La Unesco advierte de que las aulas cubanas están en riesgo por la crisis energética

Educación

Los datos oficiales muestran que el deterioro del sistema no se debe al embargo

La alerta de la Unesco no descubre un problema nuevo, sino que legitima desde una institución internacional lo que miles de familias cubanas viven desde hace años.
La alerta de la Unesco no descubre un problema nuevo, sino que legitima desde una institución internacional lo que miles de familias cubanas viven desde hace años. / 14ymedio
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29 de mayo 2026 - 15:49

La Habana/“La educación en Cuba está en riesgo debido a la actual crisis energética”. La frase, pronunciada por Anne Lemaistre, directora de la Oficina Regional de la Unesco en La Habana y representante de la organización en la Isla, describe el impacto de los apagones, la falta de combustible y el deterioro de los servicios básicos en las escuelas cubanas.

En un comunicado difundido en redes sociales, la diplomática advirtió de que la situación “dificulta que docentes y estudiantes asistan a clases, aprendan eficazmente y disfruten de una vida social normal con sus amigos”. El problema, añadió, “pone en peligro el futuro de toda una generación, con consecuencias a largo plazo”.

El diario oficialista Granma, sin embargo, reaccionó de inmediato con su reflejo habitual. En el titular, el órgano del Partido Comunista añadió a la cita de Lemaistre una coletilla que no formaba parte de sus palabras principales: “derivada del bloqueo”. El periódico convirtió así una alerta sobre el colapso cotidiano de las aulas en una pieza más de la narrativa oficial, según la cual toda crisis cubana tiene una causa externa y un único culpable: Washington.

Antes que las aulas, el Estado ha protegido el turismo, las inversiones hoteleras, los actos políticos, la propaganda y los mecanismos de control

La propia Unesco, en febrero, había pedido cooperación internacional para garantizar que los niños cubanos pudieran seguir aprendiendo y que las instituciones educativas se mantuvieran como espacios seguros. En aquel llamado, Lemaistre dijo que “cada día sin combustible compromete la alimentación escolar, el transporte de docentes y estudiantes y la electricidad necesaria para sostener los programas educativos”. También remató con una frase que debería incomodar al Gobierno cubano: “Para nosotros, que la sociedad funcione comienza por la escuela; es lo primero que debe recuperarse”.

Pero en Cuba la escuela no parece ser una prioridad para el Gobierno. Antes que las aulas, el Estado ha protegido el turismo, las inversiones hoteleras, los actos políticos, la propaganda y los mecanismos de control. En abril de 2025, en plena crisis económica, la Educación había pasado a ser una cuestión secundaria. Incluso se redujo en unos 400 millones de pesos la inversión dedicada al sector con respecto al año anterior. Salud y Educación juntas apenas alcanzaban el 3% del presupuesto estatal, frente al 37,4% destinado al turismo.

Ese dato desmonta cualquier intento de presentar la catástrofe escolar como un accidente inevitable. Un país que invierte mucho más en hoteles y en vigilancia y represión que en aulas ha tomado una decisión política. Puede culpar al embargo, a los huracanes o a la falta de combustible, pero sus prioridades quedan reflejadas en el presupuesto.

“Pasamos de grado a los niños sin proporcionarles el conocimiento suficiente”

Los síntomas del derrumbe se acumulan. Ya en marzo de 2025, la educación cubana se había vuelto “opcional” en varios centros, obligados a reducir horarios y a impartir clases solo en las mañanas o de lunes a jueves. Una madre de Placetas, en Villa Clara, contó que su hija de tercer grado apenas recibía clases y que la propia escuela había establecido la semana lectiva de lunes a jueves, lo que obligaba a la familia a buscar quién cuidara a la niña mientras los adultos trabajaban.

Los apagones tampoco afectan solo la iluminación de las aulas. En Cienfuegos, padres y maestros ya hablaban en 2024 de niños que llegan ojerosos, sin desayunar y después de noches de hasta diez o 16 horas sin electricidad. Una profesora admitía entonces que las escuelas han tenido que reajustar los programas de clase por los cortes de corriente y la baja asistencia. “Pasamos de grado a los niños sin proporcionarles el conocimiento suficiente”, lamentaba.

A la crisis energética se suma el éxodo de maestros, que ya hacía sonar alarmas desde antes de que arrancara el presente curso escolar. En Sancti Spíritus, una de las provincias más afectadas, la cobertura docente apenas llegaba al 68,2%. En Camagüey, con 716 centros y 98.000 estudiantes, faltaban 2.468 maestros y 19 escuelas fueron cerradas para “optimizar recursos”. La fórmula oficial para tapar el agujero ha sido contratar profesores por horas, fusionar centros y sobrecargar aulas.

La educación está en riesgo porque el Estado abandonó las escuelas mientras seguía inaugurando hoteles, organizando tribunas abiertas y acosando a los estudiantes que han protagonizado protestas

Las autoridades también admitieron que faltaban 1,3 millones de piezas de uniforme y que solo el 20% de la matrícula recibiría ropa nueva. En las aulas, los padres encontraban pocos materiales, cuadernos mal fotocopiados y libros viejos. Para las familias, la “creatividad” que pide el Gobierno significa remendar uniformes, improvisar mochilas y conseguir recursos por cuenta propia. Para los maestros, reciclar libretas, dictar apuntes y pagar fotocopias de su propio bolsillo.

La alerta de la Unesco no descubre un problema nuevo, sino que legitima desde una institución internacional lo que miles de familias cubanas viven desde hace años. La educación en Cuba está en riesgo, pero no solo por la crisis energética ni únicamente por el embargo. Está en riesgo porque el Estado abandonó las escuelas mientras seguía inaugurando hoteles, organizando tribunas abiertas y acosando a los estudiantes que han protagonizado protestas. 

En Cuba, el futuro de una generación no se está perdiendo por falta de discursos. Se está perdiendo porque el Gobierno decidió que la educación no es una prioridad.

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