Laurencio, baleado por la espalda por la Policía. Después vendría el castigo. Los tres hijos de Emilio fueron condenados a diez años de prisión.

Desde entonces, la vida de ese padre se ha convertido en una peregrinación entre cárceles, escasez y agotamiento. Debe conseguir alimentos en un país donde todo falta, preparar jabas, reunir dinero para el transporte y desplazarse de un extremo a otro para visitar a sus hijos. Una hija está recluida en una prisión de mujeres, uno de sus hijos está en un centro para menores y otro en una cárcel de hombres. La condena, en la práctica, no cayó solo sobre ellos. También cayó sobre el padre que envejece haciendo colas, viajando, cargando paquetes y tratando de sostener tres vidas encerradas injustamente.

La figura de Alberto Reyes ocupa un lugar central en el filme. Las imágenes lo muestran en su rutina pastoral en la provincia de Camagüey, en pueblos alejados y de difícil acceso, llevando medicamentos y ayuda humanitaria a comunidades necesitadas, pero también denunciando violaciones de derechos humanos. En Madrid, el sacerdote volvió a desmontar uno de los argumentos favoritos del régimen: la justificación permanente del desastre por “el bloqueo”.

“Algo en Jonathan Muir ya murió. Algo de su inocencia, de su infancia, ya murió y nadie ha podido hacer nada”

“Cuba ha explotado muy bien la técnica del enemigo externo”, afirmó. “En Cuba decimos esta frase: si el imperialismo yanqui no hubiese existido, Fidel lo habría inventado”. Para Reyes, el embargo –“bloqueo, embargo, como lo queramos llamar”– funciona como “el comodín fácil para justificar lo injustificable”.

El sacerdote sostuvo que Cuba comercia con numerosos países y que el propio Estados Unidos vende productos a la Isla, con la condición de que el Gobierno pague al contado. “El pollo que se consume en Cuba viene de Estados Unidos”, recordó. “Entonces, en realidad, el bloqueo es una justificación”.

La conversación derivó hacia la posibilidad de una intervención estadounidense. Reyes no maquilló lo que, según él, se escucha en la calle. “¿Qué dice el cubano de a pie? La quiere y la espera. Esa es la realidad de mi pueblo”. Para explicarlo, usó una imagen sencilla: si un niño de ocho años sufre acoso por parte de otro niño de la misma edad, puede enfrentarlo; pero si el agresor es un adolescente de 16 años, hace falta “un poder superior” para frenarlo.

“Preferimos un final espantoso a un espanto sin final”

“En Cuba no existe el Estado de derecho”, dijo. “La sociedad civil es extremadamente vulnerable”. Entonces mencionó el caso de Jonathan Muir, adolescente de 16 años que salió con su padre a pedir libertad. Está preso, tiene una condición de salud, lo acusan de sabotaje y le piden ocho años de cárcel. “Ya le dieron una paliza el otro día”, denunció Reyes. “Es un niño que yo creo que ya se rompió. Saldrá de la cárcel, superará esto, pero algo en Jonathan Muir ya murió. Algo de su inocencia, de su infancia, ya murió y nadie ha podido hacer nada”.

Esa frase dejó en silencio la sala. Porque Jonathan no es solo un caso judicial. Es, sobre todo, una advertencia. A los jóvenes, a los padres, a las iglesias, a cualquiera que crea que pedir libertad puede salir gratis.

Al terminar la noche, no hubo respuestas fáciles. El documental tampoco las ofrece. Cuba’s Eternal Night muestra una Isla donde la represión se hereda, la cárcel se extiende a la familia y el exilio empieza mucho antes del aeropuerto. Pero también deja ver algo que el poder no ha conseguido anular: la voz de quienes todavía se atreven a hablar.

Reyes salió del Palacio de la Prensa de Madrid con varias misas previstas para el fin de semana en la capital española. Muchos se acercaron a saludarlo. Otros permanecieron en sus asientos, con lágrimas o en silencio. En la mente de muchos se quedó esa frase que, según Reyes, se escucha por toda la Isla: “Preferimos un final espantoso a un espanto sin final”

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