El salario medio del personal de la Embajada cubana en EE UU está por debajo del umbral de pobreza

Cuba-EE UU

El Gobierno destina más del doble de dinero a los alquileres que a los sueldos, mientras paga 8.569 dólares mensuales por la residencia de la embajadora

Lianys Torres Rivera, jefa de la misión diplomática cubana en Washington, durante un acto celebrado en la Embajada.
Lianys Torres Rivera, jefa de la misión diplomática cubana en Washington, durante un acto celebrado en la Embajada. / Facebook / Lianys Torres Rivera
14ymedio

16 de octubre 2026 - 14:51

La Habana/Un empleado de limpieza que trabaja a jornada completa por el salario mínimo en Washington gana más de tres veces y media lo que cobra, como promedio, un funcionario de la Embajada cubana en esa ciudad. Mientras el primero percibe unos 3.111 dólares mensuales, la nómina de la sede diplomática arroja una media de apenas 833 dólares, una cantidad que está muy por debajo de la referencia federal de pobreza en Estados Unidos.

Las cifras proceden de documentos internos de la representación diplomática, obtenidos por El Toque a través de una filtración de correos electrónicos. Según la investigación publicada este viernes, en enero de 2025 la Embajada desembolsó 41.654 dólares en salarios para una plantilla que, de acuerdo con los archivos, contaba con 50 trabajadores, entre temporales y permanentes. De ahí resulta el promedio de 833 dólares mensuales, aunque no se conocen las remuneraciones individuales ni está claro si todos los empleados figuraban en aquella nómina.

Lo sorprendente es que la austeridad salarial contrasta con el dinero destinado a las viviendas de los altos cargos de la sede diplomática. Para 2025, la Embajada tenía presupuestados 468.025 dólares en sueldos, frente a 1.041.710 dólares para alquileres. Por cada dólar reservado para remunerar a sus trabajadores, el Gobierno cubano presupuestaba 2,23 para proporcionarles alojamiento. La residencia de la propia embajadora, Lianys Torres Rivera, costaba 8.569 dólares mensuales, más de diez veces el salario medio registrado en la sede diplomática.

El promedio registrado en la misión cubana equivale a poco más de una cuarta parte de lo que cobra un trabajador local a tiempo completo con la remuneración mínima

La cifra adquiere otra dimensión cuando se compara con los indicadores estadounidenses. En 2025, el Departamento de Salud y Servicios Humanos estableció en 15.650 dólares anuales la referencia federal de pobreza para una persona, equivalente a unos 1.304 dólares al mes. Si el promedio de la Embajada se mantuviera durante todo el año, apenas alcanzaría 9.996 dólares, es decir, 5.654 por debajo del límite.

Todavía más pronunciada es la diferencia con el salario mínimo de Washington. En enero de 2025 se encontraba en 17,50 dólares por hora, equivalentes a unos 3.033 dólares mensuales para una jornada de 40 horas semanales. Desde julio subió a 17,95 dólares, lo que representa aproximadamente 3.111 dólares al mes. En otras palabras, el promedio registrado en la misión cubana equivale a poco más de una cuarta parte de lo que cobra un trabajador local a tiempo completo con la remuneración mínima.

Pero el verdadero privilegio de los funcionarios cubanos destinados en Washington no parece estar en el dinero que reciben directamente, sino en los gastos que el Estado asume por ellos. El ejemplo más significativo es el de la embajadora Lianys Torres Rivera, que comparte residencia con su esposo, Carlos Amores, también diplomático. Según los archivos consultados por El Toque, la vivienda cuesta 8.569 dólares mensuales, unos 102.828 al año.

Como punto de comparación, el Estado costarricense sufragaba 7.000 dólares mensuales por la vivienda de su embajador en Washington en 2020

El documento correspondiente a junio de 2024 señala que el inmueble figura alquilado desde noviembre de 1976, hace casi medio siglo. No se sabe si el contrato se ha mantenido ininterrumpidamente ni cuánto ha variado su precio desde entonces. Otras residencias de altos funcionarios cubanos cuestan alrededor de 3.600 dólares mensuales, mientras que los apartamentos asignados al resto del personal oscilan entre 1.815 y 3.000 dólares.

Como punto de comparación, el Estado costarricense sufragaba 7.000 dólares mensuales por la vivienda de su embajador en Washington en 2020. El diplomático Fernando Llorca Castro dejó constancia en su informe oficial de gestión de que renunció voluntariamente a ese beneficio, lo que permitió ahorrar 84.000 dólares anuales a su Gobierno. 

El contraste también se extiende a la vida cotidiana. Mientras la residencia de la embajadora aparece vinculada a numerosos recibos de compras en supermercados, farmacias y ferreterías, los empleados de menor rango tenían que organizar sus visitas a establecimientos como Costco, Aldi y Walmart mediante excursiones colectivas en dos ómnibus de la sede diplomática. Una comunicación interna de septiembre de 2025 pedía planificar las salidas para evitar gastos elevados de combustible.

Un antiguo funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores entrevistado por 'El Toque' sostiene que esa estructura funciona también como mecanismo de control

Los beneficios de los diplomáticos tampoco terminan al regresar a Cuba. Los correos filtrados revelan el envío de al menos seis contenedores gestionados mediante franquicias diplomáticas, con mercancías que incluían motocicletas, refrigeradores, lavadoras, plantas eléctricas y sistemas de energía fotovoltaica. La relación presentada por la propia embajadora enumeraba más de un centenar de artículos. En enero de 2025, la Embajada registró además más de 11.300 dólares en pagos por exceso de equipaje transportado por vía marítima. 

Para los diplomáticos cubanos, esos envíos representan una ventaja que va mucho más allá del salario. La posibilidad de trasladar electrodomésticos, vehículos y equipos energéticos a un país donde adquirirlos resulta extraordinariamente difícil y costoso convierte la franquicia en un beneficio de considerable valor económico.

El sistema termina dibujando una relación singular entre el Estado y sus representantes en el extranjero: reciben sueldos que serían insuficientes para sostener una vida independiente en Washington, pero disfrutan de viviendas y otras prestaciones pagadas o facilitadas por el mismo Gobierno. Un antiguo funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores entrevistado por El Toque sostiene que esa estructura funciona también como mecanismo de control, porque perder el puesto puede significar perder simultáneamente la casa y los beneficios asociados a la misión.

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