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"Lo único que ha mejorado en La Habana con la pandemia es el transporte"

La limitación del movimiento de la población reduce transitoriamente un problema histórico en la capital

Algunos habaneros se sonríen al ver la abundancia de taxis libres que circulan por la capital en pandemia y bromean con su parecido con Nueva York. (14ymedio)
Luz Escobar

26 de febrero 2021 - 12:36

La Habana/La pandemia ha dejado una extraña estampa en La Habana. Las paradas de ómnibus, un auténtico caos en tiempos pre-covid, lucen desiertas durante la mayor parte del día. Cuando llegan las hora pico, de 7:00 a 9:00 en la mañana y de 4:00 a 6:00 en la tarde, el panorama es bien distinto, pero nunca llega a los niveles anteriores a 2020. En cada parada, un inspector tiene la labor de vigilar que no suban al ómnibus más de las personas permitidas para lograr, dentro de lo posible, mantener la distancia adecuada y evitar el contagio.

"Lo único que ha mejorado en esta ciudad después de un año de pandemia es el transporte. Yo trabajo en un banco y todos los días me muevo desde El Cerro hasta El Vedado. Antes me podía pasar más de una hora esperando una guagua o un taxi y ahora no estoy ni 15 minutos", cuenta Alicia Medina, de 51 años.

En efecto, en menos de 20 minutos durante la tarde de este miércoles la parada de la céntrica esquina de 27 y G quedó despejada. En ese tiempo pasaron tres metro buses, en dos ocasiones distintas llegaron las rutas que cubren tramos largos de la ciudad (P-11, P-16 y P-2, concretamente) y taxis, muchos taxis. Sobre todo los conocidos popularmente como gacelas.

"Yo prefiero tomar el taxi. Me voy cómoda y, total... en mi caso son solamente tres pesos más a pagar. El tramo que yo hago cuesta cinco y la guagua ahora vale dos pesos así que, por dios, con gusto los pago. Últimamente no estoy ni cinco minutos esperando en la parada, el flujo es constante. Esto parece New York, a la hora pico están todas las calles llenas de taxis amarillos, como en las películas", dice muerta de risa una joven que, según cuenta, sale todos los días a la calle porque trabaja en una cafetería privada de la calle 23, en El Vedado, que despacha comida italiana a domicilio.

La joven, en parte, lleva razón. Las gacelas, de la agencia Metrotaxi, protagonizan el paisaje urbano habanero en las avenidas más concurridas de la ciudad, sobre todo en los horarios picos.

"Los que sí no paran nunca son los de Cubataxi, esos que son negros y amarillos. Yo no sé cuál es el misterio pero ellos pero nunca paran", se pregunta. Aunque la razón para que esta línea ya no esté disponible para la mayoría es simple: su servicio ahora está limitado a los hospitales.

"Es la única línea que trabajamos ahora. Las tarifas que tenemos son para pacientes y las piqueras de hospitales, cobramos a 1,25 pesos el kilómetro", explica un empleado de la agencia Cubataxi a este diario.

Otra de las líneas de carros amarillos que circulan por la ciudad son los de la Agencia de Taxi, que antes cobraban en CUC y estaban principalmente dirigidos al turismo. Sus precios, muchos más caros, los han convertido en menos populares, pero son útiles a la hora de aliviar la demanda.

"Las tarifas siguen siendo las mismas, a razón de 25 pesos el cambio, con respecto a lo que costaba antes un recorrido en CUC", asegura un empleado a 14ymedio, aunque deja caer que pronto habrá novedades porque la empresa ha "orientado arreglar los taxímetros" a cada uno de los choferes de su agencia.

"A partir de la liquidación del contrato de este mes podremos acceder al servicio de arreglo y habilitación del taxímetro", afirma, aunque matiza que, por el momento, la empresa encargada de reparar los taxímetros dará servicio solamente en las piqueras de la Agencia de Taxis.

"A los taxistas que no cumplan con el cobro de las tarifas o adulteren los precios, ante la queja de un cliente se les aplicará una multa de 5.000 pesos si fuera la primera vez incurriendo en esta falta. Si el taxista reincide será expulsado definitivamente del puesto de trabajo", añade. Otra de las sanciones previstas es la multa de unos 2.000 pesos para quienes no enciendan el taxímetro.

"Eso va a durar lo que un merengue en la puerta de una escuela", aventura un taxista. "Vendrán los trucos y terminará por no cumplirse. Llevo 25 años trabajando en esto y el taxímetro nunca ha resuelto nada. La otra vez que intentaron hacer lo mismo no funcionó. Aquí lo que va a seguir es la oferta y la demanda, y el regateo con el cliente".

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